Durante años he sido y soy un asiduo lector de libros sobre la figura de Hitler. Lo primero que me llama la atención es que, décadas y décadas después de la desaparición de Hitler, y tras una impresionante campaña de desprestigio de su figura, el nivel de atracción del Führer no sólo no ha desaparecido sino que aumenta con los años. Esto se demuestra fácilmente por la inmensa edición de libros que sobre su figura aparecen todos los años. Un libro sobre Hitler es un bestseller asegurado. De eso no cabe ninguna duda.
El último libro que ha aparecido, con gran rapidez de traducciones mundiales, es "El secreto de Hitler", de Lothar Machtan, en donde el autor trata de demostrar la supuesta homosexualidad de Hitler. El libro ha sido precedido de una amplia cobertura en prensa y televisión, al punto que, a los pocos meses de su edición, la población ya asocia la persona de Hitler con su supuesta homosexualidad. Me pregunto si esto es casual. Quiero decir: un libro sobre el vegetarianísmo de Hitler ¿hubiera tenido la misma cobertura? Me temo que no. De lo que se trata aquí es de asociar a la figura de Hitler con algo perverso. ¿Asocia la gente las figuras de Cervantes, Shakespeare, Leonardo Da Vinci, Miguel Angel, Platón etcétera con la homosexualidad aunque sea una supuesta homosexualidad?

Lo primero que hay que hacer para escribir un libro sobre Hitler y que lo publiquen masivamente (y por lo tanto, te hagas millonario), es advertir al lector de la maldad de Hitler. También tiene que dejar claro que su figura le repugna. ¿Por qué escribe una persona un libro o varios sobre un personaje que le produce repugnancia? Esto tiene que quedar muy claro en los prólogos. Ian Kershaw , uno de los últimos biógrafos en apuntarse al carro, asegura que, tras años de investigación Hitler le parece "aun más repulsivo que antes" (EL PAIS 1-12-2001). Lothar Machtan asegura en su prólogo que Hitler es el mayor criminal político de los tiempos modernos y que por esa razón debería interesar al gran público conocer su vida privada. Incluso va más allá asegurando que Hitler es un asunto de interés público y de moral pública. Pero, ¿en realidad es Hitler un asunto de interés público?. Yo más bien diría que es un asunto de intereses oscuros y, sobre todo, un asunto que reporta muchos beneficios. Y en medio de esos intereses oscuros y de beneficios sitúo la obra de Machtan "El secreto de Hitler". Lo primero que llama la atención de su obra son las abundantes coletillas tipo " parece verosímil", "no lo sabemos", "la cuestión queda por tanto sin respuesta", "al parecer", "quizá", "podría ser", "solo caben especulaciones" etcétera. Solamente por éstas abundantes coletillas el libro no merece ningún crédito.
¿Cómo es posible querer demostrar algo acompañado por semejantes dudas? Machtan intenta vincular acontecimientos ocurridos en la adolescencia de Hitler con su amigo Kubizek con su supuesta homosexualidad. Y recurre al relato del propio Kubizek e incluye un pasaje que éste recuerda en el que Hitler se tumbó desnudo en una cabaña. ¿Por qué se tumbó Hitler desnudo en una cabaña? ¡ Para secar su ropa mojada tras una intensa lluvia! Incluso en el caso de que dos muchachos se encuentren desnudos no significa en modo alguno que sean homosexuales. Si Kubizek quisiera ocultar su homosexualidad y su relación íntima con Hitler: ¿por qué iba a relatar un hecho comprometedor? Machtan transforma un inocente relato de juventud en una supuesta homosexualidad pero no obtiene ningún crédito en su intento. El cúmulo de barbaridades de Machtan llega a su cenit cuando afirma que el odio de Hitler hacia los judíos se convirtió en un arma para combatir su miedo a ser descubierto como homosexual. Ya solo esta afirmación merece un estudio pero no de Hitler sino de quien lo asegura. En todo caso, no es la primera vez que se busca una causa absurda del odio de Hitler hacia los judíos. Se ha llegado a decir que odiaba a los judíos porque el mismo era judío. Sin embargo esto nunca ha podido ser demostrado. También se ha escrito que el odio de Hitler hacia los judíos se gestó cuando murió su madre, que fue tratada por un médico judío. Pero afirmar que Hitler odiaba a los judíos para ocultar su homosexualidad es tan ridículo como afirmar que se dejó bigote por el mismo motivo. En toda la biografía de Hitler la época que más fácil resulta imaginarlo (y digo imaginar) como homosexual es su etapa de Viena, una etapa anónima y de la que se conoce bien poco. Es por esto que cualquier biógrafo puede soltar rienda suelta a su propio tema adaptándolo a sus intereses.
Así que Machtan no deja escapar su ocasión y se pregunta que cómo era posible que Hitler tuviera unos ingresos anuales de 1200 marcos. La única respuesta para él es que Hitler tenía amantes ricos y se empeña en encontrar un paralelismo entre homosexualidad y dinero. Sin embargo en la misma página encontramos una declaración en donde afirma que Hitler era "demasiado orgulloso para dejarse regalar algo". Por otra parte, Machtan intenta dar crédito a declaraciones de personajes y anécdotas sin ningún éxito. Hablando de los años de Hitler en la Gran Guerra muestra un relato en el que se afirma que la vida en común de los camaradas de guerra encierra siempre aspectos libidinosos "incluso para los soldados heterosexuales, la proximidad física de los cuerpos hacía permeable la frontera de la homosexualidad". Y con esta declaración de tiempos de guerra quiere presentarnos a Hitler como homosexual, pero si le damos el más mínimo crédito resulta que todos los soldados se convirtieron en tiempos de guerra en homosexuales. Continuando con las especulaciones con las que Machtan nos pretende convencer, el autor dice que Hitler sirvió de modelo en Francia para un desnudo pintado por un oficial homosexual y que a continuación se fue a la cama con él. En primer lugar esto es inimaginable en Hitler ya que es de sobra conocido que tenía aversión a mostrarse desnudo. De hecho no se conoce ningún relato sobre cómo era el cuerpo de Hitler desnudo. Así que como para imaginarlo desnudo durante horas delante de un pintor. No obstante Machtan tiene la desfachatez, líneas después, de decir que "no se ha podido confirmar y sigue siendo un rumor". Me pregunto: ¿cómo se permite la publicación de un libro que contiene tantos titubeos y tantos testimonios sin confirmar?. Otra cuestión que convierte a Machtan no solo en un ignorante sino en un homófobo, son manifestaciones tan absurdas como que la música de Wagner, a la que Hitler fue siempre un gran aficionado, es una válvula de escape para los homosexuales. Ignorante aparece Machtan cuando pretende meter en el mismo saco los gustos de Hitler. Lo mismo nos lo presenta como pederasta que mantiene relaciones con jovencítos de 18 años (cuyas declaraciones claramente parecen sobornos y chantajes) que con ancianos como Dietrich Eckart. Es muy raro que una persona tenga un abanico de gustos sexuales tan amplios. Pero de lo que se trata es de dar nombres. También llama la atención que la gran mayoría de las personas que el autor califica de homosexuales como Rudolf Hess, Emil Maurice, Kubizek, Julius Schreck etcétera fueran hombres casados y con vidas heterosexuales. Machtan intenta a la desesperada incluir en su libro frases que puedan estar relacionadas con la supuesta homosexualidad de Hitler.
Así, por ejemplo, me resulta muy poco oportuna la declaración de Klaus Mann, el hijo de Thomsas Mann, que se atrevió a decir que Hitler y su movimiento "provienen de regiones ambiguas de la naturaleza humana, que difícilmente podrían soportar verse expuestas a la luz". ¿Acaso ignoraba Klaus la homosexualidad (esta vez sí demostrada) de su padre?. Es increíble que Machtan se atreva a colocar semejante frase ignominiosa contra la homosexualidad, aunque sea como testimonio acusador contra Hitler. Por otra parte, Klaus Mann utiliza la homosexualidad como arma arrojadiza y no como prueba. Lo mismo llama a Hitler homosexual que dice que tiene una nariz indecente. Esto no es serio. Machtan incluye una supuesta frase de Hitler en la que dijo: "¿ qué me importa la vida privada de mis seguidores?. Me gusta la música de Wagner; ¿debo acaso cerrarle mis oídos porque fuera un pederasta?. Todo esto es absurdo". Sin embargo el historiador Nicolai Tolstoy en su obra "La noche de los cuchillos largos" pone la cita así: "¡Es ridículo! A mí me encanta la música de Richard Wagner. ¿Acaso debo taparme los oídos porque era un homosexual?". Como se ve, existe una ligera diferencia y aun hoy, no sé si Wagner fue pederasta, homosexual o ambas cosas a la vez. Quizá ni una ni otra puesto que los llamados historiadores no hacen más que confundir a los lectores. Por si no hubiera ya un absoluto caos en lo que se refiere al rigor histórico de los hechos ocurridos en el Tercer Reich Machtan echa más leña al fuego de la confusión.
La noche de los cuchillos largos fue un episodio sangriento en donde Hitler liquidó a buena parte de los mandatarios de la S.A. que representaban un peligro para el ejército. Con seguridad Hitler obró así para asegurarse su mandato y presionado por el ejército y buena parte de la población. Sin embargo la novedad en Machtan es que lo hizo para tapar su homosexualidad. Como muchos jefes de las S.A. eran homosexuales, Hitler los liquidó para no levantar sospechas. Es asombroso. Al final de su obra Machtan nos presenta a Speer como supuesto amor no correspondido de Hitler. Y nos ofrece el relato del último encuentro de los dos como "el cierre sentimental de una trayectoria vital homoerótica. Claro que, esta vez, lo hace con interrogaciones y su habitual frase dubitativa. En todo caso, no se extiende mucho con Speer puesto que, queda claro, el tema no le da para mucho.
La vergüenza más absoluta de Machtan llega al final del libro cuando afirma que fueron los propios alemanes de la posguerra los que se negaron a admitir "nuevas destrucciones de la identidad. Se mantuvo el tabú de una sociedad de colaboracionistas; expresaba que los alemanes no habían abjurado por completo de la fe en su Fürher". Osea, que los alemanes adoraban tanto a Hitler, incluso después de muerto, que no solo no estaban preparados para oír que el Fürher era homosexual, sino que solo leían lo que "se quería saber". Esto incluso es más ilógico que la propia idea del libro puesto que la propaganda contra Hitler fue inmensa una vez finalizada la guerra. Dudo mucho que hubiera muchos partidarios de Hitler tan solo unos meses después de su muerte. Pero Machtan se empeña en demostrar lo contrario. En todo caso, si debemos creer a Machtan por las pruebas que nos da, éstas no serían nunca concluyentes puesto que existe mucha más literatura sobre Hitler y las mujeres que sobre su homosexualidad.