Las primeras noticias sobre el vegetarianismo de Hitler las encontramos de la mano de su amigo de juventud, Kubizek, en concreto en su libro "Adolf Hitler, Mi Amigo de Juventud". Las memorias de Kubizek son la única referencia que tenemos sobre la juventud de Hitler. Aunque también debemos tener reservas en cuanto a su absoluta veracidad, lo cierto es que son una fuente muy rica en cuanto a acontecimientos y situaciones de la juventud del Führer. Hitler, como amante de Wagner que era, abrazó el vegetarianismo al igual que el conocido músico. Pero aunque Kubizek indique que Hitler ya era vegetariano con 16 años, lo cierto es que cuando se inició la Primera Guerra Mundial, le tuvo que ser absolutamente imposible seguir esa dieta ya que no estaba en condiciones de exigir un rancho especial para él. Acabada la guerra Hitler se encontró con el mismo problema puesto que comía prácticamente siempre como invitado en muchos hogares en donde tampoco pudo exigir su dieta vegetariana. Sin embargo, sí existe un consenso en cuanto a que Hitler se hizo estricto vegetariano a la muerte de su sobrina Geli Raubal en 1931. A partir de entonces Hitler tuvo un cambio de actitud y no volvió a probar la carne. Además, por aquel entonces Hitler ya estaba en condiciones de tener sus propios cocineros. Dejemos al propio Führer que hable al respecto:
"En la época que comía carne yo sudaba mucho. Bebía cuatro vasos de cerveza y seis botellas de agua en el transcurso de una reunión ¡y conseguía perder nueve libras! Cuando me hice vegetariano, un sorbo de agua de cuando en cuando me es suficiente. El consumo de carne disminuye en el instante en que el mercado presenta más variedad de verduras y a medida que cada uno puede ofrecerse el lujo de los productos tempranos. Supongo que el hombre se ha vuelto carnívoro porque en la época glaciar le obligaron a ello las circunstancias. Le incitaron también a hacer cocer los alimentos, costumbre que tiene hoy, como se sabe consecuencias perniciosas... He vivido maravillosamente en Italia. No conozco país que más exalte. La cocina de Roma, ¡qué delicia!"
"Si propongo a un niño que escoja entre una pera y un trozo de carne se precipita sobre la pera. Habla su atavismo".
De la mano de dos de sus secretarias tenemos también abundantes anécdotas sobre su vegetarianismo. Traudl Junge nos dice:
"El Führer intentaba durante la comida que nadie disfrutara de la carne. NO quería convertir a nadie al vegetarianismo, pero de repente se ponía a contar qué horribles son los mataderos: "Cuando el cuartel general estuvo estacionado en Ucrania, mi gente tuvo que inspeccionar el matadero más grande y moderno de allí. Era una fábrica completamente mecanizada, del cerdo a la salchicha, incluido el tratamiento de los huesos y los pellejos. Todo estaba limpio, y unas chicas muy guapas con botas de goma estaban metidas hasta las pantorrillas en sangre fresca. Sin embargo, muchos se sintieron mal y salieron sin haberlo visto todo. Eso no me puede pasar a mí. Yo puedo contemplar sin problemas cómo sacan de la tierra las zanahorias y las patatas, cómo se recogen los huevos en el establo y se ordeñan las vacas." La mayor parte de los comensales ya estaban tan acostumbrados a estas conversaciones que nadie perdía el apetito. Pero Hitler siempre encontraba una víctima. El impresionable jefe de prensa se puso pálido, dejó el tenedor y el cuchillo y afirmó modestamente que no tenía hambre. A veces, a esta conversación le seguía una pequeña reflexión filosófica sobre lo cobardes que son los seres humanos: los hombres no pueden hacer ni contemplar muchas acciones, pero sacan partido de su conciencia de estas. "
Tambien Junge nos da pistas sobre lo sencilla que era la comida de Hitler:
"Hitler pedía platos simples, zanahorias con patatas y huevos pasados por agua".
Dejemos hablar ahora a otra de sus secretarias, Christa Schroeder:
"Hacia el mediodía, Hitler llamaba para que le trajeran el desayuno que, durante los primeros años, se componía de un vaso de leche y de un poco de pan de régimen. Más adelante, no comía sino una manzana rayada y, al final, una especie de compota preparada según la fórmula de un médico suizo.
Hitler, muy frugal, prefería sobre todo los platos únicos y tenía una marcada debilidad por las alubias. A continuación, venían los guisantes y las lentejas. No había ninguna diferencia entre lo que él comía y lo que se servía a los invitados, a excepción de que su comida no había estado en contacto con ninguna carne o grasa. Rechazaba incluso el caldo de carne. La carne le inspiraba literalmente horror. Estaba convencido de que su consumo apartaba de la vida natural al hombre. Cuando discutíamos sobre ese punto, nos citaba el ejemplo de los caballos y los elefantes, animales dotados de una gran fuerza, contrariamente a los perros, animales esencialmente carnívoros, que se agotan rápidamente al hacer un esfuerzo. Para asquear a sus comensales sobre el consumo de carne, le gustaba describir en la mesa cómo un plato de carne representa comer una materia muerta y descompuesta.... Cuando, por el contrario, elogiaba su régimen vegetariano, se lanzaba a eufóricas descripciones sobre el modo en que los elementos habían sido producidos."
Así pues, creo haber aclarado suficientemente que Hitler fue un vegetariano estricto y que es una fantasía absoluta que su plato favorito fuera trucha asalmonada, como nos han querido vender a través del cocinero belga Jeroen Meus.
Fuentes:
Conversaciones sobre la Guerra y la Paz, Adolf Hitler
Hasta el último momento, Traudl Junge
Doce Años junto a Hitler, Christa Schroeder
Fotografía: Hitler de paisano en 1928.