Familiares de Hitler vivos


Tiene razón Norman Davies cuando cataloga a las publicaciones sobre Hitler como "Industria Hitler". La "Industria Hitler" aumenta y cada día nos sorprende con nuevas y absurdas noticias. La de hoy me ha llamado poderosamente la atención. El periódico El Mundo publica, con gran despliegue, una noticia sobre los familiares vivos de Hitler. Dos belgas obsesionados con Hitler llevan años buscando a familiares del Führer. Hasta la fecha han localizado a 39 descendientes. Cuatro se encuentran en Estados Unidos y el resto entre Austria y Alemania. Todos ellos se han cambiado el apellido para poder vivir en paz. El reportaje de El Mundo me ha resultado grotesco y sensacionalista. El tono de los investigadores también deja mucho que desear. Los dos investigadores son amateurs y llevan a cabo sus investigaciones por su cuenta. Según cuenta el artículo, el estudio de estos investigadores está repleto de libros sobre Hitler y documentos, fotografías etc. Tal obsesión por Hitler les ha llevado a perseguir a los descendientes del Führer. Y, dadas todas las circunstancias que rodean a la figura de Hitler en la actualidad, me pregunto con qué fin han realizado estas investigaciones. Lo primero que me viene a la mente es ¿cuál es la utilidad histórica de estas investigaciones? No se me ocurre ninguna, a parte del puro morbo y la de complicar la vida de estas personas. Porque, con el odio que genera Hitler, cualquier descerebrado puede intentar matarlos. Así que, de primeras, lo que han hecho estos investigadores me resulta reprobable.

Me sorprende que los familiares de Hitler que viven en Estados Unidos hayan decidido no tener descendencia "para extinguir la saga". A mi me aterra que el ser humano pueda llegar a ser tan imbécil para pensar algo así. Con razón Hitler no quiso tener descendientes. De hecho sus familiares siempre le crearon más problemas que alegrías. Ya hablé en una ocasión de su sobrino en este blog.

Los métodos utilizados por los dos investigadores rozan la criminalidad. En una época en que la protección de datos esta a la orden del día y la privacidad es algo sagrado, estos dos tipos no han tenido escrúpulos en tratar de conseguir pruebas de ADN mediante métodos criminales. Es decir, han conseguido muestras de ADN robándolas. En una ocasión esperaron durante siete días seguidos para conseguirlo. Esperaron hasta que un hombre llamado Alexander A. Stuart-Houston se dirigió hacia un restaurante de comida rápida, comió unas alitas de pollo. Al limpiarse los labios tiró una servilleta al suelo y ellos la recogieron como oro en paño. Lo curioso es que llamaron a esa servilleta "servilleta asquerosa" simplemente por creer que quien la utilizó era descendiente de Hitler. A tal extremo ha llegado el nombre de Hitler. Para echar más leña al fuego, los investigadores aseguran que mientras trasladaban la servilleta en un avión, a su lado se encontraba un judío que leía el Talmud. Les resultó una anécdota lo suficientemente atractiva como para contarla. A mi, sinceramente, me parece digna de una patología mental.

Después consiguieron otra muestra de ADN, esta vez de un descendiente que vive en Austria. Parece ser que en esa ocasión el familiar se mostró partidario de dársela. Pero lo cuentan como si fuera una hazaña. El hombre accedió a regañadientes a frotar un algodón en su boca. Algo rocambolesco, vamos. Los análisis que hicieron confirmaron que se trataba del mismo ADN. Por lo menos una de las conclusiones que sacaron es que Hitler no tenía ascendencia judía, como se ha afirmado en muchas ocasiones. "Algunos biógrafos mienten" dicen, aludiendo al famoso bulo de la ascendencia judía de Hitler.

El reportaje de El Mundo incluye también la noticia, ya difundida hace tiempo, de un supuesto hijo de Hitler. Y se han inventado un nuevo término: "cazahitlers" que hará las delicias de la prensa sensacionalista.

He leído el reportaje entre divertido, indignado e incrédulo. Me parece que lo que ocurre con Hitler roza ya el paroxismo. Saber que existen descendientes del Führer no beneficia en absoluto a la historia, ni la cambia. Todo lo contrario, perjudica a esos descendientes y alimenta más la "industria Hitler". Y es que con Hitler no existen límites. El peligro que se corre es que Hitler se convierta en una marca literaria en donde todo tenga cabida. El publico, ávido de noticias, se fascinará por todo lo que incluya la palabra "Hitler". Porque lo que ocurre con el Führer no ha ocurrido con ningún personaje histórico. Ni siquiera con Jesucristo. Alguien dijo que el siglo veinte fue el siglo de Hitler.  Hitler es el personaje de la historia por excelencia. Nunca ningún mandatario ha dado tanto rendimiento económico, ni se han vertido tantas mentiras ni tanta vulgaridad. Porque al final lo que queda de las investigaciones y publicaciones sobre Hitler es el puro morbo y la más absoluta falta de respeto, no ya hacia Hitler, que no se puede defender, sino hacia la propia historia y los lectores.

Estos dos investigadores pretenden publicar un libro con sus pesquisas. Yo, directamente les encarcelaba por intentar hacer la vida imposible a unas personas que no tienen ninguna culpa de ser descendientes de Hitler. En una ocasión leí que todas las personas del mundo que tienen los ojos azules descienden de una misma persona. Lo que convierte a todos los que tenemos los ojos azules en descendientes de Hitler. O de Paul Newman.

Arriba podéis ver el árbol genealógico de Hitler que publica El Mundo. Aquí tenéis parte del reportaje.