11 de julio de 2010

Yo fui el piloto de Hitler -3ª parte-

Un ejemplo de la discreción de Hitler lo encontramos cuando quiso visitar París, una vez derrotada Francia. Nos dice Baur que Hitler quiso llegar antes de que la población se despertara. Sin embargo, había transeúntes por las calles y Hitler fue reconocido.  Hitler visitó los Campos Elíseos hasta la tumba del soldado desconocido. Después examinó el Arco del Triunfo y la comitiva se fue hasta el Louvre, Trocadero, la Torre Eiffel, la Ópera  y los Inválidos, en donde Hitler visitó la tumba de Napoleón. A la vuelta, un neumático del coche de Hitler reventó y hubo que repararlo. Entonces Hitler fue reconocido de nuevo por trabajadores del aeropuerto. Según Baur, todos rieron mucho con Hitler, lo que dista mucho de la imagen de desprecio hacia otros países que se ha querido dar en Hitler.

Otro ejemplo lo tenemos en el relato que hace Baur de la repartición de territorios de los países del Este. Según Baur, "la repartición de los territorios no causaba ninguna alegría. En una ocasión Hitler le contó que había recibido a una delegación de la Ucrania subcarpática, que llegó para suplicarle que no incorporara este país a Hungría. Hitler lo aprobó interiormente, pero le dijo que había tenido que rechazar esa petición así como la demanda de la delegación de ser incorporados al estado alemán. Hitler le dijo que al final de la guerra Polonia sería restablecida con un gobierno propio, perdiendo solo el corredor de Dantzig.

La delegación de Ucrania causó mucha pena a Hitler pero no pudo atender sus peticiones puesto que Hitler ya había pactado con el regente Horthy. Probablemente Hitler hubiera preferido atender las peticiones del pueblo, pero en lo tocante a sus aliados, Hitler solía mantener su palabra, como siempre lo hizo con Mussolini. También con Franco Hitler se mostró como un aliado, en contra de sus intereses, puesto que Hitler quería conquistar Gibraltar. Hitler prometió devolver Gibraltar a España una vez pasada la guerra, pero Franco decepcionó a Hitler rechazando sus ofertas. Por contra, Pétain le parecía a Hitler un hombre digno. Siempre que se entrevistó con él hizo todo lo posible "para no tomar el aspecto de un vencedor ante él."

En una ocasión, con motivo de la visita de Mussolini al frente del este, se hicieron millares de prisioneros ucranianos. Hitler ordenó liberarlos. Muchos de los prisioneros se declararon ucranianos para poder ser liberados. Según Baur, muchos de los prisioneros liberados se unieron a las tropas soviéticas. Hitler hizo traer a un médico que se encontraba entre los prisioneros y conversó durante bastante tiempo con él. Como vemos, Hitler en ocasiones conversaba con las gentes de los lugares conquistados. Baur también habla de que las relaciones con la población de Rastenburg "eran excelentes".

Baur también nos da cuenta del amor que sentía Hitler hacia los animales. Nos dice que Hitler no apreciaba la pesca deportiva, pero que la situaba por encima de la caza (el mismo Baur era un aficionado a la pesca deportiva). Hitler experimentaba aversión hacia los cazadores de domingo, y solo admitía la caza cuando era indispensable para alimentarse. Si se le presentaban películas sobre caza solía exclamar "¡Qué espectáculo repugnante!" y se cubría los ojos pidiendo que le avisaran cuando terminara la secuencia.

Sobre Stalingrado, Baur nos dice que tuvo un gran impacto en Hitler. Dice que esa rendición tuvo repercusiones en su estado físico. Cuando tuvieron acceso a las fotografías tomadas en Moscú de Paulus, Hitler las miraba con mucho detenimiento para comprobar si eran auténticas. A partir de entonces, Hitler comenzó a desconfiar de sus generales. Según Baur, Hitler ya no aparecía en las comidas y prefería comer solo o con compañías muy selectas.

Sobre la invasión de Rusia, en una ocasión Baur oyó preguntar a un Gauleiter cuándo decidió Hitler atacar a Rusia. Su respuesta fue asombrosa:

- Cuatro semanas antes del comienzo de la guerra con ella.

Baur también nos da cuenta del dominio que tenía Hitler de sí mismo:

"Cuando Hitler escuchaba alguna  noticia que le impactaba especialmente, crispaba las manos detrás de su espalda y, con la cabeza levantada, recorría diez o quince veces la habitación a grandes pasos. Luego cesaba bruscamente la contracción y el rostro retomaba su expresión normal. Hitler retomaba la conversación como si no se hubiera encontrado al borde de su resistencia física en el instante precedente."

Sobre los días finales de Hitler, Baur también nos da cuenta de las palabras de Hitler en aquellos días:

- Estoy desdichadamente reducido aquí. Mis generales me han traicionado y vendido, mis soldados no quieren luchar y yo no puedo ya más.

Baur propuso a Hitler sacarlo del cerco de Berlín. Le dijo que había todavía aviones que lo podrían trasladar a Argentina, a Japón o a algún país musulmán, en donde Hitler era apreciado. Sin embargo Hitler le hizo entender a Baur que permanecería en Berlín hasta morir:

- Tengo todavía dos posibilidades: ir a las montañas o reunirme con Dönitz en Flensburg. Pero quince días más tarde estaría en el mismo punto que hoy, frente a la misma alternativa. La guerra terminará en Berlín, me quedo en Berlín y sucumbo con él. Hay que tener coraje para sufrir las consecuencias... ¡Voy a terminar! Lo se, millones de hombres van a maldecirme mañana... el destino lo quiere así. Los rusos saben perfectamente que estoy aquí, en el bunker, y temo que arrojen obuses de gas. Durante la guerra inventamos un gas que duerme a un hombre durante veinticuatro horas. Nuestro servicio de información ha sabido que los rusos también lo tienen. Es imposible imaginar que pueden tenerme vivo. Disponemos aquí de una defensa contra los gases, pero, ¿quién podría fiarse de ella? No yo, en todo caso... así que voy a terminar hoy.

- Tengo todavía dos misiones para usted, Baur. Le confío la responsabilidad de incinerar el cuerpo de mi esposa y el mío. Además, he designado a Dönitz para sucederme. Bormann tiene cierta cantidad de documentos que deben ser trasmitidos al almirante. Arréglese usted para salir de aquí. Es muy importante que Normann alcance a Dönitz. 

Hitler estrechó fuertemente la mano de Baur:

- Baur, habría que escribir sobre mi tumba: "¡Fue la víctima de sus generales!"

Cuando los cuerpos de Hitler y Eva Braun fueron incinerados,  Baur se mostró asombrado de que ya se hubiese procedido a la incineración. Goebbels le dijo que Hitler encargó a todos los que se había despedido que incineraran su cuerpo. Eso era para él muy importante. Según le dijeron a Baur, Hitler se había matado de un tiro en la sien.

Finalizo el repaso a las memorias de Baur. A continuación ilustro este entrada con imágenes de Hitler en su refugio alpino poco conocidas que lo muestran relajado y distendido mientras es visitado por numerosos ciudadanos. Podemos observar la paciencia de Hitler al ser agasajado por las masas:











1 de julio de 2010

Yo fui el piloto de Hitler -2ª parte-

Nos dice Baur que Hitler disponía de tres aviones JU-52 (en la imagen). También disponían de un avión particular Göring, Hess, Göbbels, Himmler, Keitel y Raeder.  Antes de que Hitler subiera a un avión, el piloto hacía siempre una prueba del mismo de diez minutos. Por lo tanto, si hubiera un explosivo en el avión de Hitler, explotaría siempre durante la prueba.

Hitler ya era tan popular en 1934 que le resultaba prácticamente imposible descansar. En una ocasión, en ese año, Hitler se fue a Wiesbaden para descansar una semana. Sin embargo la población se enteró de que su Führer se encontraba cerca y cortaron las carreteras para obligar a Hitler a detenerse. Para colmo, un reportero decidió seguir a Hitler. Al principio el Führer estaba muy molesto pero se calmó al ver que el reportero tenía buenas intenciones. Durante ese descanso Hitler dio todos los días un paseo de una hora por un parque. También iba todos los mediodías a la montaña, un lugar en el que Hitler siempre se encontraba muy a gusto.

Otro lugar que Hitler visitaba a menudo era el hotel Kaiserhof. De hecho, la planta superior del hotel se había convertido en un cuartel general del partido. A Hitler le gustaba ir para tomar el te o escuchar a la orquesta. Tenía reservada una mesa de un rincón desde la que podía ver toda la sala.  En el momento en que aparecía, la sala se llenaba. Hitler se dio cuenta de que los encargados reservaban las mesas vecinas a la suya y que las mismas damas volvían una y otra vez.  Hitler dijo:

- ¿Qué es lo que pasa? Siento mucho respeto por las ancianas señoras, pero preferiría sin embargo ver algunas más jóvenes.

Entonces se encargó una investigación y se supo que los mozos estaban pagados por esas señoras para que les avisaran de la presencia de Hitler. Incluso la gente compraba todos los objetos que Hitler utilizaba para llevárselos como recuerdo. Cuando Hitler se enteró, dejó de ir:

- No hubiera pensado nunca que tales incongruencias pudiesen ocurrir en el Kaiserhof. Una vez más, me he equivocado.

Hitler despertaba tanta admiración por parte de los ciudadanos que todas las puertas le eran abiertas. Sin embargo Hitler no podía disfrutar de un verdadero descanso, ya que en cuanto la gente sabía de su presencia, se formaban verdaderos altercados:

- No puedo ir adonde quisiera ir y no quiero ir adonde podría. Si yo aceptara una invitación, la buena ama de casa no podría evitar someterme a algún interrogatorio. Siendo su huésped, yo no podría rehusarme. Además mi conciencia no me permite dar mi acuerdo a cualquier cosa que yo no apruebe por entero. He aquí por qué me mantengo apartado.

Hitler mismo nos cuenta sobre una casa en Múnich a la que le hubiera gustado volver:

- Durante los primeros años de mi lucha, vivía en la casa de un vendedor de legumbres que tenía un puesto en el mercado. A la tarde cuando yo volvía, esta buena mujer estaba ya sentada frente a su máquina de coser para remendar sus cosas. Cuando yo abría la puerta me preguntaba "¿Y, señor Hitler, ha comido hoy?" "¡Pobre diablo!" decía entonces. ¿Cuándo será Usted razonable y abandonará su política? Ud. se dedica a ella sinceramente, lo se bien, pero eso no me impide morirse de hambre. La política no es una cosa para usted. Tendría que haberse dedicado a otra cosa. ¿Por qué no se dedica a pintar paredes para ganarse el pan? Eso lo alimentaría de otro modo." Pero iba a buscarme una jarra de cerveza, diez peniques de paté y dos panecitos. Luego volvía a su máquina diciéndome: "Vamos, siéntese aquí a mi lado." La buena mujer me daba entonces de comer cuando yo  no podía pagarle el alquiler  ni siquiera una sola vez... Vea usted Baur, me gustaría mucho volver a su casa pero no puedo hacerlo mientras sea canciller del Reich.

Sin embargo, Hitler nunca olvidaba a la gente y le dijo a su ayudante:

- Brückner, acabo de hablar con Baur de la vieja vendedora de legumbres de Múnich. Seguramente ella no puede ya ir al mercado. Averigüe qué ha sido de ella. Le daría una pequeña renta de mi dinero personal para que vea que no la he olvidado.

Ciertamente se trata de una anécdota encantadora.

En otra ocasión en la que Hitler supo que Göring disponía de un avión lujoso, le dijo a su piloto:

- Baur, un avión como ese puede ser para Göring, pero no para mí. No vaya por favor bajo ningún pretexto a imitar este modelo. Nos quedaremos con nuestras viejas instalaciones sencillas y de buen gusto. El lujo no me sienta. Por lo demás, la gente no comprendería si yo recorriese el país en un avión tan lujoso.

Una muestra del carácter de Hitler lo encontramos en la siguiente anécdota. Baur tenía muchas ganas de ir a África. Pidió permiso a Hitler y éste se lo denegó. El Führer sentía mucho miedo de perder a su piloto y no se fiaba del viaje: "Imagínese usted si se ve obligado a aterrizar en el desierto, será devorado por los leones. Y yo me quedaré aquí, esperándolo. No, no, usted no se irá."

En los siguientes días Hitler vio a Baur triste. El Führer estaba tan preocupado que se lo preguntó directamente: "¿pero qué es lo que le pasa?" "Usted sabe la razón, me hubiera gustado ir a África.", contestó el piloto. Finalmente Hitler le permitió hacer el viaje, con la condición de que telegrafiara todas las noches por si necesitaba ayuda. Cuando Baur regresó de su viaje, Hitler le recibió con un abrazo.

Otra anécdota del carácter de Hitler se puede observar durante una visita que Hitler hizo a Italia. Cuando vio que los italianos se inclinaban ante la familia real, Hitler se puso malo. No podía soportar esas costumbres:

- ¡Fue un momento abominable! ¡Tengo horror a esas viles costumbres cortesanas! Nunca las he podido tolerar. Ver a los italianos arrojarse por el suelo, me pareció tan indigno que no tuve más que una sola idea: salir de aquí lo más rápido posible.

Con respecto a la guerra, Baur asegura que Hitler estaba dispuesto a no poner ningún obstáculo  a la posición mundial de Inglaterra, siempre que le dejaran las manos libres en Europa. Por otra parte, Hitler admiraba la política mundial de Gran Bretaña. También según Baur, Hitler atacó a Polonia porque pensaba que Francia e Inglaterra se mantendrías alejadas del conflicto. Cuando se enteró de las declaraciones de guerra Hitler se consoló diciendo que el conflicto debía surgir  tarde o temprano, y que era mejor que se produjera en ese momento en que él tenía planes para el desarrollo de Alemania. 

Con respecto al tratado de Hitler con Stalin, Baur nos dice que Hitler se defendió diciendo que sin aquel tratado de comercio y de amistad la situación de Alemania hubiera sido muy difícil. Confiaba también Hitler en una reacción de los ingleses. Según Baur, ese tratado satisfacía mucho a Hitler. 

29 de junio de 2010

Yo fui el piloto de Hitler -1ª parte-

Yo fui piloto de Hitler - Hans Baur

Acabo de finalizar las memorias del piloto de Hitler. Que yo sepa, no se encuentran editadas en España, por lo que se hace obligatorio hacerse con esta edición argentina, con las diferencias lingüísticas propias. Por cierto, me gustaría saber si los del otro lado del atlántico notan mucha diferencia entre un libro traducido en España y otro propio. Porque ciertamente a mi en ocasiones me resulta un poco complicado entender la traducción. 

Esta biografía la podemos considerar hermana de otras escritas por colaboradores y amigos de Hitler. Va muy bien en nuestra estantería junto a "Yo fui amigo de Hitler" de Heinrich Hoffmann, Doce años junto a Hitler de Christa Schroeder o, en menor medida, "Hasta el último momento" de Traudl Junge. Se trata de biografías de amigos de Hitler que no necesariamente relatan los horrores de la guerra, sino anécdotas más o menos interesantes de la vida y personalidad de Hitler. En ese sentido Baur es bastante benévolo con Hitler, teniendo en cuenta los diez años que el pobre hombre tuvo que sufrir en diversos campos de concentración de Rusia y que le costaron la amputación de una pierna. Yo doy mucha importancia a estos libros, puesto que en ellos encontramos a un Hitler en estado puro, tal y como era. Por otra parte, el autor, al hablar solo de esas anécdotas, queda en cierta forma absuelto de los supuestos crímenes que la historia pudiera atribuirle, o por lo menos de su supuesta complicidad, que de todo supongo habrá. 

Baur se puso al servicio de Hitler en marzo de 1932, esto es, justo un año de la subida al poder. Por lo tanto, participó activamente en las campañas electorales finales de Hitler. Baur asegura que de ese modo "Hitler, voluntariamente o no, se convirtió entonces en el gran propagandista de la Lufthansa y contribuyó grandemente a la extensión del tránsito aéreo." Así que ya tenemos otra atribución para Hitler, la de haber contribuido en la popularidad del tráfico aéreo. 

Otro mérito indiscutible de Hitler es el de la persuasión. Solo Hitler era capaz de atraer a las masas hacia su movimiento como nadie lo ha hecho nunca. Era capaz de convencer a un comunista sin el menor problema. Con ocasión de una campaña electoral en la que debía hablar en Hamburgo, ciudad ganada por los comunistas, se produjeron varios disturbios y Hitler le dijo al piloto:

- Si logro hablar durante diez o quince minutos, la partida ha sido ganada. No hay que temer que me arrojen fuera. La mayor parte se calla para escucharme hablar, primero con desconfianza, luego con entusiasmo.

Se comprende entonces el por qué Hitler habló siempre con angustia que le hubieran ido mejor las cosas de no haber apoyado a Franco, pues siempre dijo que le hubiera resultado más fácil convencer a los comunistas españoles para su causa.

Como el libro contiene muchas anécdotas, voy a resumir alguna que me ha llamado la atención.  En una ocasión en que Hitler estaba cansado de estar junto a muchos hombres, propuso a Sauckel:

- Arregle usted algo para traer algunas mujeres a nuestra mesa. Ya estoy cansado de ver siempre hombres alrededor de mi, y querría escuchar algunas voces femeninas.

Hitler se entusiasmó con la idea. Sin embargo, cuando alguna mujer se le acercaba, apenas le mostraba confianza. Le dijo a Baur:

- Usted tiene razón. Hay cosas que no puedo permitirme. Conmigo las mujeres no buscan más que un efecto de propaganda y como me encuentro bajo los reflectores de la vida pública, debo preservarme  de ellas. Si usted se permite una comparación, nadie irá a gritarlo por los techos, pero yo, no podría después mostrarme en ninguna parte. Las mujeres son incapaces de contener su lengua. 

Efectivamente, no se conoce a ninguna mujer que haya podido decir que mantuvo una relación íntima con Hitler. Estoy convencido de que de haber existido, se sabría perfectamente. Por lo tanto, Hitler hizo siempre un gran esfuerzo por mantenerse alejado de las mujeres. "Hitler evitaba ansiosamente todo aquello que pudiera alcanzar su prestigio, su aureola", sentencia Baur. 

Otra anécdota que relata Baur:

"Era por cierto muy interesante aprender a conocerlo más de cerca, principalmente cuando él trataba de calmarse. En los jardines de la cancillería había muchas ardillas domesticadas. Cuando Hitler llegaba allí corrían hacia él saltando y brincando para conseguir avellanas. Siempre las llevaba en los bolsillos. A menudo cuando su provisión se acababa yo le proponía ir a buscar otras. Pero él se negaba siempre:

- No, Baur, ese no es su papel.

Llamaba entonces, aparecía un criado detrás de los árboles y le traía nuevas avellanas. "

Me cuesta mucho creer que una persona tan sensible con los animales, fuera un monstruo con los humanos. Quizá ambas cosas no sean incompatibles, pero en Hitler tenemos suficientes anécdotas como para pensar claramente en una sensibilidad mayúscula. 

Otro ejemplo más de la prodigiosa memoria de Hitler lo encontramos en otra anécdota. En una ocasión en la que se encontraban en casa de Hanfstaengl, éste interpretó una obra al piano. Después de que Hanfstaengl la interpretó, Hitler la silbó desde el comienzo hasta el final, interrumpiéndose para señalar alguna modificación. 

Una cuestión que me ha desconcertado es cuando Baur habla de la primera entrevista entre Hitler y Mussolini y la sitúa el 14 de Junio de 1933 en Venecia. Yo tengo entendido que esa famosa entrevista tuvo lugar en 1934, así que pensé que se trataba de un error de traducción o de imprenta. Sin embargo, al final del libro Baur continúa diciendo que Hitler y Mussolini se encontraron en 1933, 1934, 1937 y 1943. La verdad es que ignoro por completo si Hitler y Mussolini se encontraron por vez primera en 1933, pero no tengo constancia y lo dudo. Por otra parte, Baur insiste en que en febrero de 1934 tuvo lugar la segunda entrevista entre los dos mandatarios, también en Venecia. 

Hace un tiempo se habló de una nueva biografía sobre Eva Braun próxima a publicarse. Traté el asunto en el blog. En esa nueva biografía la autora aseguraba que Eva Braun jugó un papel destacado en la política de Alemania y que tuvo influencia en Hitler. Yo siempre lo dudé. Baur nos saca de dudas una vez más, al tiempo que creo que hace un esbozo perfecto de lo que fue la relación de Hitler y Eva Braun:

"Eva Braun no jugó absolutamente ningún papel en la política y no concibió ninguna ambición a partir de la situación privilegiada en la que se encontraba.Todos los que la han conocido se han sentido tocados por su personalidad. Se ha tejido alrededor de ella una leyenda, en esta época en la que se busca lo sensacional y se ha contado a su respecto gran cantidad de estupideces. Ella no fue gran cosa, pero se contentó con lo que era, limitándose a ser una mujer a la que un hombre quería hacer dichosa y logrando tan sólo una dolorosa felicidad. Personalmente aprecié enormemente su simplicidad y su bondad."



21 de junio de 2010

La salud de Hitler en 1944

A finales del año 1944 la salud de Hitler se deterioró mucho. Después del atentado, Hitler comentó bromeando con sus secretarias:

-  "Antes de la bomba, me temblaba la pierna izquierda; después de la bomba, me tiembla la mano derecha. Menos mal que el temblor no me ha llegado aún a la cabeza. ¡Mal día será aquel en que no pueda dejar de hacer movimientos afirmativos con la cabeza!"

 Para colmo, su peluquero le había contagiado un resfriado y un dolor de senos le impedía dormir. La cabeza parecía que le fuera a estallar.  Entonces los médicos de Hitler se pusieron a investigar. Morell, el médico personal de Hitler, le suministraba una sulfamida llamada Ultraseptil en vez de darle sulfamida Tibatin (Irving, pag. 561). Como consecuencia de ese tratamiento Hitler quedó paralizado por los dolores de estomago y apenas podía dormir. La pugna entre médicos no fue precisamente buena para Hitler. En una ocasión visitó al Führer el doctor Von Eicken y le recomendó un tratamiento diferente. Sin embargo Morell se negó. Paralelamente el médico del ejército Giesing probó los medicamentos de Morell y comenzó a sufrir los mismos efectos que Hitler. Morell suministraba a Hitler cocaína para calmar los dolores de los senos.  Sin embargo, el desconfiado Giesing sospechó que la cocaína le había producido a Hitler un ataque cardíaco ya que el Führer tuvo mareos y en una ocasión estuvo noventa segundos apoyado en una mesa para no caerse. 

Sin embargo, Hitler quiso seguir su tratamiento con cocaína. Sin embargo, tenía temor de hacerse adicto. También observó que perdía la memoria. "¿Qué importa mi salud cuando la existencia de la nación entera está en juego?", solía repetir.


El 19 de septiembre de 1944 Hitler se trasladó a un hospital militar para que le efectuaran radiografías de la cabeza. En ese hospital aún había heridos por el atentado de julio. Hitler quiso visitarlos. Estrechó también la mano del personal. Allí se encontró también con su ayudante Schmundt, que se encontraba gravemente enfermo. Esto impactó mucho a Hitler, al punto de que se echó a llorar. Cuando después Schmundt falleció, Hitler lloró de nuevo. En este detalle podemos observar claramente la sensibilidad de Hitler, A su viuda le dijo:

-Es usted quien debe consolarme a mí, porque mi pérdida ha sido todavía mayor.

El médico Giesing continuó investigando las pastillas que Morell suministraba a Hitler y quedó perplejo cuando descubrió que el Führer estaba ingiriendo dos venenos, estricnina y atropina. Pensó que eso explicaba los síntomas de Hitler: irritabilidad, ronquedad y el extraño tono de su piel. Hitler continuaba sufriendo dolores y llegó un momento en que no pudo levantarse de la cama. Todo el mundo estaba muy alarmado. Se negaba a ver nadie y no probaba bocado. Todo le resultaba indiferente. Después de años de presión, un ambiente absolutamente insano, muchas medicinas y noticias desastrosas, Hitler se encontraba al límite de sus fuerzas. Giesing aconsejó a Hitler dejar el tratamiento con cocaína. "No, mi querido doctor, creo que mi debilidad física de los últimos días se debe al mal funcionamiento de los intestinos y a los cólicos".

En una ocasión, el doctor Giesing se las arregló para tener una entrevista con Hitler. Para su sorpresa, Hitler no se mostró preocupado por los medicamentos que tomaba y le dijo:

- Son las preocupaciones y problemas constantes los que no me dejan descansar; y no puedo hacer otra cosa que trabajar y preocuparme por el pueblo alemán día y noche. Le dio usted un gran susto a Morell. Se lo ve muy pálido y preocupado y se reprocha constantemente a sí mismo. Pero yo le he tranquilizado. Siempre creí que eran simples píldoras para absorber los gases intestinales, y siempre me he sentido muy bien después de tomarlas. 

El doctor le explico que esa sensación podría ser ilusoria.

- Probablemente tenga razón -contestó Hitler- pero eso no me ha hecho ningún daño. He sufrido esos cólicos intestinales debido a la tensión nerviosa continua del último mes. Y después de todo lo que pasó el 20 de Julio, era inevitable que me afectase en algún momento. Hasta ahora he tenido la fuerza de voluntad suficiente para no dejar traslucir nada, pero ahora ha salido todo a la luz.

El médico le dijo que Hitler seguramente padecía ictericia. En el libro de Irving, nos dice que Hitler perdió mucho peso y que le hicieron unos análisis de sangre y orina que indican varias causas de ictericia.



En octubre de 1944 Hitler recibió una buena noticia: el cuarto ejército del general Hossbach reconquistó Gumbinnen, en el frente del este. Lo que los soldados alemanes encontraron fue una estela de muerte y torturas que los rusos dejaban tras de sí. Estos hechos impresionaron mucho a Hitler y ordenó que se tomaran fotografías para que constituyeran una prueba. Su buen humor desapareció a causa de esas torturas. Las fotografías le impresionaron tanto que tuvo que hacer un gran esfuerzo para apartarlas de su mente. Se trataba de fotografías de mujeres violadas, niños y hombres asesinados. Hitler juró vengarlos:

- No son humanos. Son las bestias de las estepas asiáticas. La guerra que libro contra ellos es una lucha en defensa de la dignidad del hombre europeo. A cualquier precio hay que obtener la victoria. Debemos ser implacables y luchar con cuantos medios tengamos a nuestra disposición.

Finalmente, Hitler regresó a Berlín, abandonando para siempre el cuartel general llamado La Guarida del Lobo (Wolfsschanze). Ese viaje fue especialmente triste para Hitler. En el fondo, sabía que no regresaría. No obstante, se mantuvo optimista con sus colaboradores. Incluso permitió que continuaran las obras de reconstrucción de ese cuartel general. Para entonces (noviembre de 1944) Hitler apenas podía hablar. Su voz era un susurro. Tenía un pólipo que había que extirpar con urgencia. El profesor Van Eicken le operaría de nuevo de la garganta. Existía el problema de que Hitler perdiera la voz. El pólipo que el doctor le extirpó a Hitler era del tamaño de una semilla de alpiste, pero era benigno. La anestesia que se empleó resultó tan excesiva que el Führer quedó inconsciente durante casi ocho horas. El medico no tuvo en cuenta que Hitler era abstemio y no fumaba, con lo que el efecto de la anestesia fue mucho mayor en él.

A principios de diciembre, Hitler aún hablaba en susurros. La secretaria Junge nos relata su estado:

- El Führer solo podía hablar muy bajo. Durante una semana no pudo hablar en voz alta. Al poco tiempo de comenzar la conversación, todos nos pusimos a hablar en voz baja, hasta que Hitler dijo que su oído estaba bien y que no había que protegerlo. Nos echamos a reír y Hitler se sumó a la risa.

Una vez que Hitler se recuperó, viajó esta vez hacia el Nido del Águila, en el frente del Oeste. Estaba a punto de comenzar su última ofensiva: la batalla de las Ardenas.

Bibliografia utilizada en este artículo: La Guerra de Hitler (David Irving), Adolf Hitler (John Toland) y Hasta el último momento (Traudl Junge)


16 de junio de 2010

A vueltas con Hitler

Tenemos muchas novedades. La que me ha parecido más relevante ha sido el anuncio del director de cine Rakesh Rajan Kumar de filmar lo que sería la primera película de producción india sobre Hitler. Las declaraciones del director resultan interesantes, puesto que la forma de ver que tienen los ciudadanos de la India con respecto a Hitler son muy diferentes:

"Tuvo éxito como líder político y quiero mostrar por qué fue, en cambio, un fracaso como ser humano, cuáles eran sus problemas, sus retos y sus intenciones."

La pena es que, como de costumbre, la película se centrará en los últimos días de Hitler, lo que me parece que es precisamente el momento de Hitler que más se ha llevado a la pantalla. El director se quiere centrar en la relación de Hitler con Eva Braun. Es una pena que se centre (según parece) en los días del búnker, y no en otros momentos de la vida de Hitler y Eva Braun que se me antojan más interesantes, como cuando ambos vivían tranquilamente en Múnich o en el Berghof.  La historia de Hitler y Eva Braun me parece muy cinematográfica en su conjunto, y no solo sus últimos días, que casi todo el mundo conoce. Es como si la industria del cine se hubiera empeñado en que la gente tenga una imagen de un Hitler siempre encerrado en un búnker.

El personaje de Hitler lo encarnará Anupam Kher, que ya hizo de Ghandi en otra película. Precisamente esta película se va a titular "Mi querido amigo Hitler" que es como el propio Ghandi se dirigió a Hitler en su día para solicitarle que no fuera a la guerra. En una serie de entrevistas el director Kumar ha sugerido que Hitler hizo más por la independencia de la India que cualquier otro lider. Como sabemos, al término de la guerra el imperio británico se encontraba tan debilitado que no le quedó otro remedio que dar la independencia a la India.

La noticia de la película ha dado la vuelta al mundo, con lo cual dudo mucho que el director mantenga una independencia a la hora de filmarla. Como he dicho, Hitler no es tan popular ni odiado en los países musulmanes o en la India, por lo que me parecía interesante el experimento. Pero resulta que, una vez que en Occidente nos hemos enterado del asunto, los periodistas no dejan al director en paz y casi están escandalizados por si presentan a un Hitler muy humano en la película. En fin, a finales de año parece que estará lista y podremos comprobarlo. Apuesto a que será otra bazofia al uso.

Bien, para que veamos que en Asia la imagen de Hitler es totalmente diferente, es habitual en muchos lugares asiáticos encontrarse con bares que usan el nombre de Hitler como reclamo. Por ejemplo, en la ciudad de Mumbai existía un bar que se llamaba "Hitler's Cross" y tuvo mucho éxito. En la India la esvástica trae buena suerte y a la entrada del bar se podía contemplar una gigantesca esvástica. Por supuesto, la comunidad judía ya puso el grito en el cielo y consiguió que el propietario cambiara el nombre del bar.

En Corea del Sur, en la localidad de Busan, un tipo quiso abrir un bar dedicado a la cerveza y le llamó "Hitler". El buen hombre pensó que ese nombre iba muy bien para un bar de cerveza. La comunidad internacional puso el grito en el cielo y el propietario tuvo que cambiar el nombre. Al principio le rebautizó con el nombre de "Ditler" pero no coló, y finalmente le llamó "César". Tiene gracia el asunto.









Aquí vemos otros dos ejemplos de bares con el nombre de "Hitler" como reclamo. Lo gracioso del asunto es que en toda Asia es fácil encontrarlos, ya que para ellos el nombre de Hitler no es muy diferente del de Napoleón. Sin embargo, en nuestra sociedad eso sería algo impensable.

Y ya que estamos con curiosidades, hace un tiempo la asociación americana de defensa de animales PETA lanzó una campaña para que la gente no adopte perros de raza y sobre los riesgos de la cría de perros de raza. No se les ocurrió otra cosa que poner como imagen a un perrito disfrazado de Hitler. Lo que mucha gente ignora es que el propio Hitler era un amante de los animales y vegetariano, lo que le convertiría perfectamente en un simpatizante de la famosa organización PETA. Mucha gente se niega a aceptar que Hitler fue vegetariano. Tanto es así que en una ocasión leí un libro sobre vegetarianismo en donde la autora (no recuerdo ahora quién) se negaba a creer que un "monstruo" como Hitler fuera igual que ella, vegetariana. La mujer se empeñó en demostrar que Hitler se atiborraba de carne y salchichas, sin ninguna prueba por cierto.



Otra noticia que ha pasado sin pena ni gloria, ha sido la del historiador alemán Gerhard Roth, quien ha asegurado que el abuelo y el padre de Hitler fueron la misma persona. Su "descubrimiento" lo justifica de la siguiente manera:

"al parecer siempre ha habido indicios de incesto en la familia de Hitler. Hitler tuvo una relación traumática con sus orígenes y siempre trató de ocultarlos. Eso formó parte de su psicopatía. Es conocido que existe un misterio acerca del abuelo de Hitler por parte paterna. Las dos personas que podrían haberlo sido, Johann Georg Hiedler y Johann Nepomuk Hiedler, fallecieron antes del nacimiento de Adolf Hitler."

La nueva teoría ha resultado tan absurda, que el mismo Ian Kershaw la ha desmentido: " Esa suposición me resulta completamente nueva y bastante grotesca. No conozco una sola fuente que la respalde."

Bien, acabo estas noticias con unas fotografías de Hitler poco conocidas, y podemos seguir nuestro debate sobre el Führer en los comentarios, que tan interesante está resultando últimamente con vuestras aportaciones. Las imágenes corresponden a unas maniobras en Rechlin en 1939:













8 de junio de 2010

Hitler en el año 1939

En la fotografía observamos una carta postal editada con motivo del 50 aniversario de Hitler. 1939 fue un año clave para el Führer. En enero la Nueva Cancillería que Speer construyó en un tiempo record, ya estaba inaugurada. Estaba ubicada en la Voss Strasse y se podía ver perfectamente a cientos de metros

No era fácil ver a Hitler en la Nueva Cancillería. En Berlín Hitler tenía su residencia en el primer piso de la vieja Cancillería. Sin embargo, cuando se encontraba en Berlín, Hitler estaba más activo recibiendo a ministros y al cuerpo diplomático. Después del almuerzo, Hitler leía la prensa. Por aquella época también tenía la costumbre de ver películas. Según David Irving, podía ver las películas que quisiera y si alguna no le gustaba, se preguntaba cómo era posible que Goebbels la hubiera permitido. También según Irving, cuando el Führer vio Marie Antoinette, se levantó y se marchó muy ofendido. 

En febrero Hitler viajó en tren hasta Hamburgo para la botadura del mayor acorazado construido hasta la fecha y al que se bautizó con el nombre del antecesor del Führer, Bismark. Hitler mismo decidió las posiciones de las cámaras de los periodistas y prohibió a los corresponsales extranjeros. 





Es curioso porque Hitler se refirió "al día más feliz de mi vida" en varias ocasiones a lo largo de su vida. En marzo pronunció esa frase a sus secretarias y les dijo a su vez "acabo de conseguir algo por lo que otros lucharon en vano durante siglos. La Bohemia y Moravia vuelven a ser del Reich. Pasaré a la historia como el alemán más grande de todos los tiempos."

Pero el hecho más importante del año 1939 fue la invasión de Polonia. Según cuenta el piloto personal de Hitler, Hans Baur,  "Hitler se decidió a abrir las hostilidades, estoy convencido, más porque no creyó en una intervención de Francia e Inglaterra... Cuando se encontró ante las declaraciones de guerra, se consoló diciendo que el conflicto debía surgir tarde o temprano, que valía más verlo producirse en ese momento, cuando todavía él tenía la posibilidad de realizar sus planes para el desarrollo de Alemania... ordenó a Speer que no concibiera en gran escala las construcciones nuevas, necesarias para la guerra en el dominio industrial, sino que previera su duración durante dos años, cuatro como máximo."

Sobre el tratado que Hitler firmó con Stalin, también tenemos la versión que nos da Hans Baur:

- Como la vez anterior, el tratado concluido en Moscú fue objeto de ardientes discusiones en la mesa. Hitler declaró, entre otras cosas, que sin aquel tratado de comercio y de amistad, nuestra situación hubiera sido difícil. Además, esperaba alguna reacción sobre los ingleses.

Según Baur "todos tuvimos la impresión  de que aquel tratado satisfacía enormemente a Hitler.

En noviembre del mismo año, Hitler dio el discurso anual para celebrar el aniversario del Putsch de 1923. Como es sabido, Hitler abandonó la cervecería antes de lo previsto, según Baur porque el Führer debía volver a Berlín y al no poder llevarle en avión debido al mal tiempo, se decidió que volviera en tren. Menos de una hora después de que Hitler abandonara el local, una bomba estalló. Según el piloto de Hitler, cuando se descubrió al autor del atentado, Müller, fue condenado a muerte pero Hitler intervino para hacerlo internar en un campo de concentración. Sin embargo el autor del atentado murió en ese campo. 

Durante las navidades de ese año, Hitler quiso preparar los regalos para su personal. Nos dice Baur:

- Le gustaba regalar y comprobar que sus regalos habían gustado. Una vez me dijo que hubiera querido elegir esos regalos personalmente pero que desgraciadamente no podía ir a los comercios. Le aconsejé seguir el ejemplo de Göring, que se presentaba en esos comercios después del cierre para hacer sus compras con toda tranquilidad, pero este modo de actuar no le gustaba mucho, según me dijo.

Al estallar la guerra, Hitler quiso mantener su estilo de vida sencillo, haciéndolo incluso más sencillo. Cuando le dijeron que iban a decorar un puesto de mando en el que habían previsto esculturas, herrajes y alfombras caras, lo rechazó al momento diciendo: "¿cree usted que me instalaría a vivir allí? Por otra parte, millares de alemanes vendrían de peregrinaje. ¿Qué idea tendrían ellos al comprobar que yo vivía en un lujo tal?"

Tampoco le gustaba a Hitler el lujo cuando comía cerca del frente. Comía en la cocina de la tropa. Según cuentan sus allegados, nunca vieron que se preparara una mesa especial para él. 

Como vemos, a Hitler no le gustaba el lujo, y mucho menos le gustaba dar una imagen frívola. Le preocupaba mucho que sus semejantes le vieran rodeado de lujo. Sin embargo para Hitler eso nunca supuso ningún problema. Su modo de vida era muy sencillo. A menudo se ha dicho que Hitler expropió cuadros para él. Pero lo cierto es que Hitler proyectaba exhibir sus cuadros en un futuro museo. Las posesiones nunca obsesionaron a Hitler. Todas sus pertenencias eran del pueblo, acostumbraba a decir.


1 de junio de 2010

Opiniones sobre Hitler

Entrevista a Leni Riefenstahl aparecida en el periódico El Sol el 24 de noviembre de 1991:

-Yo era una más de los 60 millones de personas que estaban fascinadas por Hitler, como muchos alemanes y extranjeros lo estuvieron también hasta después de la guerra. Pero no estaba lo suficientemente fascinada como para entrar en el partido. Hitler se rodeó de sádicos, pero esto no se supo hasta después de la guerra. Hitler, antes y después de la guerra era una persona distinta. Si en el pueblo alemán alguien hubiese sabido que Hitler hizo lo que hizo con los judíos no hubiese tenido afiliados al partido, ni siquiera uno. Si se ve El Triunfo de la Voluntad y ves las imágenes de la gente aclamando a Hitler, entonces te das cuenta de cómo se le veía.

- Socialmente Hitler hizo mucho por Alemania. Seis millones de personas que estaban paradas vieron solucionado su problema. En Alemania había pobreza y él afrontó este problema de verdad, por eso tuvo tantos seguidores. Se pensaba que todo su discurso antisemita y racista era propaganda, que no lo mantendría hasta el punto que lo hizo.

Entrevista a Leni Riefenstahl aparecida en el periódico ABC el 10 de Septiembre de 2003:

- Me caía simpático, era muy agradable y siempre repetía que no quería guerra, que no quería expulsiones. A veces creo que perdió las riendas de todo. En los momentos más difíciles me invitaba a su casa y entonces hablaba sin interrupción, sin mirarme... Después de horas me miraba brevemente, me acariciaba la mano y me susurraba "gracias por venir". Muchas veces salí de su habitación sin haber dicho una palabra. Le aseguro que Hitler me necesitaba más como persona que como mujer. Necesitaba angustiosamente alguien en quien confiar. 

Entrevista a Ernst Jünger aparecida en el periódico El País el 25 de marzo de 1995:

- Me parece completamente catastrófico que haya crecido en Viena, donde Lueger y otros expandieron un antisemitismo monstruoso. Si Hitler no hubiera seguido ese antisemitismo, si no hubiera cogido ya eso en su niñez, el mundo sería hoy totalmente distinto. Fue un transformador del mundo, pero en un sentido nada agradable.

Entrevista a Joaquim Fest aparecida en el periódico El País el 27 de Febrero de 2005:

- Naturalmente, Hitler era un ser humano.  ¿Qué era si no? Durante un tiempo se le declaró un monstruo, pero él no llegó de otro planeta. No era un fantasma de otro planeta, sino una persona como las demás. Él puso de manifiesto que el mal existe de verdad en el mundo. Con la Ilustración todos nos hemos dejado convencer de que no existe el mal, de que se trata de algo fantasmagórico. No, el mal se esconde en cada ser humano. A través de Hitler y muchos otros, no solo Hitler, sino también Stalin y Mao y como se llamen, yo espero que se haya aprendido que el mal existe y que hay que armarse en contra y hay que estar prevenido. 

Declaraciones de Salvador Dalí:

- A los jóvenes les mataron a su ídolo, un señor muy interesante llamado Adolf Hitler. Por eso nacieron los hippies y todas esas agrupaciones de jóvenes que se han quedado sin una programática vital. Yo, aunque no he sido nunca muy hitleriano, reconozco que había en el hitlerismo una gran dósis de romanticismo, un halo de magia, que es exactamente lo que los jóvenes de ahora están buscando y no encuentran.

Declaraciones de David Bowie:

- Adolf Hitler fue una de las primeras estrellas del rock. Vete a ver alguna de sus películas y fíjate cómo se mueve. Creo que es casi tan bueno como Mick Jagger. Es asombroso. Y, chico, cuando subía al escenario, trabajaba al público. Era un artista de los medios de comunicación de masas. Utilizaba la política y el teatro y creó esa cosa que gobernó y controló el espectáculo durante doce años. El mundo nunca verá algo parecido. Su público era una nación entera.