No quiero para mis amigos lo que no quiero para mi


Para su cumpleaños recibía el Führer muchos regalos en forma de pasteles y otras comidas. Sin embargo Hitler siempre tuvo temor de ser envenenado. Sus temores no eran infundados. En una ocasión su chófer enfermó después de haber probado un plato para él. En una ocasión llegó a la cancillería una caja repleta de golosinas en forma de frutas confitadas, chocolates, bombones etc. A Hitler le gustó el regalo pero ordenó que la caja fuera cerrada y enterrada en los jardines. Su fotógrafo dijo que era una lástima y Hitler le dijo:

- No quiero para mis amigos lo que no quiero para mi.

Sin embargo Hoffmann observó días de después que unos obreros estaban saboreando las golosinas.


El fotógrafo de Hitler recuerda que en una ocasión que viajaban por carretera vieron un coche averiado. Entonces Hitler le dijo a su chófer Schreck que se detuviera para ayudar al conductor. Solucionado el problema, partieron de nuevo. Sin embargo el conductor anotó la matricula y días después envió un regalo a Hitler. Eran tres cajas de caviar. A Hitler le encantaba el caviar. Sin embargo, devolvió el paquete aduciendo que la obligación de un viajero es socorrer a otro en apuros y que no merecía ninguna recompensa. Y Hitler añadió:

- ¡Cualquiera sabe, Hoffmann!

Cartas a Hitler


Cartas a Hitler - Henrik Eberle

Ya he finalizado de leer Cartas a Hitler. El libro resulta interesante. Lo único que sobra son los comentarios del editor.  Son inoportunos y molestos, como siempre. Henrik Eberle es el que editó también El Informe Hitler.  

En 1930 se respondió a un ciudadano advirtiéndole de que Hitler no había recibido orientación astrológica y que Hitler no tenía intenciones de difundir la astrología. Esto nos pone de manifiesto una vez más el hecho de que Hitler no creía en la astrología, como se ha difundido a menudo. 

Hitler recibió miles de cartas así que, lógicamente, no podía leerlas todas ni responderlas personalmente. De hecho se encargaban sus secretarios, como Rudolf Hess, Albert Bormann etc. Sin embargo en alguna ocasión sí que leía las cartas y las respondía personalmente. De lo que no cabe ninguna duda es del amor y admiración incondicional que le profesaron la mayor parte del pueblo alemán. Es realmente increíble lo querido que fue Hitler. Recibía muchas poesías y  regalos. En muchas ocasiones le enviaban regalos y si el remitente no tenía muchos recursos económicos, la Cancillería le enviaba algo de dinero. En una ocasión un admirador le envío un violín confeccionado por él mismo. Los ornamentos eran de marfil y ébano y en la tapa de fondo incrustó 245 cruces gamadas. ¿Se trata del mismo violin que los rusos se llevaron junto a otras pertenencias de Hitler?

Una mujer le enviaba miel que ella confeccionaba. Albert Bormann le escribió agradeciéndole los envíos. Muchos ciudadanos le enviaban cartas de agradecimiento por haber encontrado trabajo. Muchos le solicitaban una fotografía autografiada por el mismo Hitler. En muchas ocasiones obtuvieron su deseo aunque lo habitual era que se enviaran sin autografiar. Por ejemplo, un niño de 10 años del Sarre, escribió a Hitler solicitando una fotografía diciendo que "éste sería mi único deseo alemán". Por supuesto, se la enviaron. 

Muchos ciudadanos también hacían donaciones a Hitler. El Führer solía contestar personalmente a esas cartas y les informaba de que el destino de la donación sería empleada en favor de camaradas necesitados. Ciertamente, no se puede negar que Hitler no estuvo corrompido por el dinero y que prefería emplear las donaciones en bienes comunes y no en el propio. 

El problema de esta edición es que el autor se toma la licencia de opinar con muy poco respeto. Para Henrik Eberle las cartas que contenían "admiración, confianza y gratitud" eran tópicos. Nos quiere dar la impresión de que el cariño que profesaban los alemanes hacia Hitler fue fruto de la propaganda y la manipulación. ¡Por supuesto! pero ¿qué estado no intenta ensalzar a su cabeza visible? Si nosotros mismos vivimos en un mundo manipulado, el de Hitler no podía ser menos. Si bien es cierto que la propaganda en el III Reich abarcaba amplios espectros, es perfectamente comprensible que un pueblo que estaba sumido en la miseria, el paro y el hambre, sucumbiera al hombre que les elevó el nivel de vida. Así pues, para Eberle la admiración que sentía el pueblo hacia Hitler "eran la expresión de la admiración ingenua del pueblo". ¿Es necesario poner esto? 

Criticar al pueblo alemán por la admiración que tuvo por Hitler se me antoja fácil y maniqueo. Resulta tan fácil criticar a los alemanes desde la actualidad, cuando conocemos la historia, que me resultan muy molestas las continuas moralinas del autor. En ocasiones incluso llega a faltar el respeto llamando "desequilibrado" a un ciudadano. Incluso manipula a su antojo dudando de la autoría de ciertas cartas de niños, pretendiendo que las escribían sus padres.

A veces el autor se mofa de la ingenuidad de los escritores. Por ejemplo, a la idea de un ciudadano, que aconsejó sobre la iluminación para guiar a los aviadores en una extensa carta, Eberkle se toma la licencia de sacar la conclusión absurda de que Hitler se encaminaba a una guerra y lo último que quería era rutas aéreas y aeródromos iluminados.

En una vergonzosa ocasión el autor llega a afirmar que "Hitler consumía alcohol en ocasiones excepcionales". Bien, ya hemos visto la actitud de Hitler con respecto al alcohol.
No merece la pena insistir. Nuevamente observo que la intención de ciertos autores es difamar a Hitler a toda costa a base de mentiras. 

El autor pretende desprestigiar a Hitler a veces de forma ridícula. Por ejemplo, dice que en 1939 al cumpleaños de Hitler acudieron 76 diplomáticos extranjeros y que en 1945 se registraron únicamente tres invitados internacionales. ¿Pero cómo diablos iban a acudir en 1945 los mismos diplomáticos dadas las circunstancias? 

El rigor histórico también brilla por su ausencia. Por ejemplo, el autor se atreve a decir que una carta, ESCRITA EL 25 DE AGOSTO DE 1939, fue enviada al protector de Bohemia y Moravia, Reinhard Heydrich. De sobra es conocido que Heydrich fue nombrado protector de Bohemia y Moravia en 1941.  En otro momento nos dice que una mujer escribió una carta el 11 de Mayo de 1941 y unas líneas más adelante nos dice que la mujer falleció  en abril de 1941 así que la carta la debió de escribir su fantasma. No se si trata de un error de la traducción (no es la primera vez que la editorial Tempus traduce con poco rigor) o de ignorancia del autor. En todo caso lo que nos queda claro es el poco rigor. 

Finalmente el autor termina el libro culpando al pueblo de lo sucedido y que todos conocemos. En concreto dice " sin el culto al Führer, sin el mito de Hitler, nunca se habría producido este régimen del terror; sólo la fanatización de la población movilizó una fuerza destructiva de dimensiones descomunales". Qué bonito es escribir eso desde un despacho sin tener una idea de psicología mínima y sin tener un mínimo de respeto.  Lo repito: escribir sobre Hitler con nuestra perspectiva resulta peligroso porque conocemos la historia. 

En resumen, un libro interesante pero que recomiendo leer sin los comentarios de su editor.


Hitler en prisión



















Como es bien sabido Hitler estuvo encarcelado en la prisión de Landsberg por su participación en el golpe de 1923. Allí escribió su obra Mi Lucha (Mein Kampf). Hitler tuvo un trato muy correcto en la cárcel y, como se puede apreciar en las imágenes, se encontraba relajado y en un buen ambiente rodeado de colaboradores.

 
En este collage podemos ver a Hitler el día que fue liberado.

El 8 de Octubre de 1934, diez años después de ser liberado, Hitler visitó la fortaleza, ya convertido en Canciller de Alemania. En el collage podemos ver las imágenes de la histórica visita. Hitler firmó en el libro de visitantes y habló con los funcionarios de la prisión. Lejos de sentir rencor por haber estado encarcelado, Hitler siempre se mostró muy amable con el director de la prisión y con sus empleados. La cárcel se convirtió en un lugar de culto y fue un lugar de peregrinación. Aún lo sigue siendo. Abajo podemos ver su estado actual, en donde Hitler se hizo las famosas fotografías.

Subastados los cuadros de Hitler




La subasta de los 13 cuadros atribuidos a Hitler ya ha finalizado y ha recaudado 106.000 euros, lo que ha superado todas las expectativas. A pesar de las muchas protestas internacionales nuevamente queda demostrado que la figura de Hitler sigue despertando un interés enorme. Tengo la impresión de que a veces las protestas no hacen sino incrementar el interés hacia Hitler. Así que quienes patalean cada vez que maldicen a la figura de Hitler lo único que consiguen es que más personas se interesen por el Führer. Ya lo dijo Dalí : "lo importante es que hablen de uno... aunque sea mal". Por supuesto las pinturas no son ninguna gran demostración de talento. Pero tampoco son excesivamente malas, como se ha dicho. Lo que esta claro es que Hitler pintaba mejor que la mayoría de los mortales. Ya quisieran muchos pintores que sus cuadros alcanzaran la cifra que alcanzan los de Hitler, ¿verdad?

El pudor de Hitler


Antes de la toma del poder a Hitler le gustaba vestir con el pantalón bávaro. Existen muchas fotografías de esa guisa. Pero después dejó de hacerlo. Incluso pidió a su fotógrafo que destruyera las fotografías en donde aparecía con esos pantalones. En efecto, Hitler fue una persona muy pudorosa en cuanto a su propia persona. Admiraba los desnudos en el arte. Pero en cuanto a sí mismo, nunca se exhibió desnudo. Ni siquiera en traje de baño. Incluso estaba obsesionado por la idea de que alguien le viera en traje de baño o le fotografiara de esa manera porque pensaba que perdería prestigio ante el pueblo. Su colega Mussolini se exhibía a menudo bañándose y Hitler se lo reprochaba. Decía:

- Un gran hombre de estado no debe comportarse con tal desenvoltura. ¿Cómo podríamos conservar nuestra veneración por Napoleón si poseyéremos  fotografías suyas en las que apareciera disminuido por tales atavíos? Por lo que a mi respecta, nunca, lo repito, nunca, me bañaré en público. 

Incluso su médico Morell decía que Hitler era intratable. Cuando debía ponerle una inyección o reconocerle, Hitler expulsaba de la habitación a su ayudante y después se descubría lo menos posible. En una ocasión su fotógrafo Hoffmann le tomó una fotografía junto al perrito terrier de Eva Braun y Hitler le dijo:

- No, Hoffmann, no publique esa foto. Un hombre de estado y un perrito; tal vez sea oportuno, pero mueve a risa: sobre todo, es ridículo. El único perro que sería digno de mi, sería un pastor alemán. 

Las Firmas de Hitler


Bueno, ante todo muchas gracias por el apoyo que me dais para continuar con el blog. Sois muy amables. Hitler da para mucho, así que no faltarán nuevos y apasionantes posts. Revolviendo entre mis documentos he encontrado estas firmas de Hitler desde su juventud hasta su muerte. Podemos observar la evolución de la firma. Por ejemplo, es significativo que la firma de Hitler quedara ya perfectamente clara cuando se inicia en la política. No entiendo sobre grafología pero creo que al verlas se observa perfectamente que su personalidad no cambió mucho en los últimos 25 años. Si entre los lectores hay algún grafólogo se agradecería mucho su opinión. Pongo el documento como curiosidad, no obstante. 

120 Aniversario de Hitler


















Mañana se cumple el 120 aniversario del nacimiento de Hitler. Curiosamente cuando Hitler nació se acababa de inaugurar la Torre Eiffel, junto a la que se fotografiaría 52 años después. El interés que sigue rodeando a la figura de Hitler es tan grande que las editoriales siguen publicando libros dedicados a su persona. Lamentablemente la veracidad de todo cuanto concierne a Hitler brilla por su ausencia. Se puede comprender que cuando un país pierde una guerra los vencedores traten de explicarse por qué han luchado y que la muerte de miles de personas no ha sido en vano. Pero lo ocurrido con Hitler supera en difamación a cualquier otro personaje histórico. ¿Resulta lícito difamar a un personaje porque su figura ha resultado nefasta para muchas personas? Entiendo que han existido historiadores que por falta de información, o por no tener la información correcta, hayan escrito biografías con muchos errores. Pero en la actualidad se dispone de una mayor información y acceso a documentos y ya han transcurrido muchos años como para que muchas heridas se cierren. Nunca me ha gustado leer una biografía que emplea la descalificación y el insulto gratuito. Pero lo peor es que muchos llamados historiadores tengan tan poco respeto por los lectores afirmando cosas que ni siquiera contrastan o que ya han sido superadas con el tiempo. Ocurre que muchos, aún sabiendo que lo que escriben no es cierto, se arraigan a unas exigencias editoriales y no tienen suficiente valor para escribir aspectos de Hitler que les resultan incómodos. La cuestión es que Hitler les reporta mucho dinero pero si se salen de lo establecido son tachados de nazis o de revisionistas y proscritos para siempre por las editoriales. Así que a ese problema nos enfrentamos los amantes de la verdad histórica. La cuestión es que debemos tener mucho cuidado con lo que leemos. Es curioso que, a pesar de haber transcurrido tantos años, haya siempre nuevas versiones sobre Hitler, la 2GM y el III Reich.


La cuestión es que no existe valor para presentar ante la opinión pública a un Hitler humano. Es más vendible un Hitler diabólico, que echa espuma por la boca y que mantenía relaciones sadomasoquistas con su sobrina, que un Hitler sencillo, de carne y hueso como nosotros. Con Hitler la humanidad ha tenido una excusa para librarse de todo lo que le molesta. El ser humano, que es cruel y guerrero por naturaleza, ha encontrado en Hitler a alguien con quien expiar sus culpas. Hitler no inventó la guerra, ni inventó la crueldad del ser humano. Ni Hitler ni los alemanes. Justificar una guerra tan terrible como la 2GM en la figura de Hitler se me antoja hipócrita y simple. El historiador que basa sus investigaciones en culpar por entero a Hitler de todo es un historiador ingenuo. A veces tengo la impresión de que si Hitler no hubiera existido, lo habrían inventado. Porque uno se queda tan tranquilo cargando sobre la figura de Hitler toda la crueldad que en realidad le pertenece al propio ser humano.  Su figura está tan distorsionada por años de mentiras que hacer un lavado, no ya de su imagen, sino de la propia historia, es una labor tan complicada como limpiar un campo de minas. Hoy pocos periodistas se atreven a poner el nombre de Hitler sin el consiguiente "monstruo".


Cuando comencé a interesarme por Hitler lo hice desde la gran cantidad de enciclopedias que existían sobre la guerra y sobre el III Reich. Y tras mucho leer al final me quedaba con la impresión de que algo no encajaba en el puzle. Esa sensación la sigo teniendo cada vez que leo algo sobre Hitler. ¿Qué es lo que no encaja? Para empezar el mercantilismo que existe con su figura. Es curioso que años y años de difamación absoluta del personaje no hayan conseguido sino un mayor interés hacia Hitler. Miles de personas adoran al Hitler que nos han preparado. Están absolutamente identificadas con el Hitler perverso y le apoyan incondicionalmente. Otras miles de personas ven en Hitler a un salvador de la humanidad. Y otras tantas, entre las que me incluyo, ven en Hitler a un personaje interesante que aún nos puede aportar mucho a la comprensión del propio ser humano. Mucha gente me pide consejo sobre qué biografía de Hitler leer. Lamentablemente no existe todavía un libro imparcial sobre su figura. Uno debe leer abundantemente y saber sacar alguna conclusión válida. Mi intuición me hace desconfiar mucho y no suelo creer todo lo que leo. Pero eso también conlleva riesgos. A veces no das por válida una información que quizá sea verídica. La culpa de eso la tiene la línea editorial que se sigue desde hace décadas. Para tratar a Hitler de ahora en adelante resulta vital ser valiente y veraz. Pero no creo que nuestra generación vea eso.


Paradójicamente a Hitler se le da la razón en muchos aspectos de nuestra sociedad. ¿Por qué? Ni más ni menos porque Hitler fue tan ser humano como nosotros. Todos los aspectos del nazismo que se parecen a nuestra propia sociedad tratamos de justificarlos en la maldad intrínseca del nazismo. Si Hitler construyó unas autopistas, o construyó un estado del bienestar, como lo hacemos nosotros, siempre podemos buscarle una justificación ridícula. Si algo tuvo de positivo el nazismo la justificación siempre ronda en torno a la necesidad del propio nazismo de engañar a la población para beneficio suyo. Y sin embargo nuestras democracias no han sabido eliminar la maldad del ser humano. Desde la muerte de Hitler las guerras se han sucedido una y otra vez y las desigualdades entre los seres humanos son cada vez mayores. Es decir, la eliminación de Hitler no supuso un triunfo del bien sobre el mal. Todo lo contrario.

El cuidado que yo debo de tener siempre es el de no tratar de ensalzar la figura de Hitler, tal y como la conoce la sociedad. Cuando me propuse escribir este blog conocía perfectamente las dificulades a las que me debía enfrentar. Y a la vez sabía que el blog tendría sus seguidores. Porque si yo me hacia tantas preguntas en torno a Hitler, también sabía que habría mucha gente en mi misma situación. A veces basta con echar un vistazo a varios libros de Hitler para darse cuenta de lo contradictorios que son entre sí.  Muchas personas me dicen que debería escribir un libro. No solo no me veo capacitado para ello sino que creo que Internet es un medio más eficaz que la lectura. Los miles de lectores que tengo me lo demuestran. Por otra parte, soy consciente de que Internet no es el lugar más fiable para buscar información veraz. En mi caso no existe ( o eso creo ) ningún interés en hacer de Hitler un inocente ni un mesías. En primer lugar porque eso iría incluso en contra de lo que Hitler quiso demostrar. Quizás haga de abogado del diablo. Pero creo que hasta Hitler se merece un juicio justo en la historia.

¿Fue Hitler un hombre malvado? Yo dudo mucho de que la maldad fuera el espíritu principal en la vida de Hitler. Cuando Hitler cometió injusticias y crueldades dudo mucho que lo hiciera por un afán exclusivo de maldad. De esa base es desde la que hay que estudiar su figura. Hitler nunca se divirtió con sus peores actos. Nunca disfrutó de la guerra. Es más, la guerra le asqueaba y le obligó a llevar un estilo de vida que él detestaba. Cuando se habla de que Hitler deseaba solo el poder y un afán desmedido por conquistar, olvidamos el estilo de vida tan sacrificado que llevó durante la guerra. No creo que Hitler decidiera llevar esa vida solo para satisfacer sus ansias de sangre.


Los aspectos que más me interesan sobre Hitler son los concernientes a su vida íntima, a sus declaraciones. Porque de esa manera vemos al semidiós en que se convirtió, en el ser humano que era. El nazismo fue una explosión demasiado efímera como para valorarlo someramente. Nunca tan pocos años han sido tan documentados como el nazismo. Podemos hablar por ejemplo, sobre el comunismo, que dominó buena parte del siglo XX, desde muchas perspectivas porque triunfó y fracasó. Pero no lo podemos hacer del nazismo porque no triunfó. Lo logrado por Hitler resulta insuficiente para su conocimiento. Solo en la cabeza de Hitler estaba la idea de la sociedad que él quería. Explicarlo desde la sencilla óptica del bien sobre el mal me resulta simple.


Por lo demás, seguiremos teniendo noticias de Hitler. Las editoriales van a seguir publicando basura y de vez en cuando lograremos ver libros honestos que intenten aclarar o apaciguar algo. Lo que no puede ser es que justo aquellos que condenan a Hitler se lucren a su costa. Porque es de una hipocresía supina prohibir la esvástica y plantarla en la portada de un libro o en el póster de una película con total impunidad. Todos los días recibo multitud de noticias sobre Hitler. Y abunda lo supérfluo. Pero aun queda mucho camino por recorrer. Cuando se estrenó "El Hundimiento" hubo un escándalo generalizado porque presentaba a un Hitler demasiado humano. Pero si creemos que Hitler era muy diferente a nosotros porque tenía ataques de rabia, echaba espuma por la boca o tenía un rabo de diablo, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos.

Hitler indulta a un joven pintor


Una madre escribió al fotógrafo de Hitler para informarle de que su hijo, un artista de talento, había sido condenado a muerte acusado de alta traición. Hoffmann intuyó que ante ese delito no se podría hacer gran cosa pero le pidió a su madre que le enviara alguna fotografía de las obras de su hijo. Así que una semana después Hoffmann se presentó en la Wolfschanze. "He traido algunas obras de un joven artista, ¿podría enseñárselas?" preguntó Hoffmann a Hitler. Al contemplar las obras la cara de Hitler se transformó:

- Fíjese en esto, ¡este muchacho tiene un talento que raya con lo genial! ¡ Y que haya quien no tiene esperanza en los jóvenes! ¡ Qué insensatez! Es usted el que debe descubrirlos y animarlos. ¿Qué edad tiene?

"Unos veinte años", respondió Hoffmann.

- ¿Y quiere un sueldo? ¿desea ayuda de alguna clase?

Hitler siempre estaba dispuesto a ayudar a los artistas, así que Hoffmann observó que era el momento para pedir el indulto del muchacho.

"Efectivamente, buena falta le hace que se le ayude, señor Hitler"

- ¿Qué es lo que quiere usted decir? ¿está enfermo, herido?, preguntó Hitler.

"No señor. Está condenado a muerte por haberos ofendido.

Hitler se enfureció:

-¡ No diga tonterías! ¡Demonio! Nadie ha sido nunca condenado a muerte por una cosa así.

Hoffmann le pasó a Hitler la carta de la madre del muchacho y se la guardó en su chaqueta. Entonces comenzó a caminar por la habitación sin decir nada. El joven fue perdonado. Pero por una ironía del destino desapareció en el frente, como tantos soldados.

El Führer bebe dos copitas de vino


Como es sabido Hitler fue abstemio durante toda su vida... justo al contrario que su fotógrafo y amigo Hoffmann. Este hecho les llevaba en muchas ocasiones a discutir el asunto. También es conocido el insomnio de Hitler así que Hoffmann le recomendaba tomarse unas copitas antes de acostarse como remedio.  Hitler le decía entonces:

- No me gusta el vino. Me da siempre la impresión de que es una especie de vinagre. No obstante, de joven, intenté algunas veces beber vino; pero, a no ser añadiéndole azúcar, nunca he podido tragarlo. 

A Hoffmann esto le parecía una auténtica aberración. 

- Estoy seguro de que tiene toda la razón. Con toda probabilidad conoce usted mi bodega mucho mejor que yo, Hoffmann.

Curiosamente en ese momento Hitler envió a buscar una botella que Hoffmann escogió. Y ante el asombro de éste se bebió dos vasos y exclamó:

- ¡Por Júpiter! Este vino es excelente.

Hoffmann se puso muy contento, sobretodo cuando el Führer anunció que tenía sueño y que quería acostarse. Al día siguiente dijo:

- He roncado como un trompo. Ahora bien, a pesar de ello, no volveré a beber vino. Usted sabe, Hoffmann, que el vino hace ver la vida de color rosa (lo pronunció en francés). Ahora bien, un juicio no puede ser imparcial de no ser concebido por un espíritu frío, el de un hombre cuyo estómago sea por completo sobrio. Ocurre que al principio el enfermo toma el vino como un medicamento; después la dosis diaria se convierte en hábito agradable. Eso puede estar muy bien para usted, mi querido amigo; pero no para mi.

Como vemos, Hitler fue una persona capaz de controlarse, muy al contrario que sus rivales Churchill o Stalin, que fueron unos grandes bebedores. 

Cartas a Hitler, Henrik Eberle


Estoy leyendo el libro, editado por Tempus, Cartas a Hitler, de Henrik Eberle.  Lo que me llama la atención es que el culto a Hitler, a parte de ser algo promovido por el régimen, ya se empezó a forjar de manera espontánea durante los años 20. Las cartas que recibía Hitler reflejan perfectamente lo mucho que le admiraban ya antes de la llegada al poder. Hitler nunca respondió personalmente las cartas. En un principio se encargaba Rudolf Hess y después Albert Bormann. Lógicamente no podía leer todas las cartas pero muchas de ellas sí. A Hitler le llegaban consejos, dudas e incluso propuestas de negocios como la de un hombre que le propuso comercializar un "cigarrillo-Hitler" para lo cual solicitaba a Hitler el derecho de exclusividad. Otro le pedía autorización para registrar un filtro para cigarrillos llamado, naturalmente, "Filtro Hitler". La respuesta siempre era "el Führer no desea que su nombre sea usado en ningún tipo de propaganda económica". Lo que ignoraban esos ciudadanos seguramente es que Hitler no fumaba. Lo cierto es que, a parte de los derechos de autor de Mein Kampf y de las fotografías, Hitler nunca participó en negocios lucrativos. Ciertamente pudo hacerlo y ganar mucho dinero, pero nunca le interesó. 

En otra ocasión recibió Hitler una carta de un empresario hortícola muy curiosa: "me he enterado de que lleva Vd. un estilo de vida vegetariano y me he tomado la libertad de enviarle a su distinguida residencia una cesta de mi producto "Fruta Líquida" de zumo de manzana para que recupere las fuerzas tras la difícil contienda electoral". Albert Bormann le respondió diciendo que a Hitler le había proporcionado una gran alegría ese regalo. La carta data de mayo de 1932 y me resulta muy curioso que ya se conociera el dato del vegetarianismo de Hitler, que debió adoptar en 1931 tras la muerte de Geli Raubal. 



Hitler, en las calles de Sofía















Las calles de Sofía han amanecido con un cartel en donde aparecen varios dictadores como Stalin, Franco... y, cómo no, Hitler. El mensaje que aparece en las vallas es "Ellos hablan, tú escuchas". Sin embargo, no aparece ninguna marca comercial en estos anuncios así que, de momento, resulta una intriga. Y claro, a los pocos minutos de aparecer Hitler, las protestas no se han hecho esperar. La embajada de Israel ya ha protestado. Curiosamente la protesta solo es por la presencia de Hitler y no del resto de dictadores. El ayuntamiento de la capital de Bulgaria está investigando quién está detrás de esta campaña. En breve se sabrá. En Bulgaria está prohibido la propaganda del nazismo. Claro, que no creo que  poner a Hitler en un sello en un cartel sea propaganda nazi. Pero la presencia de Hitler en cualquier sitio ya es de por sí un escándalo suficiente. Supongo que la marca comercial lo sabe y lo que han conseguido es que se hable de ellos en todo el mundo. Aunque, de momento, no se sepa de qué marca se trata.

Frases extraídas

- El derecho personal se basa en el éxito.

- La gran mayoría de los hombres políticos, a causa de esa vanidad que linda siempre con la estupidez, se mantendrá siempre alejada de todo proyecto relativo al futuro para no perder la simpatía ocasional de las grandes masas.


- Cuanto más grandes sean las obras de un hombre que trabaja para el futuro, tanto menos será comprendido por sus contemporáneos... Ciertamente, estos hombres no son más que marionetas de la historia: la corona de laurel del tiempo sólo tocará las sienes del héroe moribundo.

- Poco importa que se rían de nosotros, y que nos insulten, que nos llamen payasos o delincuentes; lo esencial es que hablen de nosotros, que se ocupen de nosotros y que nosotros nos presentemos ante los ojos de los propios obreros como la única potencia con la cual se puede tener.

- Debido a la gran estupidez de nuestra humanidad, el rebaño de los proletarios y de los burgueses, siempre vuelven, durante las elecciones, al establo común y eligen a sus viejos embaucadores.
- A partir de nuestra concepción, se formó una nueva concepción del Estado, que a su vez se convirtió en elemento esencial de una nueva concepción del mundo.



- Los ideales más altos corresponden siempre a una profunda necesidad de la vida, así como, a fin de cuentas, la nobleza de la belleza más sublime sólo se encuentra en aquello que es más lógico y adecuado.


- No debe juzgarse el discurso que un hombre de Estado dirige a su pueblo por la impresión que produce en un profesor universitario, sino por el efecto que ejerce sobre el pueblo. Sólo esto da la medida de la genialidad del orador.


- Debemos convencernos que las generaciones futuras no sólo comprenderán nuestra conducta, sino que la encontrarán justa y la exaltarán sobre la de cualquier otro.

- No se estudia la historia únicamente para saber lo que ha sucedido, sino con el fin de encontrar una guía para el futuro y para la conservación del propio pueblo. Este el "objetivo", y la enseñanza de la historia sólo constituye un medio que sirve para lograrlo.

- La revolución no es una situación permanente y no debe permitirse que ella de lugar a una situación semejante. La corriente de la revolución, una vez puesta en movimiento, debe guiarse dentro de los sólidos canales de la evolución.

- La historia no nos juzgará en base a haber eliminado y encarcelado al mayor número posible de hombres de la economía, sino en base a haber logrado conseguir puestos de trabajo.

- Quienquiera que encienda la antorcha de la guerra en Europa, sólo desea el caos.

- Finalmente hemos terminado con el viejo concepto según el cual cada uno tiene el derecho de decir, a través de los periódicos, lo que quiere.

- No quiero, absolutamente, que la ideología nacionalsocialista sea "exportada" a otros países. Es conveniente que los otros estados permanezcan unidos a sus principios y sistemas, de este modo, seguramente irán hacia su destrucción.

- Cien años de educación nacionalsocialista y el pueblo alemán será el más compacto y el más colosal bloque de poder que jamás haya surgido en Europa.

- La política debe elegir siempre el arma de combate más adecuada para servir a la vida en el sentido más alto. En efecto, no se hace política para poder morir, sin embargo, a veces se puede hacer que mueran hombres para que un pueblo viva.


- Terminada la guerra, tendremos que preocuparnos muchísimo para mejorar el tipo de vida de la clase obrera porque, hay que reconocerlo, ha contribuido mucho a la vida del Estado.


- Las mujeres tienen algo que nos falta a nosotros los hombres: son capaces de darle un beso a una amiga y al mismo tiempo pincharle con un alfiler.

El Pecado de los Dioses

Crítica del libro El Pecado de los Dioses, de Fabrice D'Almeida

Los recursos a la hora de escribir sobre Hitler y el III Reich son inagotables. Las estanterías de las librerías siempre disponen de abundantes libros sobre ese periodo porque son ventas seguras. Así que de vez en cuando hay que surtir el mercado con nuevos “inventos”. “El pecado de los dioses” de Fabrice D’Almeida se me antoja más digno de esta exigencia que una labor histórica de necesidad. El autor ha querido escribir un libro sobre la alta sociedad y el nazismo. Pero se ha quedado en el intento. El asunto me pareció ciertamente atractivo así que me compré el libro. Sin embargo el autor no solo no nos desvela nada nuevo sino que vuelve a caer en la zafiedad y el mal gusto. Es decir, lo que prima es la mentira. La traducción es sencillamente un desastre. Existen muchas fechas mal puestas (por ejemplo, pone que Hitler subió al poder el 30 de Junio etc.) y contiene muchos errores. Por ejemplo, se dice que Baldur von Schirach fue “gobernador de Austria” etc. 

D’Almeida parece no comprender en absoluto la historia. Y llega a afirmar que “le resulta difícil situarse en la forma de pensar de aquella época tan extraña”. Vamos una declaración de principios que deja su trabajo a la altura del betún. 

El autor opina que existió una alta sociedad nazi. Y confunde, o quiere confundir, a los altos dignatarios nazis con nuevas élites que deseaban a toda costa ser millonarios. Lo único que hace D’Almeida es describir las bodas de jerarcas del nazismo como Goebbels o Göring. Si cualquier boda en el mundo acostumbra a ser pomposa ¿porqué iba a ser menos la de un miembro del partido nacionalsocialista?

Ciertamente existió una relación entre la alta sociedad y Hitler. Se me antoja el periodo más interesante de esta relación la que existió al comienzo  de la fundación del Partido Nacionalsocialista puesto que Hitler fue ayudado por muchas damas de la aristocracia que le financiaron abundantemente. Es conocida la atracción que sentían las damas hacia Hitler y muchas aristocráticas no fueron menos. Curiosamente el autor apenas habla de esta realidad, que bien podría ser un fabuloso hilo conductor, y simplemente se limita a decir que fue una dama quien le regaló a Hitler su primera fusta. Después dice que por aquella época, principios de los años 20,  Hitler ya sentía “una verdadera atracción por el lujo y el esplendor”. Esto es, sencillamente, mentira. Si algo demostró Hitler durante toda su vida es que podía vivir modestamente y con mucha austeridad. No solo lo dijo sino que era ciertamente constatable. Hitler nunca se distinguió por tener abundantes posesiones y, menos aún, por querer tenerlas. Incluso los cuadros que compraba tenía proyectado exponerlos al público en Linz.   Cualquier intento de querer demostrar que Hitler quiso enriquecerse con el poder es se cae sobre su propio peso.  Basta con estudiar un poco a Hitler para comprobarlo. Pero aquí volvemos a lo de siempre que es querer difamar a Hitler a toda costa. El autor va aún más lejos y dice que la subida al poder de Hitler “es el resultado de su antigua relación con la alta sociedad alemana”. Lo cierto es que Hitler se sirvió de toda clase de ayuda para su subida al poder. No veo por qué haya que recriminarle eso cuando es perfectamente comprensible. De la misma forma habría que decir que también se sirvió de las clases más desfavorecidas. Cuando un partido quiere alzarse con el poder, por lógica, tiende a servirse de todo lo que le sea útil. Pero eso no es algo hitleriano, es algo común en la política. 

Un aspecto que quiere reflejar el autor, probablemente a falta de otros, es la relación de los artistas con el III Reich. De todos es conocida la afición y mecenazgo de Hitler hacia el arte. Eso, lógicamente, hizo que hubiera muchos artistas que se beneficiaran de ello, como no podía ser menos. Lo que resulta un hecho normal a todas luces, el autor quiere denunciarlo como un aprovechamiento de muchos artistas. Nos habla de los beneficios fiscales que Hitler les concedió. Y yo me pregunto: ¿pero acaso los artistas no han estados vinculados con todos los regímenes conocidos? En las actuales democracias existen subvenciones millonarias a artistas de toda clase. No se puede juzgar ni a Hitler ni a sus artistas de querer crear una élite puesto que en nuestra sociedad esa élite es a todas luces más escandalosa. D’Almeida dice que Hitler apoyó a algunos artistas de forma corporativista creando un sistema de sumisión, a base de gratificaciones. Dice que creo prebendas fiscales a artistas para edificar su propio mito de hombre culto y generoso. Yo creo que cuando Hitler trataba con artistas lo hacía por su aprecio hacia un tipo de arte que a él le gustaba. Por supuesto que quiso sacar provecho de esa relación pero, ¿qué gobierno no hace eso? ¿Por qué no se critica la relación que tienen los actuales gobiernos con los artistas, las increíbles subvenciones que van a parar a los museos y la estrecha relación que tiene una élite intelectual en la actualidad? El mundo del arte y la política han estado ligados desde tiempos inmemorables. Criticar a Hitler por ello es, sencillamente, hipócrita. 

D’Almeida habla en su libro de la élite que creó Hitler en torno a sus empleados, esto es, la famosa Adjudantur. En concreto, habla de sus secretarias, a las que Hitler hacía regalos. Pretende hacer ver que las agasajaba con grandes fortunas cuando en realidad Hitler les regalaba de vez en cuando cosas tan baratas como tazas de café. Le parece escandaloso al autor el hecho de que los ayudantes de Hitler dispongan de poderes especiales, como coches, chóferes, escolta o el derecho a portar armas. Al parecer, D’Almeida debe ignorar la cantidad de funcionarios que tan caros salen a nuestras democracias. Si lo hizo Hitler, es un escándalo. Si lo hacemos nosotros, es algo normal. También el hecho de que a los líderes nazis les gustara la buena mesa parece molestar al autor. No solo le molesta eso sino que muchas cuentas se pagaran con cargo al Estado. Todos los gobiernos gastan fortunas en comidas, todas las administraciones gastan fortunas en gastos de representación… pero si se hizo durante el gobierno de Hitler entonces ya es algo denunciable. La paranoia del autor llega a tal extremo que le resulta un escándalo que las secretarias de Hitler fueran al teatro o a la ópera. ¿Acaso no vemos en nuestras ciudades cómo nuestros ayuntamientos tienen reservados lugares en todos los teatros? Y es que a veces con la crítica a Hitler se suele llegar al ridículo. 

Nos pretende convencer el autor del gran despilfarro hitleriano afirmando que Hitler “tiene un servicio digno de la realeza”. Y para demostrarlo dice que solamente en Obsersalzberg tiene 16 mujeres y 1 hombre ejercen de empleados de cocina y doncellas.  Me gustaría mucho que este hombre nos dijera cuánto servicio doméstico tiene cualquier rey o presidente de gobierno de cualquier país. 

También le resulta raro a D’Almeida que algunos ayudantes de Hitler tengan permiso de armas. Y llega a la increíble conclusión de que “para servir a Hitler, hay que estar dispuesto a matar y dejarse matar”.  Vamos, debe de ser habitual que en nuestras democracias o en cualquier régimen ético, el máximo jefe de gobierno no lleve protección policial.  Debía de ser algo que solo se le ocurrió al malo malísimo de Hitler. 

De lo que se trata aquí es de culpar a toda costa a toda la burguesía alemana. Ha habido autores que han tratado de culpar del nazismo a muchos colectivos, incluso a toda la población alemana. Pero aquí el autor se quiere centrar en la burguesía. Si no la encuentra, pues llama élite a muchos nazis bien situados. Si no son nazis, pues se los inventa. El autor tiene el descaro de afirmar que TODA la burguesía “podrá hacerse fácilmente con los bienes de los judíos y por lo tanto estará interesada en su eliminación”. Esto se traduce más o menos así: todos los burgueses apoyaron a Hitler porque estaban deseando quedarse con sus bienes. Bueno, pues ya tenemos otra interpretación más del nazismo. Y van… 

Cualquier cosa que hiciera Hitler y sus nazis se le antoja a D’Almeida como un plan maquiavélico. ¿Que Hitler hizo autopistas? Claro, pero no las hizo para que Alemania progresara, no, pobrecitos ilusos… las hizo para que sus dirigentes “que surcan el país en coche, sean sus desplazamientos más cómodos y más rápidos”. A mi, como directamente me entra la risa con estas conclusiones, no puedo ni criticarlas.

Cómo no, D’Almeida no deja pasar por alto el hecho de que Hitler ganara mucho dinero con su libro Mein Kampf. Se refiere a Hitler como “un multimillonario”. Y nos dice que Hitler dispone de un apartamento privado en la cancillería, otro en Munich y una casa de montaña. Yo conozco gente que tiene muchas más posesiones que Hitler. Incluso bastaría con indagar un poco en las posesiones de nuestros actuales dirigentes para dejar a Hitler a la altura de un obrero. Pero si Hitler tuvo un jodido apartamento en Munich y una casa de montaña, pues el asunto ya es espinoso. No creo que la historia pueda achacar a Hitler ningún afán por la posesión. El hecho de que un Jefe de Estado tenga que descansar en una casa de campo no debería indignar a nadie. Excepto si se trata de Hitler, claro. El autor llega a ser tan absurdo que pretende convencernos de que el hecho de que se instalara un sistema de calefacción en casa de Hitler, era un signo de lujo. Llega a conocer tan poco a Hitler que afirma que éste “es bastante friolero”, cuando es conocido que Hitler siempre estaba a temperaturas muy bajas y que a mucha gente le resultaba difícil estar en los fríos barracones de sus cuarteles generales. Pero es que el colmo nos llega cuando afirma que un plato muy apreciado por Hitler era “la salchicha blanca de Baviera” cuando cualquier colegial sabe que Hitler fue un estricto vegetariano, por lo menos desde 1931. 

En definitiva, este libro es un absurdo. Un libro que critica incluso a Hitler porque en los últimos días de la guerra su cocina estaba bien surtida, no deja de ser un libro prescindible. Al final la conclusión que saco de los estudios sobre Hitler y el nazismo, es que todo lo que se critica de aquella sociedad, es perfectamente extrapolable  a cualquier sociedad. La única diferencia es que es más vendible un libro con una esvástica.

Conversaciones de Hitler


- Sólo las cocinas de campo han hecho posible la guerra de movimiento, porque ellas, por lo menos, aseguran una comida caliente al día.


- Hay gente que piensa que será muy duro para mi el día en que no pueda trabajar como lo hago ahora. ¡Al contrario, será el día más hermoso de mi vida!

- Cuando escucho a Wagner, me parece oír el ritmo de un mundo prehistórico.

- Toda mi vida no ha sido otra cosa que una continua obra de persuasión.

- Antes de leer un libro miro cómo termina. Después hojeo algunas páginas aquí y allí, a la suerte. Sólo si la impresión es positiva, lo leo desde el principio.

- Si la I Guerra Mundial no hubiera existido, yo me hubiera convertido en arquitecto, tal vez el primer arquitecto de Alemania. Pero seguramente no me habría convertido en el primer financiador de todos los mejores arquitectos de Alemania.

- La burguesía sabe volverse heroica, ¡y cómo! apenas se le toca la billetera.
- Lograremos resolver el problema de las nacionalidades si durante doscientos años sabemos imponer un mismo régimen a todos los pueblos de Europa.

- No se le debe dar mucho valor a la vida individual. Si la existencia de uno de nosotros fuera indispensable, no estaría esclavizada a la muerte.

- Yo no me mezclo con la fe, pero o tolero que ni siquiera un párroco se meta en mis asuntos. Siendo joven era partidario de un método expeditivo, el de la dinamita. Sólo más tarde me he dado cuenta que el problema no puede liquidarse de manera instantánea. Es preciso dejar que la Iglesia caiga por sí sola, como una rama marchita. La juventud sana está con nosotros.


- En términos generales, no debe enseñársele a un hombre más de lo que verdaderamente le sirve. ¡De otro modo, se le cansa el cerebro por nada!

- Yo no voy a la iglesia a escuchar el servicio divino. Si voy, es sólo para admirar la belleza de la arquitectura de la iglesia.

- Yo gasto mi dinero para mantener mi cuartel general, y lo prefiero así porque al menos evito complicaciones burocráticas con el Tribunal de Cuentas del Reich. Por otra parte, no puedo llevarme mi dinero a la tumba y no tengo herederos. En cuanto a gozar de la vida, pienso como Federico el Grande:  no he nacido para gozar del mundo, sino para transformarlo.

- Hay personas que, empujadas por el entusiasmo, por la resurrección del pueblo alemán, ven en mi un profeta, un segundo Mahoma o un Mesías. Respondo con toda claridad que no estoy hecho ni para ser un profeta ni un mesías.