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27 de enero de 2013

80 Aniversario de la toma del poder de Hitler

Postal del juramento de Hitler ante von Hindemburg autografiada por él mismo.
- Y ahora, señores míos que Dios los asista.

Con estas palabras el anciano presidente del Reich, von Hindemburg otorgó el poder a Adolf Hitler el 30 de enero de 1933. Se cumplen ahora 80 años. Ya sabemos que en nuestra cultura, se celebran los aniversarios nazis con gran pompa mediática. El nazismo forma parte de nuestra cultura. Todo el mundo lo conoce, incluso mejor que el comunismo, aunque esta fuerza mediática sea para hablar siempre de sus aspectos negativos. Pero se habla sin cesar. Desde aquí siempre he sostenido que para acabar con el nazismo hubiera bastado con enterrarlo en 1945. Pero no ha sido así. 

Adolf Hitler lo había logrado. 14 años de lucha habían sido coronados con éxito. Hitler llegó a afirmar antes de su subida al poder:

- Cuando tenga el poder, si alguna vez lo tengo, nadie se haga ilusiones. No lo dejaré jamás. 

El hecho de que una persona como Hitler alcanzara el poder es un hecho inusual en la historia. Lo había conseguido él solo, siendo un absoluto desconocido apenas unos años atrás. La historia ha tratado de entender este hecho con excusas, como la profunda crisis económica que atravesaba Alemania, las heridas de la última guerra etc. Sin embargo esas "excusas" no sirven para comprender el fenómeno. Se quedan cortas. Porque, al fin y al cabo, son excusas. 

A las 7 de la tarde de ese día, al fondo de la Wilhelmstrasse comenzaron a avanzar los primeros pelotones de SA, con antorchas y cantando. El desfile duró 5 horas. Hitler le saludó desde el balcón de su nuevo despacho. Unas ventanas más allá, se encontraba el presidente von Hindemburg, que como es sabido, siempre fue muy reticente a entregar el poder a Hitler. Sin embargo, ese día, el viejo Mariscal, estaba conmovido por el desfile.
Hitler y Goering saludan desde el balcón de la Cancillería la noche de la toma del poder.

Ese día, Hitler permaneció durante toda la noche en la Cancillería, en una pequeña habitación. Se encontraban con él Goering, Goebbels y su abogado Hans Frank. Según Frank, Hitler estuvo recordando los momentos más importantes de su vida y hablando de sus principios ideológicos. Las declaraciones de Frank han sido recogidas por el historiador Joachim Fest. Naturalmente, debemos de tener en cuenta que las declaraciones de Frank fueron recogidas antes de su ejecución en Nüremberg:

- Presa de una profunda conmoción, se extravió en uno de sus interminables monólogos: evocó la escena del juramento que había tenido lugar durante la mañana, enumeró complacido los propios éxitos, subrayó el estupor de los adversarios "rojos" que quedaron mudos y paralizados, pasó después a extenderse sobre sus principios propagandísticos. Aseguró que nunca había disfrutado tanto como en la última campaña electoral: había, agregó, quien sostenía que podía haberse desencadenado una guerra. Ciertamente, prosiguió,  su aparición en escena era el inicio de la lucha final del hombre blanco, del ario, para dominar todo el mundo. Los no arios, los de color, los mongoles, estaban en decadencia bajo la bandera del bolchevismo para lograr para si tal dominio pero, aquel 30 de enero, había dado comienzo "la máxima revolución racial alemana de la historia universal". Sus visiones se mezclaban con proyectos arquitectónicos: en primer lugar, declaró Hitler, reconstruiría la Cancillería del Reich que actualmente era, según él, "pura y simplemente una caja de cigarros".
Reunión del primer gobierno de Hitler

Tenemos también un interesante documento con las declaraciones de Emmy Göring:

- ... Únicamente me pidió Hermann que ese día por la mañana fuese a llevarle unas flores a Hitler, que seguramente recibiría una gran satisfacción por ello... Unos ayudantes me condujeron al cuarto de Adolf Hitler en el Kaiserhof. El nuevo canciller se hallaba de pie a la ventana, encerrado en un mutismo grave. Parecía ajeno a todos los que le rodeaban. Se diría que era un hombre aturdido o estupefacto. Lentamente se volvió hacia mi y, con gesto casi solemne, me tomó las flores. Los ayudantes habían ido dejando en una pieza contigua todos los ramilletes de flores por él recibidos, de los que o le habían presentado ninguno todavía. "Son las primeras flores -dijo cohibido, pero afectuoso-. Y usted es la primera mujer que me felicita; de lo que me alegro." Después de una larga pausa, añadió con aire distante: "Ahora va a ver el mundo que yo no podía ser un vicecanciller, de ningún modo. ¡Si hasta los camaradas no me comprendían!" Hablaba como si continuase un monólogo iniciado antes de mi llegada. Por un buen rato seguimos callados. Cuando me di cuenta de que aquel hombre quería quedarse ya solo, me adelanté en puntillas hasta la puerta, al tiempo que le oía decir en voz baja; "Si, ahora deben dejarme algún tiempo solo".

Curiosamente, este episodio de las flores que nos narra Emmy Göring, el historiador John Toland lo narra pero con Frau Goebbels.

El mismo Toland narra lo siguiente:

- Hitler cenó tarde con Hess, Goering, Goebbels, Röhm y Frank en un pequeño salón privado. Habló y habló sin parar. "Alguna fuente extranjera me ha llamado hoy 'Anticristo'. Lo único anti que soy es 'anti-Lenin". Según Frank, Hitler añadió que esperaba ganarse el apoyo de Hindenburg a su bando. El Anciano Caballero ha quedado muy complacido cuando le he dicho que lo serviría como canciller tan lealmente como en la época en que fui soldado y él era mi héroe.

Ian Kershaw, en su biografía de Hitler, asegura que Hitler "contra todo pronóstico, la obstinación agresiva (nacida de la falta de alternativas) había dado fruto. Lo que había sido incapaz de conseguir por sí solo, lo habían conseguido por él sus "amigos" de puestos elevados". El 'don nadie de Viena', el 'soldado desconocido', el agitador de cervecería, jefe de lo que durante muchos años no fue más que un partido de las márgenes lunáticas de la política, un hombre que no tenía ningún tipo de credenciales para dirigir una maquinaria estatal compleja, siendo prácticamente una cualidad su destreza para hacerse con el apoyo de las masas nacionalistas, en las que era capaz de avivar los más bajos instintos con un talento excepcional, pasaba a hacerse cargo del gobierno de uno de los principales estados de Europa."

Como de costumbre, Kershaw deja su huella personal en sus escritos. Kershaw nos habla de "falta de alternativas" para justificar la subida al poder de Hitler. Me parece muy cínico, puesto que la Alemania de los años 20 era un hervidero político. El nacionalsocialismo tuvo que competir con muchos partidos políticos. Por otra parte, decir que Hitler era incapaz de conseguir solo su ascenso al poder y que lo habían conseguido "sus amigos de puestos elevados" es otra mentira. Lógicamente, nadie sube al poder solo. Eso es un hecho. Pero solo la firme voluntad de Hitler fue capaz de conseguir sus triunfos. Por supuesto, Hitler supo como nadie rodearse de la gente adecuada y es cierto que incluso tuvo que hacer algunas concesiones (iniciales, por cierto) a grandes empresarios y militares. ¿Pero qué alternativa tenía?
Postal firmada por Hitler, junto a Hindenburg

Tampoco estoy de acuerdo en que el NSDAP fuera un partido incapaz de "dirigir una maquinaria estatal compleja". De hecho, la rapidez de la toma de medidas de Hitler nos sugiere que estaba perfectamente preparado para ejercer el poder. EL NSDAP ya funcionaba como un estado y Hitler no tuvo más que organizar los diferentes estados alemanes como si se trataran de su partido.

Hitler dijo en sus conversaciones privadas:

- Si no hubiésemos conquistado el poder en 1933, la ola de los hunos se hubiera abatido sobre Europa, pues entonces Alemania era incapaz de detenerla. Nadie lo sospechaba, pero estábamos al borde de la catástrofe.

- Si Alemania no hubiera tenido la suerte de que tomara yo el poder en 1933, hoy Europa no existiría. En efecto, en cuanto estuve en el poder, no tuve más que una idea: armar. Así fue posible que el verano pasado adoptase la decisión de atacar a Rusia.

- No me sentiría con derecho a exigir a cada uno el sacrificio supremo, si yo mismo no hubiera hecho toda la guerra del 14 en primera línea.


24 de noviembre de 2012

La formación de Hitler y opiniones de sus colaboradores

Como sabemos, Hitler fue una persona autodidacta. Acostumbraba a decir que los años de guerra significaron para él como "treinta años de universidad". En Mein Kampf dijo que "Viena constituyó siempre la escuela de mi vida. Allí nacieron los fundamentos de mi concepción del mundo en general y de mi método de análisis político en particular. Estos conocimientos no me abandonaron jamás, aunque más tarde me vi obligado a ampliarlos". A los estudios literarios se dedicó especialmente en la prisión de Landsberg a la que él llamó "su universidad por cuenta del Estado".

Según Maser "Hitler no se limitó a almacenar los resultados de sus estudios, sino que aprendió a valorarlos de un modo consecuente hasta convertirlos en directrices de su propia vida"

En 1921 Hitler declaró: "Desde los 20 a los 24 años me ocupé cada vez más de los problemas políticos, pero en vez de asistir a reuniones, me dedicaba al estudio intensivo de las teorías económicas y de la bibliografía antisemita que en aquella época podía encontrar.. A partir de los 22 años me ocupé preferentemente de los escritos político-militares, pero sin dejar nunca el estudio de la historia universal".

Según varios testigos, Hitler empezó ya en los últimos años de escuela a estudiar por su cuenta obras especializadas, que no tenían nada que ver con las asignaturas de clase. Maser afirma que Hitler estudió lírica alemana. Tras el inicio de su carrera política Hitler lee novelas solo para distraerse. Los campos que más dominaba fueron la arquitectura, el arte, la historia y la técnica. También poseía grandes conocimientos de música, historia de la cultura, historia de las religiones, biología y medicina. 

Su otorrinoralingólogo dijo sobre él: "Poseía una capacidad asombrosa para comprender los nuevos temas médicos, tal como pude comprobar en el curso de una conversación sobre un libro de otología que él había leído en cierta ocasión... su formación médica general era sorprendente, lo mismo que su buena orientación. Conocía la relación existente entre los coágulos sanguíneos y los trombocitos, así como la influencia de la nicotina sobre los vasos coronarios o la posible relación entre una inflamación maxilar y la dentadura. De las sulfamidas y la penicilina sabía asimismo lo más importante".

En una ocasión Hitler declaró que aprovechaba las primeras horas de las mañanas y las últimas de la noche para estudiar libros importantes. El doctor Morell dijo de él: "La formación general de Hitler adolecía de la falta de una auténtica preparación universitaria que él intentaba compensar apropiándose de la mayor cantidad posible de conocimientos de toda índole adquiridos a través de la lectura". Josef Popp, su casero, vio varias veces a Hitler leyendo a Schopenhauer y Platón. En muchas ocasiones Hitler recurría  a citas y textos enteros de Schopenhauer.

 Jodl declaró poco antes de morir:

 "Gracias a sus conocimientos y a su inteligencia, a su palabra y a su voluntad, conseguía salir siempre triunfante en cualquier clase de discusión. Sus pensamientos eran una mezcla extraña de lógica y sobriedad, de escepticismo y fantasía; unas veces era capaz de adivinar el futuro pero otras se equivocaba. A mi particularmente me causó mayor admiración en el invierno de 1941-42, cuando gracias a su fe y su energía, consiguió afianzar el débil frente oriental. Hitler no era "ningún charlatán, sino una personalidad gigantesca que al final adquirió unas dimensiones infernales; pero anteriormente había sido verdaderamente grande, una personalidad gigantesca, aunque con ciertas reservas. Por desgracia, yo no ejercía sobre el Führer la influencia que por mi rango me correspondía. El motivo era su poderosa personalidad, propia de un hombre incapaz de tolerar los consejos."

Dönitz dijo de Hitler:

" Una personalidad poderosa... con una inteligencia y actividad extraordinarias, formación universal, aspecto vigoroso y una fuerza increíblemente sugestiva. No visitaba... con más frecuencia el cuartel general porque creía que de esta manera conservaba mejor mi energía y porque a los pocos días de permanecer en dicho cuartel general tenía la impresión de tener que inclinarme ante su fuerza sugestiva."

Walter Funk:

" Ya desde el primer encuentro me causó la impresión de una personalidad extraordinaria. Comprendía al instante todos los problemas y poseía una gran facilidad para expresarlos con elocuencia y abundancia de gestos."

Hermann Göring:

" La política exterior era uno de los temas sobre los que tenía ideas particulares... la política exterior por un lado y la dirección del ejército por otro eran los temas que más interesaban al Führer y los que mayor tiempo le ocupaban. Se preocupaba hasta de los detalles más insignificantes. En algunas ocasiones mandaba que le trajeran documentos, sin que los expertos pudieran adivinar cuáles eran sus motivos; otras veces exponía sus intenciones a los especialistas, pidiéndoles que le proporcionaran cuantos documentos y pruebas encontraran sobre el asunto. La decisión final siempre la tomaba él."

Keitel:

"Estaba tan bien informado sobre la organización, armamento, dirección y equipo de todos los ejércitos y de todas las flotas del mundo que era imposible cogerle en un error. Durante la guerra estudiaba por las noches las obras de Moltke, Schlieffen y Clausewitz. Ello nos inducía a pensar: esto solo lo consigue un genio. Incluso en los detalles más nimios relacionados con la organización y demás problemas diarios del ejército solía ser yo el discípulo en vez del profesor".

Raeder:

"Hitler hablaba mucho, le gustaba divagar, pero siempre perseguía un objetivo concreto con cada uno de sus discursos, objetivo que variaba según el círculo de oyentes. Era un maestro de la fanfarronería, igual que lo era de la dialéctica. Empleaba expresiones fuertes, dependientes a su vez del objetivo que quisiera alcanzar; hacía trabajar a su fantasía y en muchos de sus discursos se contradecía a si mismo. Nunca se podía saber de antemano cuáles eran sus intenciones y su meta final. Nunca pedía consejo, sino se limitaba a dictar las órdenes sin discusión."

Hjalmar Schacht:

"Hitler leyó muchísimo, adquiriendo una ingente cantidad de conocimientos con los que hacía juegos malabares durante los debates y discursos. En cierto aspecto no cabe la menor duda de que se trataba de un hombre genial. Tenía ideas que jamás se le habrían podido ocurrir a otra persona y que eran las apropiadas para salir de ciertas dificultades, a veces de un modo sencillo y a veces de un modo brutal. Era un psicólogo de masas excepcional con una genialidad diabólica. "




Cambiando de asunto, agradecer a mi amigo Pedro el envío de este regalo:

Se trata de un libro original del III Reich de la serie "Deutschland im Kampf" del año 1943. Pertenece a una serie de libros editados por el  Ministerio de Propaganda en donde se analizaba el día a día de la guerra. Muchas gracias, amigo Pedro. Eres muy amable.



En las últimas semanas  se están produciendo discusiones en el blog que a veces llegan al insulto. He eliminado algún comentario (uno por decisión del lector) difamatorio. Ya me conocéis. No me interesan las discusiones eternas porque no llevan a ningún sitio. Me habéis pedido también un post sobre Hitler y la raza. Lo he pensado muchas veces pero me parece arriesgado, habida cuenta de la polémica. Como sabéis, no me gusta hablar sobre la "cuestión judía". Y si voy a publicar un post sobre Hitler y el racismo, es obvio que debería tratar el tema de los judíos, ya que casi todas las referencias que tenemos sobre Hitler y el racismo son sobre los judíos. A veces incluso llego a la conclusión de que Hitler fue más antisemita que racista. Encontramos elementos racistas en el ideario hitleriano pero, básicamente, su ideología fue antisemita. Y no pretendo hacer de este blog un lugar antisemita ni de debate sobre tan espinoso asunto. Se que es una contradicción, pero me considero una persona muy respetuosa y me gusta que el blog sea un lugar neutral y amable. Sí os rogaría un poco de respeto hacia opiniones contrarias. Debe de haber cientos de blogs y foros en los que tratar esos asuntos. Espero que la calma llegue a los lectores y que éste sea un lugar de encuentro en donde lo que nos une sea más que lo que nos separa.

16 de mayo de 2009

Göring Mi Marido

Göring mi marido - Emmy Göring

He terminado de leer Göring mi marido. Se trata de una edición limitada de 1500 ejemplares y ciertamente el libro no ha tenido mucha difusión ni publicidad, a pesar de lo atractivo que es, además de estar presentado en una buena edición. Lógicamente no hay que esperar de este libro críticas a Göring sino todo lo contrario. Emmy Göring defiende a su marido con uñas y dientes y, por supuesto, tuvo todo el derecho del mundo a hacerlo. Al terminar el libro, la sensación que transmite la señora Göring es de la gran bondad de Hermann Göring y de las tremendas injusticias que se cometieron con él. Por supuesto, eso no es incompatible con haber sido el segundo personaje del III Reich. Son sus memorias y ella lo cuenta todo bajo su punto de vista. Así que nadie se espere ni una sola crítica a Hermann Göring, aunque sí alguna hacia Hitler y el III Reich, cosa lógica teniendo en cuenta la terrible situación en la que se encontró la familia Göring al final de la guerra y durante la terrible posguerra.


Me gustaría centrarme primero en lo que se refiere a Hitler y después comentar algo más respecto a Göring, siempre a través de la perspectiva de Emmy Göring. Ella separa dos personalidades distintas en Hitler: una primera, con un Hitler simpático y con ganas de devolver la dignidad al pueblo alemán y otra a partir del estallido de la guerra en el que nos presenta a un Hitler inaccesible. Emmy simplifica esto en esta frase:

"Su humor era fácil y natural y su cordialidad y optimismo eran todavía desbordantes. Por ello vería como tragedia la evolución de su carácter pasado el tiempo. Bien es verdad que el exceso de trabajo que su cargo le imponía habría tenido mucho que ver en ello."



Así veía Emmy al Hitler antes de la toma del poder:


"No se puede decir que el espectador advirtiese en él nada anormal, nada que guardase relación con el presunto poseso, con el energúmeno. Era tan sólo un hombre que sabía lo quería y que estaba seguro de alcanzar su objetivo. Poseía una constancia y una tenacidad que había acreditado ya en el año 1932. Era un convencido de su propio mesianismo, de que tenía y que podía salvar a Alemania y que a ello estaba llamado."



A pesar de que Hitler se sentía en la obligación de salvar a Alemania, no por ello dejó de lamentarse en muchas ocasiones las molestias que le ocasionaba su tremenda fama. Según Emmy a Hitler no le gustaba que le presentaran como a un semidiós  pues "es bien sabido que tal endiosamiento repugnaba a la condición íntimamente modesta de Hitler. Lo digo porque más de una vez pude darme cuenta de que tantos cuidados y tan extremadas precauciones le ponían nervioso". Esto lo dice Emmy por las medidas de seguridad a las que sometían a Hitler. Así que a Hitler le gustaba relajarse en casa de los Göring y solía decir:



- Qué aliviado se siente uno al entrar aquí a descansar un rato!. Todo el día estoy oyendo voces de hombres junto a mi. Se que me quieren y se preocupan por mi, pero ustedes no pueden imaginarse lo fatigoso que esto se hace.


Otros detalles de la vida privada de Hitler:
- Me parece obligado dejar aquí constancia de que Hitler, ni en la esfera privada, ni más tarde en la Cancillería del Reich, ha pretendido nunca imponerles a sus invitados un régimen vegetariano, sino que por el contrario les hacía servir con largueza y sin apartarse de los menús tradicionales. Ni siquiera le halagaba que el correligionario político por él invitado a tal o cual restaurante pidiese un plato de verduras o legumbres por no desentonar del mismo Hitler, que normalmente se los hacía servir.




Otro aspecto del carácter de Hitler nos lo cuenta Emmy con la siguiente anécdota. Helmut Brückner, primer ayudante del Führer durante muchos años, sufrió un accidente y resultó gravemente herido. Hitler acudió al hospital para seguir el proceso de su ayudante y mientras esperaba por las salas del hospital no dejaba de pasear arriba y abajo. Tenía los ojos arrasados por las lágrimas y no dejaba de lamentarse "¡Mi buen Brückner! ¡Quiera Dios sacarle con bien de la operación!". En esta anécdota encontramos a un Hitler sensible que se preocupa por los suyos de una manera muy humana.
En boca de Hitler tenemos también una frase que pronunció y que le resultaría fatídicamente premonitoria:

- Hay que ver las cosas inverosímiles que la gente cree; a veces dan crédito a noticias e informaciones en las que no hay una palabra de verdad. ¡Qué tonterías no dirán un día los periódicos sobre nosotros y nuestra labor cuando ya no estemos en vida para rectificarlas!...

Resulta interesante algún comentario que hace Emmy sobre la guerra. En especial cuando asegura que Hitler declaró la guerra a Rusia "basándose en numerosos informes que le persuadieron de la inminencia de una invasión preparada por los rusos. De ahí la calificación de guerra preventiva que le dio a su ataque a Rusia.". También habla Emmy sobre otros aspectos de la guerra, como la huida de los ingleses en Dunquerque. Para Emmy esta claro que Hitler pudo aniquilar al ejército inglés si se lo hubiera propuesto pero que les permitió la retirada para "no cercenar la oportunidad de llegar todavía a una alianza con los ingleses". Durante mucho tiempo aun después de estallada la guerra, Hitler no quiso admitir una guerra con los ingleses. "Hitler se comporta como si la guerra con Inglaterra no existiera; para él no hay tal guerra."

Finalmente el libro de Emmy trata sobre la distancia que se tornó más grande entre Hitler y Göring a medida que avanzaba la guerra. A pesar de todos los reveses, Hitler nunca destituyó a Göring sino in extremis y motivado seguramente por una confusión y la precipitación de los acontecimientos finales.
La última parte de libro resulta realmente penosa de leer por la compasión que provoca la terrible situación de los Göring al final de la guerra. Son realmente emotivos los pasajes que relata Emmy sobre el encarcelamiento de su marido y la nueva situación a la que tienen que someterse ella y su hija. Al final uno se queda con la sensación de que Hermann Göring fue una persona bonachona, de muy buen carácter, muy buen esposo y padre de familia y al que su esposa defiende con uñas y dientes durante todo el libro. Y, por supuesto, ella estuvo en su derecho de hacerlo. Es recomendable leer el libro bajo esa premisa. 

10 de mayo de 2009

El Testamento de Hitler





Reproduzco el testamento político de Hitler. En las imágenes podemos ver copias del original, tal y como fue redactado por Hitler. Abajo la traducción. Suele ocurrir que en muchos libros no lo incluye entero. Ciertamente el testamento nos indica claramente que Hitler, a pesar de su deterioro físico, conservaba íntegras sus facultades mentales.


MI TESTAMENTO POLITICO

Desde 1914, cuando como voluntario realicé mi modesta contribución a la guerra mundial impuesta al Reich, han pasado ya más de 30 años. En estas tres décadas, sólo el amor que siento hacia mi pueblo y la lealtad que me inspira han guiado mi persona y mis pensamientos m, mis actos y mi vida. Me ha dado la fuerza necesaria para tomar las decisiones más graves jamás impuestas a un mortal. He agotado todo mi tiempo, mis energías y mi salud en estas tres décadas. No es cierto que yo o cualquier otra persona en Alemania deseáramos la guerra en 1939. Ésta sólo la deseaban y la instigaron aquellos estadistas internacionales que eran de origen judío o bien trabajaban para los intereses judíos. Yo he realizado numerosas propuestas de limitación y control de armamentos que la posteridad no podrá negar eternamente para que la responsabilidad de haber iniciado la guerra recaiga sobre mí. Además, nunca he deseado que, después de la primera y trágica guerra mundial, hubiera una segunda contra Inglaterra, por no decir Norteamérica. Los siglos pasarán, pero de las ruinas de nuestras ciudades y nuestros monumentos artísticos, el odio volverá a crecer de nuevo hacia las personas en última instancia responsables, hacia aquellos a quienes tenemos que agradecer todo esto: el pueblo judío internacional y aquellos que lo ayudan.

Tan sólo tres días antes del estallido de la guerra germano-polaca, le sugerí el embajador británico en Berlín una solución para el problema alemán similar a la adoptada para el distrito de Saar, bajo control internacional. Tampoco esa oferta se puede negar. Su rechazo se debió únicamente a que las personas que tienen una influencia decisiva en la política británica deseaban la guerra, en parte porque esperaban ventajas comerciales, en parte por la influencia de la propaganda organizada por los judíos internacionales. También dejé claro que si, volvía a contemplarse nuevamente a los pueblos de Europa como meros accionistas de los conspiradores internacionales del dinero y las finanzas, entonces las personas verdaderamente culpables de esta guerra asesina tendrían que responder por ello: los judíos. Tampoco dejé ninguna duda de que esta vez no debía suceder que millones de hijos de las naciones europea y aria murieran de hambre, que millones de hombres adultos fallecieran y cientos de miles de mujeres y niños fueran abrasados y bombardeados hasta la muerte en las ciudades, sin que los verdaderos responsables pagaran por su culpa, aunque fuera de una forma más humana.

Después de seis años de “lucha” que, a pesar de todos los reveses, pasarán a la historia como una de las manifestaciones más gloriosas y valientes del deseo de supervivencia de una nación, no puedo abandonar la ciudad que es la capital de mi país. Dado que nuestras fuerzas son demasiado pequeñas para seguir oponiéndose al ataque enemigo en esete lugar y dado que el valor de la resistencia personal está viéndose reducido y tergiversado por la actuación de personas sin principios, deseo que, al permanecer en esta ciudad, mi destino se sume al que millones de otras personas han asumido también el suyo.

Además, no quiero caer en manos de unos enemigos que, para entretenimiento de las masas alimentadas por la propaganda del odio, esperan un nuevo espectáculo organizado por los judíos. Por lo tanto, he decidido permanecer en Berlín, y en este lugar, escoger la muerte voluntaria en el momento en que crea que la sede de la oficina del Führer y a la vez Canciller no pueda seguir siendo defendida. Muero con el corazón lleno de alegría consciente de las inconmensurables acciones y gestas de nuestros soldados en el frente, de nuestras mujeres en casa, de los logros de nuestros campesinos y obreros y de la contribución, única en la historia, de las juventudes que llevan mi nombre.

No hace falta decir el agradecimiento que, en el fondo de mi corazón, siento hacia todos ellos, y que es mi deseo que, a pesar de todo, no abandonen la lucha bajo ninguna circunstancia, sino que sigan batallando contra los enemigos de la Patria allí donde estén, fieles a los principios del gran Clausewitz. Del sacrificio de nuestros soldados y de mi propia camaradería con ellos hasta la muerte, de una u otra forma, un día crecerán en la historia de Alemania las semillas de un glorioso renacimiento del movimiento nacionalsocialista y, por lo tanto, de la realización de una verdadera comunidad nacional.

Muchos hombres y mujeres de gran valor han decidido que su vida dependa de la mía hasta el final. Les he pedido y, finalmente, ordenado que no lo hagan, y que sigan adelante con la lucha de la nación. Pido a los comandantes de los ejércitos, de la armada y de las fuerzas aéreas que refuercen de todas las formas posibles el espíritu de resistencia de nuestros soldados en el espíritu del nacionalsocialismo, poniendo especial énfasis en el hecho de que yo mismo, como fundador del movimiento, también he preferido la muerte a una cobarde huída o, peor aún, una capitulación.

Que un día pase formar parte del código de honor del oficial alemán, como yo lo forma del de nuestra armada, el principio por el cual la rendición de un distrito o ouna población resulte impensable y por el que, por encima de todas las cosas, los líderes deban dar brillante ejemplo de devoción a su tarea hasta la muerte.

Antes de morir, expulso al antiguo mariscal del Reich Hermann Goering del partido y lo privo de todos los derechos de que pueda gozar en virtud del decreto de 29 de junio de 1941, y también en virtud de mi proclama en el Reichstag el 1 de septiembre de 1939. Nombro en su lugar al gran almirante Doenitz presidente del Reich y comandante supremo de las fuerzas armadas.

Antes de morir, expulso al anterior jefe de las SS del Reich y ministro del Interior, Heinrich Himmler, del partido y de todos su cargos estatales. En su lugar nombro al Gauleiter Karl Hanke como jefe de las SS y de la Policía alemana, y al Gauleiter Paul Giesler ministro del Interior del Reich.

Goering y Himmler han causado un daño inconmensurable al país y a toda la nación, al negociar en secreto con el enemigo sin mi conocimiento y contra mi voluntad, y al intentar hacerse ilegalmente con el poder del Estado, por no hablar del acto de deslealtad hacia mi persona. Para dar al pueblo alemán un gobierno compuesto de hombres honorables, un gobierno que cumpla su cometido de continuar la guerra con todos los medios disponibles, nombro como líderes de la nación a los siguientes miembros del nuevo gabinete:

Presidente del Reich: Doenitz
Canciller del Reich: Doctor Goebbels
Ministro del Partido: Bormann
Ministro de Asuntos Exteriores: Seyss-Inquart
Ministro del Interior: Gauleiter Giesler
Ministro de la Guerra: Doenitz
Comandante en jefe del Ejército: Schoerner
Comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas: Greim
Jefe de las SS y de la Policía Alemana: Gauleiter Hanke
Economía: Funk
Agricultura: Backe
Justicia: Thierack
Educación y Culto Público: Doctor Scheel
Propaganda: Doctor Naumann
Finanzas: Scwerin-Crossigk
Trabajo: Doctor Hupfauer
Municiones: Saur
Líder del Frente de los Trabajadores Alemanes y miembro de Gabinete del Reich: ministro del Reich Doctor Ley.

Aunque alguno de estos hombres, como Martin Bormann o el Doctor Goebbels, etc., junto con sus esposas, se han sumado a mi iniciativa por voluntad propia y no quieren abandonar la capital del Reich bajo ningún concepto, sino que están dispuestos a perecer aquí conmigo, debo pedirles, sin embargo, que obedezcan mis exigencias y que, en el caso presente, antepongan los intereses de la nación a sus propios sentimientos. Con sus obras y su lealtad seguirán estando cerca de mí después de mi muerte como camaradas, igual que espero que mi espíritu siga entre ellos y siempre los acompañaré. Que sean duros, pero no injustos; sobre todo, que no permitan nunca que el miedo se convierta en consejero de sus actos y que estimen el honor de la nación por encima de todo lo demás en el mundo. Por último, que sean conscientes del hecho de que nuestra tarea de edificación de un estado nacionalsocialista es obra de los siglos venideros y que ello impone a todas las personas la obligación de servir siempre al interés común y subordinar a él su propia ventaja. A todos los alemanes, todos los nacionalsocialistas, hombres, mujeres, a todos los soldados de las fuerzas armadas, les pido que sean fieles y obedientes hasta la muerte al nuevo gobierno y a su presidente.

Sobre todo, encargo a los líderes de la nación y a las personas a su mando que observen escrupulosamente las leyes raciales y que se opongan sin piedad al envenenador universal de todos los pueblos: los judíos internacionales.

Berlín, 29 de abril de 1945 4 h 00 minutos Adolf Hitler

1 de marzo de 2009

Opiniones de Göring


He estado releyendo "Las entrevistas de Núremberg" y me he detenido en el capítulo de Hermann Göring. Resulta interesante oírle para explicarnos un poco la política exterior de Hitler:

Pregunta: Si Hitler hubiera ganado la guerra, ¿cómo sería el nuevo orden?

Göring:

- En realidad, tras la victoria de Francia, Hitler quería poco más. De Francia se habría anexionado Alsacia-Lorena. También quería las antiguas provincias alemanas de Polonia. Del Imperio Británico nunca quiso nada. Si hubieramos ganado la guerra contra Rusia, habríamos acabado con la colosal Rusia soviética y habríamos instaurado un sistema federal. Hitler habría pedido algunas provincias en la región de los Estado bálticos, pero, sin duda, nada más.

Pregunta: ¿Tenía Hitler algún objetivo en Suramérica?



- ¿Y qué iba a querer en Suramérica? En África, lo único que le interesaba eran las antiguas colonias alemanas. Quería una unión de estados europeos bajo liderazgo de Alemania, lo mismo que ahora está haciendo Estados Unidos. Se habría desarrollado un plan en el que el continente europeo quedaría más o menos unido y actuaría en armonía.

Sobre su destitución por Hitler, Göring opinó, a mi modo de ver de forma acertada, que Hitler actuó presionado por los acontecimientos y por Bormann:

- El 22 de abril de 1945 recibí un mensaje en el que me encomendó que me hiciera cargo del Reich. Estaba a punto de hacerlo cuando cambió de opinión.

Pregunta: ¿Siente algún resentimiento hacia Hitler?

- No. Fue en las horas finales y estaba sometido a una enorme presión. Si hubiera podido verle en persona, todo habría sido distinto.

- Para mi hay dos Hitler: uno hasta el final de la guerra con Francia y otro que empieza con la campaña de Rusia. Al principio era genial y agradable. Tenía una fuerza de voluntad extraordinaria y una inusitada influencia sobre la gente. Lo más importante es recordar que el primer Hitler, el hombre a quien conocí, tenía mucho encanto y buena voluntad. Siempre decía la verdad. El segundo Hitler, el que existió desde el comienzo de la campaña de Rusia y vivió hasta su suicidio, siempre era suspicaz, se molestaba con facilidad y estaba tenso. Era desconfiado en grado extremo.

Pregunta: ¿acaso no fue siempre algo desconfiado?

- No. En política le gustaba, por supuesto, guardarse todas sus cartas, pero en el terreno personal no era desconfiado.

Sobre sus últimos días:

- Tenía los nervios deshechos. Le temblaba la mano izquierda y estaba físicamente roto. Sólo su enorme fuerza de voluntad evitó que se derrumbarse.

Fuente: "Las entrevistas de Núremberg" de Leon Goldensohn

1 de octubre de 2008

Hitler y sus amigos


Mucho se ha hablado de Hitler como un ser solitario y sin amigos. No es cierto. A Hitler nunca le gustó estar sólo. Necesitaba estar constantemente rodeado de gente. De hecho, tengo la impresión de que detestaba la soledad. También es habitual oír que Hitler era una persona enigmática. ¡Nada más lejos de la realidad! Hitler hablaba sin parar y no tenía el menor problema en hablar de su propia vida. En realidad se ha hecho su figura enigmática, para que los historiadores puedan adornar sus historias con muchas dosis de fantasía. Pero no hay muchos enigmas en lo concerniente a su personalidad. En una ocasión dijo:

"No soy un hombre solitario; ¡tengo el mejor amigo del mundo, tengo a Göring!" ("Göring", David Irving)

Llama la atención que un hombre de la posición de Hitler, prefiriera siempre la compañía de sus empleados a la de grandes estadistas, principes o ministros. A excepción de Mussolini, nunca le gustó la compañía de políticos ni estadistas. Resulta realmente curioso ver cómo Hitler prefería comer en compañía de sus empleados. En ese sentido, fue un líder muy cercano a su pueblo. Bastaba contratar a una secretaria o una cocinera, para que ésta fuera parte del séquito del Führer. 

Su fotógrafo escribió un libro llamado "Yo fui amigo de Hitler". En verdad fueron muy amigos. Hitler se reía mucho con las ocurrencias de Hoffmann. En una ocasión Hitler llegó a decir "Cuando Hoffmann se ausenta por unos días, le echo de menos". Su secretaria le respondió que Hoffmann estaría encantado de saber eso y Hitler le respondió que ya lo sabía. Eso nos aleja mucho de un Hitler frío y distante. 

Albert Speer repitió hasta la saciedad que Hitler fue su amigo. Pero todos los comentarios de Speer deben mantenerse en cuarentena porque se pasó media vida intentando salvar su pellejo. No obstante, es cierto que pasaron muchos ratos juntos y que Hitler se relajaba mucho en su presencia. Trabajaron mucho juntos haciendo proyectos y Hitler siempre le prefería porque podían hablar durante horas de arquitectura. 

Pero Hitler siempre prefirió la compañía de sus secretarias y servicio doméstico. De ahí que hayan proliferado las memorias de varios de ellos. Estas memorias resultan muy valiosas para conocer la personalidad de Hitler. Las citaré a menudo. 

Las obligaciones de la guerra dejaban muy poco tiempo libre a Hitler. Su única relajación era estar en compañía de su perra Blondi, de Eva Braun y de sus secretarias. Un día les dijo: "Ya no me queda más que estas pocas horas que paso con ustedes cada noche."