Mostrando entradas con la etiqueta París. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta París. Mostrar todas las entradas

6 de octubre de 2011

Hitler en Francia en 1941 - Coleccionismo

Últimamente estoy adquiriendo objetos relacionados con el III Reich:
Un ejemplar del coleccionable Weltkrieg correspondiente a la visita de Hitler a París, que contiene fotos muy interesantes como estas:






La  revista española "Destino",  con el famoso montaje de fotos de Hitler desde que era un bebé hasta su final:
Cuatro sellos italianos conmemorativos de Hitler y Mussolini:


Y un libro que llevaba tiempo queriendo tener,  un Mein Kampf original:


El ejemplar data de 1933 y, para tener casi 80 años, está bien conservado, si exceptuamos el lomo, que esta un poco deteriorado. 

Parece buen momento para adquirir objetos personales de Hitler ya que se va a celebrar a finales de octubre en la famosa casa de subastas "Herman Historica München", la subasta de muchos objetos personales de Hitler:
Anteojos de Hitler con un precio de salida de 4800 euros

Salero con las iniciales de Hitler por 2000 euros

Caja en plata por un valor de 10.000 euros

5000 Euros por la lámpara que Hitler tenía en su apartamento de Múnich



Insignia de las juventudes hitlerianas en oro, diamantes y rubíes valorada en 22.000 euros


También se van a subastar joyas y una lujosa edición del Mein Kampf que Hitler dedicó a Rudolf Hess y que es el objeto de deseo de la subasta. Para poder adquirir cualquier objeto, el comprador se compromete a utilizar los objetos para uso exclusivo de investigación histórica. Bueno, ya me dirán qué se puede estudiar con unas pinzas para coger azúcar, por ejemplo. Se trata de un requisito legal, pero bastante absurdo. 

11 de julio de 2010

Yo fui el piloto de Hitler -3ª parte-

Un ejemplo de la discreción de Hitler lo encontramos cuando quiso visitar París, una vez derrotada Francia. Nos dice Baur que Hitler quiso llegar antes de que la población se despertara. Sin embargo, había transeúntes por las calles y Hitler fue reconocido.  Hitler visitó los Campos Elíseos hasta la tumba del soldado desconocido. Después examinó el Arco del Triunfo y la comitiva se fue hasta el Louvre, Trocadero, la Torre Eiffel, la Ópera  y los Inválidos, en donde Hitler visitó la tumba de Napoleón. A la vuelta, un neumático del coche de Hitler reventó y hubo que repararlo. Entonces Hitler fue reconocido de nuevo por trabajadores del aeropuerto. Según Baur, todos rieron mucho con Hitler, lo que dista mucho de la imagen de desprecio hacia otros países que se ha querido dar en Hitler.

Otro ejemplo lo tenemos en el relato que hace Baur de la repartición de territorios de los países del Este. Según Baur, "la repartición de los territorios no causaba ninguna alegría. En una ocasión Hitler le contó que había recibido a una delegación de la Ucrania subcarpática, que llegó para suplicarle que no incorporara este país a Hungría. Hitler lo aprobó interiormente, pero le dijo que había tenido que rechazar esa petición así como la demanda de la delegación de ser incorporados al estado alemán. Hitler le dijo que al final de la guerra Polonia sería restablecida con un gobierno propio, perdiendo solo el corredor de Dantzig.

La delegación de Ucrania causó mucha pena a Hitler pero no pudo atender sus peticiones puesto que Hitler ya había pactado con el regente Horthy. Probablemente Hitler hubiera preferido atender las peticiones del pueblo, pero en lo tocante a sus aliados, Hitler solía mantener su palabra, como siempre lo hizo con Mussolini. También con Franco Hitler se mostró como un aliado, en contra de sus intereses, puesto que Hitler quería conquistar Gibraltar. Hitler prometió devolver Gibraltar a España una vez pasada la guerra, pero Franco decepcionó a Hitler rechazando sus ofertas. Por contra, Pétain le parecía a Hitler un hombre digno. Siempre que se entrevistó con él hizo todo lo posible "para no tomar el aspecto de un vencedor ante él."

En una ocasión, con motivo de la visita de Mussolini al frente del este, se hicieron millares de prisioneros ucranianos. Hitler ordenó liberarlos. Muchos de los prisioneros se declararon ucranianos para poder ser liberados. Según Baur, muchos de los prisioneros liberados se unieron a las tropas soviéticas. Hitler hizo traer a un médico que se encontraba entre los prisioneros y conversó durante bastante tiempo con él. Como vemos, Hitler en ocasiones conversaba con las gentes de los lugares conquistados. Baur también habla de que las relaciones con la población de Rastenburg "eran excelentes".

Baur también nos da cuenta del amor que sentía Hitler hacia los animales. Nos dice que Hitler no apreciaba la pesca deportiva, pero que la situaba por encima de la caza (el mismo Baur era un aficionado a la pesca deportiva). Hitler experimentaba aversión hacia los cazadores de domingo, y solo admitía la caza cuando era indispensable para alimentarse. Si se le presentaban películas sobre caza solía exclamar "¡Qué espectáculo repugnante!" y se cubría los ojos pidiendo que le avisaran cuando terminara la secuencia.

Sobre Stalingrado, Baur nos dice que tuvo un gran impacto en Hitler. Dice que esa rendición tuvo repercusiones en su estado físico. Cuando tuvieron acceso a las fotografías tomadas en Moscú de Paulus, Hitler las miraba con mucho detenimiento para comprobar si eran auténticas. A partir de entonces, Hitler comenzó a desconfiar de sus generales. Según Baur, Hitler ya no aparecía en las comidas y prefería comer solo o con compañías muy selectas.

Sobre la invasión de Rusia, en una ocasión Baur oyó preguntar a un Gauleiter cuándo decidió Hitler atacar a Rusia. Su respuesta fue asombrosa:

- Cuatro semanas antes del comienzo de la guerra con ella.

Baur también nos da cuenta del dominio que tenía Hitler de sí mismo:

"Cuando Hitler escuchaba alguna  noticia que le impactaba especialmente, crispaba las manos detrás de su espalda y, con la cabeza levantada, recorría diez o quince veces la habitación a grandes pasos. Luego cesaba bruscamente la contracción y el rostro retomaba su expresión normal. Hitler retomaba la conversación como si no se hubiera encontrado al borde de su resistencia física en el instante precedente."

Sobre los días finales de Hitler, Baur también nos da cuenta de las palabras de Hitler en aquellos días:

- Estoy desdichadamente reducido aquí. Mis generales me han traicionado y vendido, mis soldados no quieren luchar y yo no puedo ya más.

Baur propuso a Hitler sacarlo del cerco de Berlín. Le dijo que había todavía aviones que lo podrían trasladar a Argentina, a Japón o a algún país musulmán, en donde Hitler era apreciado. Sin embargo Hitler le hizo entender a Baur que permanecería en Berlín hasta morir:

- Tengo todavía dos posibilidades: ir a las montañas o reunirme con Dönitz en Flensburg. Pero quince días más tarde estaría en el mismo punto que hoy, frente a la misma alternativa. La guerra terminará en Berlín, me quedo en Berlín y sucumbo con él. Hay que tener coraje para sufrir las consecuencias... ¡Voy a terminar! Lo se, millones de hombres van a maldecirme mañana... el destino lo quiere así. Los rusos saben perfectamente que estoy aquí, en el bunker, y temo que arrojen obuses de gas. Durante la guerra inventamos un gas que duerme a un hombre durante veinticuatro horas. Nuestro servicio de información ha sabido que los rusos también lo tienen. Es imposible imaginar que pueden tenerme vivo. Disponemos aquí de una defensa contra los gases, pero, ¿quién podría fiarse de ella? No yo, en todo caso... así que voy a terminar hoy.

- Tengo todavía dos misiones para usted, Baur. Le confío la responsabilidad de incinerar el cuerpo de mi esposa y el mío. Además, he designado a Dönitz para sucederme. Bormann tiene cierta cantidad de documentos que deben ser trasmitidos al almirante. Arréglese usted para salir de aquí. Es muy importante que Normann alcance a Dönitz. 

Hitler estrechó fuertemente la mano de Baur:

- Baur, habría que escribir sobre mi tumba: "¡Fue la víctima de sus generales!"

Cuando los cuerpos de Hitler y Eva Braun fueron incinerados,  Baur se mostró asombrado de que ya se hubiese procedido a la incineración. Goebbels le dijo que Hitler encargó a todos los que se había despedido que incineraran su cuerpo. Eso era para él muy importante. Según le dijeron a Baur, Hitler se había matado de un tiro en la sien.

Finalizo el repaso a las memorias de Baur. A continuación ilustro este entrada con imágenes de Hitler en su refugio alpino poco conocidas que lo muestran relajado y distendido mientras es visitado por numerosos ciudadanos. Podemos observar la paciencia de Hitler al ser agasajado por las masas:











19 de abril de 2009

120 Aniversario de Hitler





Mañana se cumple el 120 aniversario del nacimiento de Hitler. Curiosamente cuando Hitler nació se acababa de inaugurar la Torre Eiffel, junto a la que se fotografiaría 52 años después. El interés que sigue rodeando a la figura de Hitler es tan grande que las editoriales siguen publicando libros dedicados a su persona. Lamentablemente la veracidad de todo cuanto concierne a Hitler brilla por su ausencia. Se puede comprender que cuando un país pierde una guerra los vencedores traten de explicarse por qué han luchado y que la muerte de miles de personas no ha sido en vano. Pero lo ocurrido con Hitler supera en difamación a cualquier otro personaje histórico. ¿Resulta lícito difamar a un personaje porque su figura ha resultado nefasta para muchas personas? Entiendo que han existido historiadores que por falta de información, o por no tener la información correcta, hayan escrito biografías con muchos errores. Pero en la actualidad se dispone de una mayor información y acceso a documentos y ya han transcurrido muchos años como para que muchas heridas se cierren. Nunca me ha gustado leer una biografía que emplea la descalificación y el insulto gratuito. Pero lo peor es que muchos llamados historiadores tengan tan poco respeto por los lectores afirmando cosas que ni siquiera contrastan o que ya han sido superadas con el tiempo. Ocurre que muchos, aún sabiendo que lo que escriben no es cierto, se arraigan a unas exigencias editoriales y no tienen suficiente valor para escribir aspectos de Hitler que les resultan incómodos. La cuestión es que Hitler les reporta mucho dinero pero si se salen de lo establecido son tachados de nazis o de revisionistas y proscritos para siempre por las editoriales. Así que a ese problema nos enfrentamos los amantes de la verdad histórica. La cuestión es que debemos tener mucho cuidado con lo que leemos. Es curioso que, a pesar de haber transcurrido tantos años, haya siempre nuevas versiones sobre Hitler, la 2GM y el III Reich.


La cuestión es que no existe valor para presentar ante la opinión pública a un Hitler humano. Es más vendible un Hitler diabólico, que echa espuma por la boca y que mantenía relaciones sadomasoquistas con su sobrina, que un Hitler sencillo, de carne y hueso como nosotros. Con Hitler la humanidad ha tenido una excusa para librarse de todo lo que le molesta. El ser humano, que es cruel y guerrero por naturaleza, ha encontrado en Hitler a alguien con quien expiar sus culpas. Hitler no inventó la guerra, ni inventó la crueldad del ser humano. Ni Hitler ni los alemanes. Justificar una guerra tan terrible como la 2GM en la figura de Hitler se me antoja hipócrita y simple. El historiador que basa sus investigaciones en culpar por entero a Hitler de todo es un historiador ingenuo. A veces tengo la impresión de que si Hitler no hubiera existido, lo habrían inventado. Porque uno se queda tan tranquilo cargando sobre la figura de Hitler toda la crueldad que en realidad le pertenece al propio ser humano.  Su figura está tan distorsionada por años de mentiras que hacer un lavado, no ya de su imagen, sino de la propia historia, es una labor tan complicada como limpiar un campo de minas. Hoy pocos periodistas se atreven a poner el nombre de Hitler sin el consiguiente "monstruo".


Cuando comencé a interesarme por Hitler lo hice desde la gran cantidad de enciclopedias que existían sobre la guerra y sobre el III Reich. Y tras mucho leer al final me quedaba con la impresión de que algo no encajaba en el puzle. Esa sensación la sigo teniendo cada vez que leo algo sobre Hitler. ¿Qué es lo que no encaja? Para empezar el mercantilismo que existe con su figura. Es curioso que años y años de difamación absoluta del personaje no hayan conseguido sino un mayor interés hacia Hitler. Miles de personas adoran al Hitler que nos han preparado. Están absolutamente identificadas con el Hitler perverso y le apoyan incondicionalmente. Otras miles de personas ven en Hitler a un salvador de la humanidad. Y otras tantas, entre las que me incluyo, ven en Hitler a un personaje interesante que aún nos puede aportar mucho a la comprensión del propio ser humano. Mucha gente me pide consejo sobre qué biografía de Hitler leer. Lamentablemente no existe todavía un libro imparcial sobre su figura. Uno debe leer abundantemente y saber sacar alguna conclusión válida. Mi intuición me hace desconfiar mucho y no suelo creer todo lo que leo. Pero eso también conlleva riesgos. A veces no das por válida una información que quizá sea verídica. La culpa de eso la tiene la línea editorial que se sigue desde hace décadas. Para tratar a Hitler de ahora en adelante resulta vital ser valiente y veraz. Pero no creo que nuestra generación vea eso.


Paradójicamente a Hitler se le da la razón en muchos aspectos de nuestra sociedad. ¿Por qué? Ni más ni menos porque Hitler fue tan ser humano como nosotros. Todos los aspectos del nazismo que se parecen a nuestra propia sociedad tratamos de justificarlos en la maldad intrínseca del nazismo. Si Hitler construyó unas autopistas, o construyó un estado del bienestar, como lo hacemos nosotros, siempre podemos buscarle una justificación ridícula. Si algo tuvo de positivo el nazismo la justificación siempre ronda en torno a la necesidad del propio nazismo de engañar a la población para beneficio suyo. Y sin embargo nuestras democracias no han sabido eliminar la maldad del ser humano. Desde la muerte de Hitler las guerras se han sucedido una y otra vez y las desigualdades entre los seres humanos son cada vez mayores. Es decir, la eliminación de Hitler no supuso un triunfo del bien sobre el mal. Todo lo contrario.

El cuidado que yo debo de tener siempre es el de no tratar de ensalzar la figura de Hitler, tal y como la conoce la sociedad. Cuando me propuse escribir este blog conocía perfectamente las dificultades a las que me debía enfrentar. Y a la vez sabía que el blog tendría sus seguidores. Porque si yo me hacia tantas preguntas en torno a Hitler, también sabía que habría mucha gente en mi misma situación. A veces basta con echar un vistazo a varios libros de Hitler para darse cuenta de lo contradictorios que son entre sí.  Muchas personas me dicen que debería escribir un libro. No solo no me veo capacitado para ello sino que creo que Internet es un medio más eficaz que la lectura. Los miles de lectores que tengo me lo demuestran. Por otra parte, soy consciente de que Internet no es el lugar más fiable para buscar información veraz. En mi caso no existe ( o eso creo ) ningún interés en hacer de Hitler un inocente ni un mesías. En primer lugar porque eso iría incluso en contra de lo que Hitler quiso demostrar. Quizás haga de abogado del diablo. Pero creo que hasta Hitler se merece un juicio justo en la historia.

¿Fue Hitler un hombre malvado? Yo dudo mucho de que la maldad fuera el espíritu principal en la vida de Hitler. Cuando Hitler cometió injusticias y crueldades dudo mucho que lo hiciera por un afán exclusivo de maldad. De esa base es desde la que hay que estudiar su figura. Hitler nunca se divirtió con sus peores actos. Nunca disfrutó de la guerra. Es más, la guerra le asqueaba y le obligó a llevar un estilo de vida que él detestaba. Cuando se habla de que Hitler deseaba solo el poder y un afán desmedido por conquistar, olvidamos el estilo de vida tan sacrificado que llevó durante la guerra. No creo que Hitler decidiera llevar esa vida solo para satisfacer sus ansias de sangre.


Los aspectos que más me interesan sobre Hitler son los concernientes a su vida íntima, a sus declaraciones. Porque de esa manera vemos al semidiós en que se convirtió, en el ser humano que era. El nazismo fue una explosión demasiado efímera como para valorarlo someramente. Nunca tan pocos años han sido tan documentados como el nazismo. Podemos hablar por ejemplo, sobre el comunismo, que dominó buena parte del siglo XX, desde muchas perspectivas porque triunfó y fracasó. Pero no lo podemos hacer del nazismo porque no triunfó. Lo logrado por Hitler resulta insuficiente para su conocimiento. Solo en la cabeza de Hitler estaba la idea de la sociedad que él quería. Explicarlo desde la sencilla óptica del bien sobre el mal me resulta simple.


Por lo demás, seguiremos teniendo noticias de Hitler. Las editoriales van a seguir publicando basura y de vez en cuando lograremos ver libros honestos que intenten aclarar o apaciguar algo. Lo que no puede ser es que justo aquellos que condenan a Hitler se lucren a su costa. Porque es de una hipocresía supina prohibir la esvástica y plantarla en la portada de un libro o en el póster de una película con total impunidad. Todos los días recibo multitud de noticias sobre Hitler. Y abunda lo superfluo. Pero aun queda mucho camino por recorrer. Cuando se estrenó "El Hundimiento" hubo un escándalo generalizado porque presentaba a un Hitler demasiado humano. Pero si creemos que Hitler era muy diferente a nosotros porque tenía ataques de rabia, echaba espuma por la boca o tenía un rabo de diablo, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos.

7 de marzo de 2009

¡Lo que daría yo por ver París!


Leni Riefenstahl acababa de regresar de París de la Exposición Internacional y fue al Berghof para intercambiar opiniones con Hitler. El Führer siempre se mostraba muy interesado cuando alguien viajaba y hacia constantes preguntas sobre la ciudad visitada. Esto contrasta un poco con la idea que nos han dado de un Hitler solo interesado en Alemania. Pero bueno, como sabemos, Hitler siempre fue un admirador de París. 

- ¡Lo que daría yo por ver París! Pero probablemente esto no se me concederá en la vida. París es la ciudad más bella del mundo. ¡Qué feo es, en cambio, Berlín! Conozco todos los edificios históricos de París hasta el más mínimo detalle. Desgraciadamente sólo por ilustraciones y planos. 

Leni le preguntó entonces por su opinión sobre el pueblo francés:

- El pueblo tiene mis simpatías; cuando era soldado conocí a algunos franceses en la guerra, y les tomé aprecio; pero la nación francesa, que produjo una de las culturas más grandes, se ha vuelo decadente; temo que su época de esplendor ha pasado y que perecerá lentamente. Sólo un gran líder político podría salvar a Francia de la ruina. Me alegraría tener a mi lado a un vecino sano y vigoroso.

Después, la curiosa pareja, salió a dar un paseo. Hitler se detuvo en un punto y señaló en una dirección:

- Mire, allá esta Austria. Siempre que estoy aquí arriba miro hacia allí y suplico al Todopoderoso que me conceda ver el día en que Austria y Alemania  se unan en un gran Imperio Alemán. Sólo por esto he comprado esta casa, porque desde aquí puedo divisar Alemania y Austria. 

- No tomo mis decisiones a la ligera. Antes de entrar a fondo en una cosa, paso días y noches en los que solamente me ocupa esa única cosa. Sacudo los pilares de mis conocimientos básicos y los contemplo con los ojos más críticos y con todos los argumentos que conozco. Ataco mi propia convicción hasta que estoy seguro de que lo negro es negro y lo blanco es blanco. 

Y ¿qué pasa cuando se equivoca? se atrevió a preguntar Leni:

- No creo equivocarme. Uno debe estar firmemente convencido  de sus principios; de lo contrario, no puede crear algo grande. 

Como sabemos, Hitler cumplió sus dos sueños: visitar París y unir Alemania y Austria.

9 de octubre de 2008

Hitler y el Arte






































Hitler en realidad solo tuvo una pasión: el arte. Uno de sus biógrafos, Joachim Fest, afirma en su biografía "Exceptuando el arte, para él realmente no existía nada".  Tanta era su pasión que liberó del servicio militar a los artistas. Tampoco fue Hitler un conquistador de países ávido de poder. En su mayor triunfo, la conquista de Francia, prácticamente no quiso aparecer por París como vencedor sino como un simple turista. Tampoco es cierto que quisiera destruir París. El mismo Hitler dijo: "Cuando el ataque aéreo sobre París, nos limitamos a actuar sobre los aeródromos, para preservar una ciudad de glorioso pasado." Uno de los escultores de Hitler, Arno Breker aseguró: "A mi entender (quizá yo sea primitivo en mis conceptos) si Hitler hubiese deseado la guerra no habría hecho nunca una cosa tan absurda como la de ocupar a millones de personas en construir casas etcétera."