30 de abril de 2009

No quiero para mis amigos lo que no quiero para mi

En el post anterior hemos visto la gran cantidad de regalos que recibía Hitler de anónimos alemanes. Para su cumpleaños recibía el Führer muchos regalos en forma de pasteles y otras comidas. Sin embargo Hitler siempre tuvo temor de ser envenenado. Sus temores no eran infundados. En una ocasión su chófer enfermó después de haber probado un plato para él. En una ocasión llegó a la cancillería una caja repleta de golosinas en forma de frutas confitadas, chocolates, bombones etc. A Hitler le gustó el regalo pero ordenó que la caja fuera cerrada y enterrada en los jardines. Su fotógrafo dijo que era una lástima y Hitler le dijo:

- No quiero para mis amigos lo que no quiero para mi.

Sin embargo Hoffmann observó días de después que unos obreros estaban saboreando las golosinas.
El fotógrafo de Hitler recuerda que en una ocasión que viajaban por carretera vieron un coche averiado. Entonces Hitler le dijo a su chófer Schreck que se detuviera para ayudar al conductor. Solucionado el problema, partieron de nuevo. Sin embargo el conductor anotó la matricula y días después envió un regalo a Hitler. Eran tres cajas de caviar. A Hitler le encantaba el caviar. Sin embargo, devolvió el paquete aduciendo que la obligación de un viajero es socorrer a otro en apuros y que no merecía ninguna recompensa. Y Hitler añadió:

- ¡Cualquiera sabe, Hoffmann!

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