Hitler en la intimidad


Lo que más gustaba a Hitler era acudir al teatro, al cine o a la ópera. Pero, debido a su gran popularidad, no podía asistir a ningún lugar público sin que se armara un gran revuelo de admiradores que iba creciendo y creciendo. Así que optaba por refugiarse en el Berghof. A dos kilómetros de la casa, se construyó un salón de té. Siempre iban hacia allí caminando. Su perra y los perros de Eva Braun disfrutaban mucho con ese largo paseo.  Después de cenar se solía proyectar una película. Todos los adelantos en cuestiones cinematográficas le eran instalados a Hitler. Así pues, se le proyectaban películas en estéreo y, por supuesto, en color. También en el Berghof había un televisor.  Después de la película a Hitler le gustaba reunir a sus invitados alrededor de la chimenea . Le gustaba hablar de todo tipo de cuestiones y, parecía que nada se le escaba a su saber. Se hablaba de arte, de teatro, de arquitectura. Poseía una memoria increíble y era capaz  de recordar toda clase de fechas históricas, incluso el tonelaje de cada flota del mundo. El calendario de la flota alemana se lo sabía de memoria y no era raro que pusiera en apuros a sus oficiales haciéndoles preguntas que no podían contestar.  Conocía todas las marcas de coches así como sus características. Si alguien le contradecía, Hitler no se enfadaba, sino que apostaba entonces y, generalmente, siempre ganaba.

Le gustaba contemplar el fuego de la chimenea. Se acercaba mucho a las brasas y se entretenía echando leña. En esos momentos se servía té o café. Incluso toleraba que se bebiera algo de alcohol, a pesar de que él era un convencido abstemio.  En ese ambiente también le gustaba relajarse con música. Poseía una gran cantidad de discos. Como es sabido, le gustaba Wagner, aunque también Strauss y las sinfonías de Beethoven. En cuanto a música ligera, la que más le gustaba era "La Viuda Alegre". No le gustaba nada Tchaikowsky. En una ocasión la esposa de Baldur von Shirach le llevó un disco de "La Patética de Tchaikowsky" y mandó quitarlo al momento.

También le gustaban las discusiones médicas entre especialistas. Le gustaba mucho escuchar con paciencia y hacía preguntas que eran para él desconocidas. Aquellas discusiones médicas podían durar horas y Hitler solía identificarse con las enfermedades que describían los médicos.

Ahora puedes tener un cuadro de Hitler en casa

La casa de subastas Mullocks's, con sede en Shropshire, en Inglaterra, va a subastar 13 supuestas acuarelas de Hitler, halladas en un garaje. La estrella de estas acuarelas es un autorretrato del Führer que esta firmado con sus iniciales. Los subastadores opinan que se van a vender por miles de libras. He visto en muchas ocasiones las acuarelas de Hitler y todas tienen alguna característica común. Sin embargo el autorretrato (en la imagen) se sale totalmente del estilo de Hitler. No se si será auténtico. Ni tiene bigote, ni nariz... pero sí las siglas AH.


Al parecer, el hallazgo ha sido casual, ya que las obras han estado en un garaje durante más de 60 años. El dueño era un coleccionista de objetos de la Segunda Guerra Mundial. Lo curioso del caso es que esta persona dice que las olvidó en el garaje. No entiendo cómo diablos puedes olvidar en tu garaje unos cuadros de Hitler durante 60 años, sobre todo, siendo coleccionista. Supongo que los peritos tendrán que determinar su autenticidad. Así que ya sabéis, si disponéis de mas de 100.000 euros, podéis colgar un cuadro de Hitler en vuestro salón. Eso sí, seguro que no se os olvida en 60 años je je...

La subasta se llevará a cabo el 23 de abril en Ludlow, en el oeste de Inglaterra.

Hitler y Geli


Se ha hablado mucho sobre la relación de Hitler y Geli Raubal. Tanto que incluso se ha llegado a decir que mantuvieron relaciones sadomasoquistas y cosas peores. También se ha dicho que la muerte de la joven fue en realidad un asesinato... del mismo Hitler o incluso se Himmler. En realidad todo son mentiras puesto que el comportamiento de Hitler con Geli era extraordinario en él. Geli fue la mujer que más influencia tuvo en la vida de Hitler. Tanta que incluso era capaz de convencerlo para ir de compras, algo que Hitler detestaba. Incluso podía entrar en una tienda, revolverla a conciencia, y salirse de la misma con las manos vacías, algo que a Hitler le daba mucha vergüenza. Pero Hitler la seguía a todas partes.  Como dijo su fotógrafo Hoffmann "la seguía como un dócil corderillo". 

En muchas ocasiones, para difamar a Hitler, se afirma que Geli era su sobrina. Esto es cierto pero a medias, puesto que Geli era hija de la hermanastra de Hitler. Llevaba su sangre... pero no tanta. Por otra parte, hace años no era extraño que tíos y sobrinas se casaran. Incluso entre primos. Hoy en día esto no es tan frecuente. En todo caso, Hitler nunca quiso casarse. Así que, si bien es cierto que amaba a su sobrina, el papel que se adjudicó con ella fue el de su tutor.

Según los que la conocieron, Geli era una muchacha encantadora y muy guapa. Todos los que la trataron llegaron a sentir devoción por la muchacha. A Hitler le gustaba mucho llevarla al teatro, al cine.... pero lo que más le gustaba era llevarla a merendar a algún bosque, como en la foto de arriba.  Hacia el año 1927 Hitler era ya lo suficientemente conocido como para, cuando aparecía en un restaurante o bar, la pareja se viera rodeada de miembros del partido y admiradores.  Hitler entonces aparecía reservado y su actitud hacia Geli siempre estaba llena de cariño. 

Cuando Hitler se mudó a la Prinzregentenstrasse, instaló allí a Geli. A Hitler le gustaba mucho cómo cocinaba la joven. A Geli le gustaba mucho ir a clases de canto y ello no disgustaba en absoluto al Führer. Sin embargo, cuando Geli comenzó a sentir deseos de ir al baile, Hitler se lo prohibió. Geli insistió tanto que al final Hitler accedió, pero siempre custodiada por algún guardaespaldas o amigo. Era tal la obsesión de Hitler hacia Geli que incluso era él quien daba el visto bueno a los vestidos de Geli. Sin embargo, siempre acudía muy contenta a los bailes.  Hitler le dijo a Hoffmann:

- Ya sabe usted que tengo el deber de velar por ella. Pues bien, amo a Geli y podría casarme con ella; pero ya conoce usted mis opiniones y sabe que estoy decidido a permanecer soltero. Teniendo esto en cuenta, me reservo el derecho de velar sobre sus relaciones masculinas hasta que descubra yo al hombre que la convenga. Lo que a ella le parece una cadena no es sino una precaución. Cuidaré de ella para que no caiga entre las manos de algún aventurero indigno.

Sin embargo, Geli acabó enamorándose de un hombre, al parecer un artista de Viena. Geli sufría por los cuidados de Hitler. La vigilaba tanto que todo ello acabó por destrozarla.  Hitler la quiso tanto que terminó por agobiarla tanto. En una ocasión el chófer de Hitler estuvo bromeando con la joven y el Führer les sorprendió. Hitler se puso tan furioso que Maurice pensaba que iba a matarle allí mismo. Tuvo que pasar un tiempo hasta que Hitler pudo tolerar la presencia de Maurice.

El 17 de septiembre de 1931. Hitler tenía proyectado un viaje por el Norte bastante largo. Geli misma le ayudó a hacer el equipaje y parecía contenta.  Sin embargo no se sabe muy bien lo que ocurrió entre la pareja. Lo cierto es que mientras viajaba, Hitler tuvo un mal presentimiento. Iban por la carretera cuando Hitler se fijó en un coche que intentaba adelantarles.  Hess quería hablar con Hitler con toda urgencia. Así que fueron a un hotel para buscar un teléfono. Le explicó que Geli se había disparado un tiro. Hitler le dijo:

- ¡Pero Dios mío, eso es horrible! Hess, contésteme, ¿vive ella, si o no? ¿ha muerto, está viva aún? ¡Hess... Hess!

- Algo le ha ocurrido a Geli. ¡Tenemos que volver a Múnich a toda velocidad! Tengo que verla viva...

Según Hoffmann, solo vio a Hitler así en otra ocasión y fue en abril de 1945 en el búnker de la Cancillería.  Durante el viaje de regreso, Hitler no pronunció palabra. Estaba sumido en sus pensamientos. Cuando llegaron ya era demasiado tarde. Geli había muerto. Se había disparado al corazón con un revólver. 

De todos es conocida la reacción de Hitler. Se deprimió tanto que incluso pensó en quitarse la vida. Incluso pensó dejar el mundo de la política. A partir de ese momento dejó de comer carne. La veneración que tuvo hacia Geli fue tan grande que la habitación de Geli la convirtió en un santuario. Durante años mandó poner siempre flores frescas. Mandó hacer numerosos retratos de la joven, incluso un busto en bronce. Esas efigies de Geli aparecieron en todas sus residencias, incluso en la Cancillería del Reich.

Hay quien cree que Geli Raubal y Eva Braun no coincidieron nunca. Pero lo cierto es que en vida de Geli, Hitler ya conoció a Eva Braun. Pero esa es otra historia. Otra apasionante historia. Como todas las que conforman la agitada vida de Adolf Hitler. 

Subastado un libro de Hitler

Se ha subastado un libro de la desaparecida biblioteca de Hitler, en París y por un precio inicial de mil euros. Al final se lo llevaron por 1800 euros. La gente se pregunta por qué existe tanta demanda de objetos personales de Hitler y lo cierto es que cada vez que sale a subasta algo perteneciente al Führer de nuevo la polémica está servida. Existe temor a convertir algo en objeto de culto. Hace no mucho se vendió el globo terráqueo de Hitler en 100.000 dólares.

Los libros en cuestión de Hitler son realmente interesantes porque contienen anotaciones y abundantes subrayados. La biblioteca personal de cada uno dice mucho de la personalidad. La mayor parte de los libros de Hitler, así como sus objetos personales, desaparecieron tras la guerra, víctimas del saqueo de los soldados rusos y americanos. Actualmente se dispone de unos 1200 libros.

 Hitler nunca estuvo de acuerdo con el culto a su persona. A pesar de que Goebbels se encargó de aupar a Hitler a unos niveles de un semidiós, a Hitler no le gustaba verse como un nuevo mesías. Así que es de suponer que al Führer no le haría ninguna gracia esta fiebre por poseer sus objetos personales.


En otro orden de cosas, el escritor Fernando Sánchez Dragó ha comparado a la ministra de igualdad, Bibiana Aído con Hitler. Como se sabe, el gobierno español ha aprobado una ley para ampliar los casos de aborto. El escritor llama a la ministra "Adolfa Aído" y dice que es una nazi porque va a permitir con esta ley un nuevo holocausto. Una vez tuve la ocasión de asistir a una charla de Sánchez Dragó  en la que hablaba sobre la "no violencia" y a la vez hablaba con pasión de la fiesta de los toros, que él mismo quiso exportar a Japón. Yo le pregunté por esa contradicción y el hombre se puso tan nervioso que me invitó a discutir el asunto en su casa. No es la primera vez que alguien para descalificar a un contrincante le llama "nazi" o "Hitler". 

Llamar a una ministra socialista "nazi" es una contradicción. Pero llamarle "nazi" precisamente, por apoyar una ley del aborto, cuando los nazis apoyaban a la familia a toda costa, es ya rizar el rizo. Pero aquí lo que realmente cuenta es el golpe efectivo. Hitler se ha convertido en un arma arrojadiza. Y es tan efectiva que todos los medios lo cuentan con avidez. Así que la cosa funciona. Como Hitler es el personaje odiado por antonomasia, probad a insultar a alguien así. Es increíble. Y claro, yo he visto a políticos llamarse nazis los unos a los otros de manera incontrolada. A los de ETA se les llama nazis. Los etarras llaman a su vez nazis a los demócratas. Los demócratas se llaman nazis entre ellos... 

Polémico cuadro


"Discutiendo la Divina Comedia con Dante"
Si deseas fama, pon a Hitler y el éxito está asegurado. En este óleo de 13 metros se reúnen a 103 personajes de la historia universal. Lo pintaron en el año 2006 tres artistas de Taiwan. Podemos ver a Napoleón, Fidel Castro, Gandhi, Einstein... y a Hitler, entre otros. El cuadro esta inspirado en uno de Rafael titulado "La Escuela de Atenas". Lo cierto es que este cuadro está teniendo mucho éxito en blogs y portales de Internet y no son pocos los que se han horrorizado de que Hitler se encuentre incluido. Me pregunto que por qué no incluirlo cuando se trata, no de decidir su catadura moral, sino su influencia en la historia. Y no cabe duda de que Hitler ha sido un hombre influyente. Lo sigue siendo.

Abajo podemos ver mejor al Führer:

Sobre la muerte del presidente Roosevelt


A raíz del anterior post en el que Hitler, según Hoffmann, vaticinó que primero moriría el presidente americano Roosevelt y dijo que su muerte no cambiaría nada. Se ha mencionado escritos en donde se afirma que Hitler pensaba que la muerte del presidente americano era un signo de la Providencia y que los acontecimientos cambiarían el curso de la guerra en favor de Alemania. Esto tiene origen en el famoso libro de Trevor-Roper "Los últimos días de Hitler". Este libro fue publicado recién finalizada la guerra y contiene numerosos errores ya superados por los historiadores más modernos. Trevor-Roper da mucho crédito en su obra a la supuesta afición a los horóscopos de los nazis y en concreto a Goebbels. En este libro se dice que el ministro de propaganda telefoneó a Hitler y le dijo:

- Mi Führer, lo felicito. Roosevelt ha muerto. Estaba escrito en las estrellas que a mediados de abril se produciría el cambio para nosotros. Estamos a viernes 13 de abril. Es el cambio que esperábamos. 

Después, Trevor-Roper hace divagaciones sobre lo increíble de que los líderes nazis creyeran que las estrellas pudieran salvarlos. Lamentablemente los diarios de Goebbels acaban el 10 de abril de 1945. Éstos serían una buena fuente para comprobar la fiabilidad de esos hechos. Poseo dos biografías de Goebbels y en ninguna se menciona el hecho. Lo que sí sabemos es que Hitler no creía en la astrología. Lo dejó bien claro en muchas conversaciones. Ciertamente se sabe que estaba interesado en el tema porque tenía libros sobre astrología. Pero sus declaraciones son determinantes para afirmar que no se dejaba llevar por horóscopos. Tengo la impresión de que ese es un mito muy difundido y que carece de credibilidad. Joachim Fest utiliza la anécdota y tiene como fuente también el libro de Trevor-Roper.

En la biografía de Ian Kershaw aparecen estos comentarios en boca de Hitler:

- Tenemos aquí el gran milagro que siempre he predicho yo. ¿Quién tiene razón ahora? La guerra no está perdida. ¡Léelo! ¡Roosevelt ha muerto!

Kershaw es más cauto y nos dice que es imposible saber si Hitler estaba tan convencido como parecía de que la mano de la Providencia había producido un cambio  en la guerra. También dice que  von Below creía que a Hitler no le había emocionado tanto la noticia como a Goebbels. David Irving ni siquiera recoge la anécdota. Mi impresión es que, aunque fuera cierta, Hitler sabía perfectamente que la muerte del presidente americano no iba a cambiar nada, como apuntó su fotógrafo Hoffmann.

Hitler, la Iglesia y su intuición


Es conocido que Hitler, a pesar de haber nacido bajo el seno de una familia católica, nunca practicó la religión. Sin embargo a Hitler le encantaba visitar las iglesias. Siempre se fijaba entusiasmado en su arquitectura, las pinturas, esculturas... Incluso admiraba la organización de la Iglesia Católica, por haber perdurado durante tantos siglos. Impulsado por su amor al arte, visitó un gran número de iglesias, capillas y conventos. En una ocasión, al salir de una Iglesia, Hoffmann le fotografió bajo una cruz dorada del pórtico. Al fotógrafo le pareció una instantánea interesante y la publicó dentro de su libro "Hitler desconocido". Entonces Hoffmann fue acusado de haber presentado a Hitler como católico practicante. Como es sabido, dentro del partido existía toda una corriente en contra de la religión. El propio Hess le pidió a Hoffmann que retirara la foto de su libro. Sin embargo, Hoffmann era amigo íntimo de Hitler y le explicó al Führer lo ocurrido. Hitler le dijo:








- Es cierto que visito la iglesias. Lo que en ese día eran mis pensamientos, su foto no podría decirlo, ni es usted quien ha colocado la cruz por encima de mi cabeza. Déjelo, por tanto, tal como está; si el pueblo cree que soy devoto, eso no me ocasionará perjuicio alguno...



Hoffmann explica que, aunque Hitler se refiriera en muchas ocasiones a la Providencia, no era un hombre religioso. Dijo que ciertamente parecía que el Führer estaba protegido por la Providencia puesto que fueron muchas las ocasiones en que salvó la vida. Antes de la llegada al poder, arrojaban a Hitler cientos de piedras a la cabeza y ni una le rozó. Según Hoffmann, que viajó con él miles de kilómetros, Hitler se libró de la muerte "por un pelo" muchas veces.

Hitler sin embargo, creía en sus intuiciones. Así pues, antes del suicidio de su sobrina Geli Raubal, Hitler se mostró muy inquieto. También decidió en una ocasión variar sus planes: durante un discurso en la Bruergerbrauekeller presintió algo extraño y se marchó. Poco después explotó una bomba.

Al término de la guerra se suscitó una discusión en torno qué estadista moriría primero.

- Roosevelt caerá el primero -dijo Hitler- y esta muerte no hará cambiar nada.

Quince días después Roosevelt murió.

Hitler sale de la cárcel


Cuando Hitler salió de la cárcel, a finales de 1924, fue llamado su fotógrafo Hoffmann para inmortalizar el suceso. Sin embargo cuando llegó a la fortaleza se encontró con que las autoridades no le permitieron fotografiar. Hoffmann pensó que nunca tenía suerte con Hitler puesto que en los principios políticos a Hitler no le gustaba que le fotografiaran. El fotógrafo esperó a que Hitler saliera. El Führer fue hacia él y le dijo que había tenido suerte y que podía hacer todas las fotos que quisiera. Cuando Hoffmann le contó lo ocurrido Hitler tuvo la idea de hacer las fotos en el exterior de la cárcel. Las fotografías dieron la vuelta al mundo.

¿Qué piensa usted hacer de momento? Preguntó Hoffmann.

- Voy a empezar otra vez desde el comienzo. Pero lo primero que quiero es tener una oficina. ¿Sabe usted algo que sirva para eso, Hoffmann?

Hoffamnn le dijo que conocía un piso con trece habitaciones libres que se alquilaba.  Hitler no se lo pensó dos veces y le dijo:

- Muy bien, eso es precisamente lo que necesito: trece habitaciones. Alquilaré doce.

Según Hoffmann, Hitler era supersticioso. Y así es como nació la famosa Casa Parda, sede del partido. 

                                        

Los proyectos de Hitler











En una ocasión, en 1939, se encontraba Leni Riefenstahl junto a Speer y Hitler. Speer le dijo al Führer:

- Mi Führer, puedo comunicarle la satisfactoria noticia de que, según los resultados de los estudios del suelo, los nuevos edificios de Berlín podrán terminarse en quince años, en lugar de veinte.

Entonces Hitler dijo:

- ¡Quiera Dios que pueda llegar a ver eso y que no me vea forzado a una guerra! Cuando lleguen invitados a visitar la ciudad, deberán recibir de Berlín una impresión extraordinaria.

- ¿Qué clase de árboles vamos a plantar en nuestra calle principal?, preguntó Hitler a Leni.

- Los árboles que vi en París, en los Campos Elíseos. Creo que son plátanos.

- ¿Qué opina usted, Speer? preguntó Hitler

- Me parece bien, dijo Speer

- Plátanos, pues, dijo Hitler satisfecho.

¿Deseaba Hitler la guerra o quería disimular cuando estaba con sus artistas? Hitler tenía tantos proyectos urbanísticos que cuesta creer que pensara a la vez en construir tanto y en una guerra.

Una visita de Hitler


Hitler no era el típico líder de una nación. En privado era humilde y no le importaba ir a visitar a sus amigos a sus casas en vez de recibirlos en la cancillería o en su refugio alpino. Así pues, visitó la casa de Leni Rienfstahl en varias ocasiones. La siguiente escena la podemos leer como una entrevista a Hitler. Resulta muy reveladora de cómo fue Hitler. ¿Quién dijo que Hitler era un hombre reservado? Reproduzco una de estas visitas en boca de Leni:

"En el vestíbulo saludé a Hitler y a su acompañante, Albert Bormann, hermano de Martin Bormann... antes de entrar en la sala de estar, Hitler pidió a su acompañante que le esperase y mi doncella le condujo al bar rústico que se encontraba en el sótano. Entre tanto, Hitler fue conmigo a la espaciosa habitación que era al mismo tiempo sala de proyección.... Hitler parecía estar de excelente humor. Admiró la casa, el jardín, y sobre todo, la instalación interior, lo que me sorprendió un poco, porque tenía un estilo completamente diferente al de sus propias habitaciones.

- ¿Desea usted tomar café o te? le pregunté con cierta timidez.

- Haciendo una excepción, voy a tomar té, pero flojo, porque debo tener cuidado con mi estómago.

Helene había preparado en el jardín, bajo la pérgola cubierta, una mesa de té adornada con flores y sirvió orgullosa la tarta de manzanas hecha por ella misma.

- Raramente sucede -dijo Hitler- que pueda tomarme tiempo y pueda ser durante unas horas una persona privada. Ya se que también es usted muy activa, y apenas puede tener vida privada. Creo -continuó- que usted, lo mismo que yo, trabaja demasiado. Debería cuidarse más.

- Las personas como usted -dijo Hitler- están casi siempre solas. No lo tendrá usted fácil.

- Usted, para ser mujer, es extraordinariamente activa y dinámica. Esto actúa como un reto para muchos hombres y le crea a usted enemigos. También desaprobarán muchos los éxitos de usted y no sólo hombres. Probablemente sabe que incluso a mí me resulta difícil hacerle fácil su trabajo.

- Ya sabe cuánto la admiro y respeto, y es para mi una alegría estar en su compañía, pero desgraciadamente mis obligaciones no me permiten concederme este placer más a menudo.

- ¿Y su vida privada?

- Desde que decidí ser político, renuncié a mi vida privada.

- ¿Le ha resultado difícil?

- Muy difícil -respondió Hitler- especialmente si me encuentro con mujeres bellas que me gusta tener a mi alrededor. Pero no soy el tipo que encuentra placer en las aventuras triviales. ¿Cómo podría compaginar esto con mis obligaciones para con Alemania? ¡Cuánto habría de decepcionar a cualquier mujer, aun cuando la amara!

- Tengo la intención de crear una Alemania fuerte e independiente, un baluarte contra el comunismo, y esto sólo es posible mientras dure mi vida. Después de mi, no vendrá nadie que pueda hacerlo.

- ¿De dónde saca usted esa convicción?

- Es una vocación que percibo dentro de mí todos los días, una convulsión interna que me hace obrar así y no de otra manera...

- ¿Ha sido usted siempre vegetariano?

Dijo que no, y me contó vacilante que, después de un grave shock, nunca más había podido comer carne. Me arrepentí de mi pregunta, pero Hitler continuó diciendo:

- A Geli, mi sobrina, la quise demasiado. Creí que ya no podría seguir viviendo sin ella. Cuando la perdí, estuve días sin comer, desde entonces se me revuelve el estómago cuando veo carne, de la clase que sea.

- ¿Era Geli su primer amor?

Hitler se puso a hablar de mujeres a las que había amado antes de Geli:

- Mis asuntos amorosos - dijo- fueron casi siempre desafortunados. Las mujeres estaban casadas o querían casarse.

Yo no mencioné el nombre de Eva Braun. Pero él dijo que siempre le molestaba que algunas mujeres amenazaran con suicidarse para atarle. Sólo habría podido casarse con Geli. Le pregunté si le gustaba la linda inglesa Unity Mitford que, como sabía todo el mundo, estaba tan enamorada de él. Su respuesta me dejó sin habla:

- Esta muchacha es muy atractiva, pero yo no podría tener nunca una relación íntima con una extranjera, por hermosa que fuera. Mis sentimientos son tan nacionales, que sólo podría amar a una alemana -dijo, y añadió divertido- : ya veo que usted no lo comprende. Por lo demás para un matrimonio sería yo absolutamente inepto, porque no podría ser fiel. Entiendo a los grandes hombres que tienen una querida....

Aquella noche yo había sentido que Hitler me deseaba como mujer."

Fuente: Memorias, Leni Riefenstahl

Un discurso de Hitler


El sábado, siguiendo con la semana Leni Riefenstahl, vi su película "El Triunfo de la Voluntad". Y me fijé en este discurso de Hitler. No pude dejar de pensar en que este hombre fue algo fuera de lo común. Desde la puesta en escena increíble que acompañaba a sus discursos, hasta sus gestos, su característica voz... es fácil imaginar la sensación que debía producir verle.

 David Bowie dijo que Hitler fue en su época como las actuales estrellas del rock. Y no le faltaba razón. El público de Hitler y el de las estrellas del rock reacciona de manera similar. Observad cómo el discurso, con semejante decorado y desarrollado con nocturnidad, resulta impresionante. Ciertamente al observarle vemos que Hitler debió de ser ciertamente muy inteligente puesto que escribía sus propios discursos y utilizaba un lenguaje único. Sabía entonar su voz para provocar respuestas en el público. No solo eso, como se puede ver, Hitler no leía en muchas ocasiones sus discursos. Todo eso forma parte de un talento que no se le puede negar.  Por supuesto, la filmación esta producida por la grandiosidad de Leni Riefenstahl. Sin duda, un documento único en el que podemos ver al Führer en toda su integridad como líder de una nación. 

Objetos personales de Hitler a la venta



En la imagen podemos ver el bastón original de Hitler. El controvertido historiador David Irving va a poner a la venta muchos objetos personales de Hitler. Irving ha sido siempre un gran coleccionista de objetos de Hitler. Debemos considerarle como fuente fiable puesto que fue él quien descubrió la falsedad de los diarios de Hitler que una revista alemana pretendía publicar a principios de los años 80. El caso es que Irving creó una página en Internet para la venta de esos objetos, ya que la situación económica de Irving no es del todo buena. Entre otros, los objetos que están a la venta son:

- Cabellos y huesos de Hitler y Eva Braun
- Un bastón de Hitler (en la imagen)
- Una cuchara de plata que Himmler regaló a Göring con ocasión del nacimiento de su hija.

Muchos de los objetos no son propiedad de Irving. Él simplemente los autentifica y se queda con un 15% de comisión.

Os preguntaréis de dónde han salido unos huesos y cabellos del Führer. Irving dice que los huesos provienen de un coleccionista de Pensylvania que los adquirió a un ex agente del KGB. Los cabellos provienen del peluquero de Hitler, a quien se los arrebató con una cinta adhesiva.

La venta de objetos nazis esta prohibida en Alemania, pero no en Gran Bretaña. El Centro Simon Wiesenthal ha pedido al Reino Unido la prohibición de estas ventas. Pero seguro que existen muchas personas que desean comprar esos objetos. ¿Te gustaría tener en tu salón unos huesos de Hitler?

¡Lo que daría yo por ver París!


Leni Riefenstahl acababa de regresar de París de la Exposición Internacional y fue al Berghof para intercambiar opiniones con Hitler. El Führer siempre se mostraba muy interesado cuando alguien viajaba y hacia constantes preguntas sobre la ciudad visitada. Esto contrasta un poco con la idea que nos han dado de un Hitler solo interesado en Alemania. Pero bueno, como sabemos, Hitler siempre fue un admirador de París. 

- ¡Lo que daría yo por ver París! Pero probablemente esto no se me concederá en la vida. París es la ciudad más bella del mundo. ¡Qué feo es, en cambio, Berlín! Conozco todos los edificios históricos de París hasta el más mínimo detalle. Desgraciadamente sólo por ilustraciones y planos. 

Leni le preguntó entonces por su opinión sobre el pueblo francés:

- El pueblo tiene mis simpatías; cuando era soldado conocí a algunos franceses en la guerra, y les tomé aprecio; pero la nación francesa, que produjo una de las culturas más grandes, se ha vuelo decadente; temo que su época de esplendor ha pasado y que perecerá lentamente. Sólo un gran líder político podría salvar a Francia de la ruina. Me alegraría tener a mi lado a un vecino sano y vigoroso.

Después, la curiosa pareja, salió a dar un paseo. Hitler se detuvo en un punto y señaló en una dirección:

- Mire, allá esta Austria. Siempre que estoy aquí arriba miro hacia allí y suplico al Todopoderoso que me conceda ver el día en que Austria y Alemania  se unan en un gran Imperio Alemán. Sólo por esto he comprado esta casa, porque desde aquí puedo divisar Alemania y Austria. 

- No tomo mis decisiones a la ligera. Antes de entrar a fondo en una cosa, paso días y noches en los que solamente me ocupa esa única cosa. Sacudo los pilares de mis conocimientos básicos y los contemplo con los ojos más críticos y con todos los argumentos que conozco. Ataco mi propia convicción hasta que estoy seguro de que lo negro es negro y lo blanco es blanco. 

Y ¿qué pasa cuando se equivoca? se atrevió a preguntar Leni:

- No creo equivocarme. Uno debe estar firmemente convencido  de sus principios; de lo contrario, no puede crear algo grande. 

Como sabemos, Hitler cumplió sus dos sueños: visitar París y unir Alemania y Austria.

El mito de Hitler y el atleta Jesse Owens













































Se ha comentado mucho el triunfo de Jesse Owens en las Olimpiadas de 1936. Ello dio origen al mito de que Hitler no le quiso dar la mano tras su triunfo. Sin embargo esto no es cierto. Es una leyenda más en torno a Hitler y una falsedad. Veamos lo que dijo Leni Riefenstahl al respecto:

" Karl Ritter von Halt, miembro del Comite Olímpico Internacional Alemán, que ostentaba la dirección general de las competiciones de atletismo ligero, me contó cómo había ocurrido realmente. El primer día de las competiciones, Hitler recibió a los vencedores en la tribuna de honor. Pero le prohibió seguir haciéndolo el presidente francés del Comité Olímpico, el conde Baillet-Latour, porque iba contra el protocolo olímpico. Por ello ya no hubo después ningún apretón de manos con ningún atleta. "

De hecho, Hitler manifestó en muchas ocasiones las cualidades físicas de los atletas negros. Los pseudo-historiadores han echado su imaginación al asunto. Pretenden que Hitler se malhumoró por el triunfo de Owens cuando no es cierto. De hecho, el triunfo de Owens no va en contra de la doctrina racista de Hitler, quien siempre dijo que cada raza tenía sus cualidades. Una cosa es que Hitler fuera racista, y otra muy distinta que fuera tonto. Aunque debemos reconocer que una fotografía de Hitler dando la mano a un hombre negro sí que sería una fotografía curiosa. De todas formas, todos los presidentes de todos los países del mundo se muestran orgullosos cuando sus atletas ganan en las Olimpiadas. Y Hitler no era menos. 

Hitler y los artistas


 Hitler fue un gobernante muy preocupado por el arte. De la misma forma que persiguió a los artistas que no encuadraban en su universo cultural, alentó y protegió a otros muchos. El tiempo que dedicó a la arquitectura y al arte en general nos da una idea de cuáles eran los objetivos de Hitler. Veía la política como un incordio y en cuanto podía se reunía con artistas, entre los cuales se encontraba más cómodo que entre militares y políticos. No hay que olvidar que el mismo Hitler fue un artista, frustrado o no, pero un artista al fin y al cabo. Hitler siempre aprovechaba la más mínima ocasión para pintar o garabatear algo. Hoy vamos a ver su relación con dos artistas muy conocidos de su régimen: Leni Riefenstahl y Arno Breker. Su relación con el arquitecto Albert Speer merece, por supuesto, un apartado especial.
La actriz, bailarina y cineasta Leni Riefenstahl cayó también hipnotizada por el influjo del Führer incluso antes de la llegada al poder de este. Son de sobra conocidas sus obras, El Triunfo de la Voluntad y Olympia. Sin duda esas obras han pasado a la historia del cine. Cualquier aficionado o estudiante de cine ha de conocer sus revolucionarias técnicas. La Riefenstahl sufrió una terrible persecución al término de la guerra. Tanto que ya no pudo ejercer como directora. Difamada y calumniada, tuvo que huir a África para poder expresar su arte. ¿Fue legítima su difamación y su censura sin descanso hasta su muerte? Imaginaos si el nazismo y Hitler nos llaman la atención en la actualidad lo que debió arrastrar en su momento a millones de personas. Leni Riefenstahl no fue diferente del resto de hipnotizados alemanes. Y mantuvo una relación de amistad con Hitler. La pobre Leni tuvo que padecer la persecución durante el resto de su larguisima vida. No hubo día que no le recordaran su amistad y colaboración con Hitler. Supongo que para ella vivir en África fue toda una vía de escape, en donde los nativos desconocían su pasado. En los años 80 escribió sus memorias, en donde abundan vivencias con Hitler. Veamos alguna de ellas:

Navidades de 1935. Leni Riefenstahl es invitada a casa de Hitler, en Múnich:

 Hitler vestía de paisano. Se mostró campechano. La habitación estaba modestamente amueblada y era poco confortable. Había una gran estantería con libros, una mesa redonda con un tapete de encaje y unas sillas.

- Como usted ve, señorita Riefenstahl, no doy valor al confort y a las posesiones. Cada hora que pasa la necesito para resolver los problemas de mi pueblo. Por esto cualquier posesión es una carga para mi, incluso mi biblioteca me roba tiempo, y leo muchísimo. 

- Si uno "da", también debe "tomar" y yo tomo de los libros lo que necesito. Tengo que recuperar mucho. En mi juventud no tuve medios ni oportunidad de crearme una cultura. Cada noche leo uno o dos libros, incluso cuando voy a acostarme tarde. 

- Y ¿cuál es su lectura favorita?, pregunto Leni.

- Schopenhauer.. él fue mi maestro.

- ¿Y no Nietzsche?, preguntó Leni.

- No, con Nietzsche no se qué atenerme. Es más artista que filósofo. No tiene la inteligencia tan clara y transparente como Schopenhauer. Naturalmente, aprecio a Nietzsche como genio; escribe quizá el lenguaje más bello que puede mostrar hoy la literatura alemana, pero no es mi modelo. 

- ¿Cómo pasó usted la Nochebuena? preguntó Leni

- Viajé con mi chófer de un lado para otro por carreteras y pueblos, hasta que me entró sueño. Es lo que hago cada año por Nochebuena. No tengo familia y estoy solo.

- ¿Por qué no se casa?

- Sería un acto de irresponsabilidad por mi parte atar a una mujer a mi. ¿Qué podría ofrecerle? Casi siempre tendría que estar sola. Mi amor pertenece por entero a mi pueblo... Y si tuviera hijos ¿qué sería de ellos si un día la suerte se aleja de mi lado? Ya no tendría ni un solo amigo, y mis hijos tendrían que soportar humillaciones y quizá incluso pasar hambre. 

- Trato de mostrarme agradecido siempre que puedo, porque la gratitud es una virtud que no se practica lo bastante. Tengo a mi lado personas que me ayudaron en años malos y a quienes debo lealtad, aunque no siempre poseen las capacidades que su posición requiere.

Finalmente, en un alarde de sinceridad Hitler le confesó:

- Le confié a usted que nunca me casaría. Esa joven -dijo señalando el busto- es Geli, mi sobrina. La he amado mucho. Es la única mujer con la que habría podido casarme. Pero el destino no lo quiso. 

Arno Breker fue uno de los escultores favoritos de Hitler. Aquí podéis ver alguna de sus obras. Lamentablemente los americanos destruyeron toda su obra. A veces nos quejamos de que los nacionalsocialistas destruyeron obras y quemaron libros. También lo hicieron los americanos. Personalmente la destrucción de la obra de Breker me parece abominable. 


Tengo un libro de gran formato con fotografías de la obra de Breker y con entrevistas con el autor. Al término de la guerra sufrió una persecución y censura similar a la de Leni Riefenstahl.

Veamos alguna opinión de Breker sobre Hitler:

- Hitler había dado la orden incluso de hacer regresar del frente a las personas con talento fuera de lo común, para que pudiesen trabajar en las obras de arte. Y yo, ya era el hombre que debía descubrirles. Él deseaba que la vida artística no se detuviese. Lo quiso hasta el final. Ví a Hitler por última vez en 1944. Me hallaba como de costumbre sentado frente a él Me miraba detenidamente, sin pronunciar una sola palabra. Yo sentía que sus ideas se detenían en los planes gigantescos que deseaba realizar, la transformación de las ciudades... y frente a él se hallaba el hombre capaz de terminar aquello que soñaba. Su cara traslucía una expresión realmente trágica, tanto que parecía transformado. 


Opiniones de Göring


He estado releyendo "Las entrevistas de Núremberg" y me he detenido en el capítulo de Hermann Göring. Resulta interesante oírle para explicarnos un poco la política exterior de Hitler:

Pregunta: Si Hitler hubiera ganado la guerra, ¿cómo sería el nuevo orden?

Göring:

- En realidad, tras la victoria de Francia, Hitler quería poco más. De Francia se habría anexionado Alsacia-Lorena. También quería las antiguas provincias alemanas de Polonia. Del Imperio Británico nunca quiso nada. Si hubieramos ganado la guerra contra Rusia, habríamos acabado con la colosal Rusia soviética y habríamos instaurado un sistema federal. Hitler habría pedido algunas provincias en la región de los Estado bálticos, pero, sin duda, nada más.

Pregunta: ¿Tenía Hitler algún objetivo en Suramérica?



- ¿Y qué iba a querer en Suramérica? En África, lo único que le interesaba eran las antiguas colonias alemanas. Quería una unión de estados europeos bajo liderazgo de Alemania, lo mismo que ahora está haciendo Estados Unidos. Se habría desarrollado un plan en el que el continente europeo quedaría más o menos unido y actuaría en armonía.

Sobre su destitución por Hitler, Göring opinó, a mi modo de ver de forma acertada, que Hitler actuó presionado por los acontecimientos y por Bormann:

- El 22 de abril de 1945 recibí un mensaje en el que me encomendó que me hiciera cargo del Reich. Estaba a punto de hacerlo cuando cambió de opinión.

Pregunta: ¿Siente algún resentimiento hacia Hitler?

- No. Fue en las horas finales y estaba sometido a una enorme presión. Si hubiera podido verle en persona, todo habría sido distinto.

- Para mi hay dos Hitler: uno hasta el final de la guerra con Francia y otro que empieza con la campaña de Rusia. Al principio era genial y agradable. Tenía una fuerza de voluntad extraordinaria y una inusitada influencia sobre la gente. Lo más importante es recordar que el primer Hitler, el hombre a quien conocí, tenía mucho encanto y buena voluntad. Siempre decía la verdad. El segundo Hitler, el que existió desde el comienzo de la campaña de Rusia y vivió hasta su suicidio, siempre era suspicaz, se molestaba con facilidad y estaba tenso. Era desconfiado en grado extremo.

Pregunta: ¿acaso no fue siempre algo desconfiado?

- No. En política le gustaba, por supuesto, guardarse todas sus cartas, pero en el terreno personal no era desconfiado.

Sobre sus últimos días:

- Tenía los nervios deshechos. Le temblaba la mano izquierda y estaba físicamente roto. Sólo su enorme fuerza de voluntad evitó que se derrumbarse.

Fuente: "Las entrevistas de Núremberg" de Leon Goldensohn