20 de mayo de 2009
16 de mayo de 2009
Göring Mi Marido
Göring mi marido - Emmy GöringHe terminado de leer Göring mi marido. Se trata de una edición limitada de 1500 ejemplares y ciertamente el libro no ha tenido mucha difusión ni publicidad, a pesar de lo atractivo que es, además de estar presentado en una buena edición. Lógicamente no hay que esperar de este libro críticas a Göring sino todo lo contrario. Emmy Göring defiende a su marido con uñas y dientes y, por supuesto, tuvo todo el derecho del mundo a hacerlo. Al terminar el libro, la sensación que transmite la señora Göring es de la gran bondad de Hermann Göring y de las tremendas injusticias que se cometieron con él. Por supuesto, eso no es incompatible con haber sido el segundo personaje del III Reich. Son sus memorias y ella lo cuenta todo bajo su punto de vista. Así que nadie se espere ni una sola crítica a Hermann Göring, aunque sí alguna hacia Hitler y el III Reich, cosa lógica teniendo en cuenta la terrible situación en la que se encontró la familia Göring al final de la guerra y durante la terrible posguerra.
Me gustaría centrarme primero en lo que se refiere a Hitler y después comentar algo más respecto a Göring, siempre a través de la perspectiva de Emmy Göring. Ella separa dos personalidades distintas en Hitler: una primera, con un Hitler simpático y con ganas de devolver la dignidad al pueblo alemán y otra a partir del estallido de la guerra en el que nos presenta a un Hitler inaccesible. Emmy simplifica esto en esta frase:
"Su humor era fácil y natural y su cordialidad y optimismo eran todavía desbordantes. Por ello vería como tragedia la evolución de su carácter pasado el tiempo. Bien es verdad que el exceso de trabajo que su cargo le imponía habría tenido mucho que ver en ello."
"No se puede decir que el espectador advirtiese en él nada anormal, nada que guardase relación con el presunto poseso, con el energúmeno. Era tan sólo un hombre que sabía lo quería y que estaba seguro de alcanzar su objetivo. Poseía una constancia y una tenacidad que había acreditado ya en el año 1932. Era un convencido de su propio mesianismo, de que tenía y que podía salvar a Alemania y que a ello estaba llamado."
- Qué aliviado se siente uno al entrar aquí a descansar un rato!. Todo el día estoy oyendo voces de hombres junto a mi. Se que me quieren y se preocupan por mi, pero ustedes no pueden imaginarse lo fatigoso que esto se hace.
Otros detalles de la vida privada de Hitler:
- Me parece obligado dejar aquí constancia de que Hitler, ni en la esfera privada, ni más tarde en la Cancillería del Reich, ha pretendido nunca imponerles a sus invitados un régimen vegetariano, sino que por el contrario les hacía servir con largueza y sin apartarse de los menús tradicionales. Ni siquiera le halagaba que el correligionario político por él invitado a tal o cual restaurante pidiese un plato de verduras o legumbres por no desentonar del mismo Hitler, que normalmente se los hacía servir.

Otro aspecto del carácter de Hitler nos lo cuenta Emmy con la siguiente anécdota. Helmut Brückner, primer ayudante del Führer durante muchos años, sufrió un accidente y resultó gravemente herido. Hitler acudió al hospital para seguir el proceso de su ayudante y mientras esperaba por las salas del hospital no dejaba de pasear arriba y abajo. Tenía los ojos arrasados por las lágrimas y no dejaba de lamentarse "¡Mi buen Brückner! ¡Quiera Dios sacarle con bien de la operación!". En esta anécdota encontramos a un Hitler sensible que se preocupa por los suyos de una manera muy humana.
En boca de Hitler tenemos también una frase que pronunció y que le resultaría fatídicamente premonitoria:
- Hay que ver las cosas inverosímiles que la gente cree; a veces dan crédito a noticias e informaciones en las que no hay una palabra de verdad. ¡Qué tonterías no dirán un día los periódicos sobre nosotros y nuestra labor cuando ya no estemos en vida para rectificarlas!...
Resulta interesante algún comentario que hace Emmy sobre la guerra. En especial cuando asegura que Hitler declaró la guerra a Rusia "basándose en numerosos informes que le persuadieron de la inminencia de una invasión preparada por los rusos. De ahí la calificación de guerra preventiva que le dio a su ataque a Rusia.". También habla Emmy sobre otros aspectos de la guerra, como la huida de los ingleses en Dunquerque. Para Emmy esta claro que Hitler pudo aniquilar al ejército inglés si se lo hubiera propuesto pero que les permitió la retirada para "no cercenar la oportunidad de llegar todavía a una alianza con los ingleses". Durante mucho tiempo aun después de estallada la guerra, Hitler no quiso admitir una guerra con los ingleses. "Hitler se comporta como si la guerra con Inglaterra no existiera; para él no hay tal guerra."
Finalmente el libro de Emmy trata sobre la distancia que se tornó más grande entre Hitler y Göring a medida que avanzaba la guerra. A pesar de todos los reveses, Hitler nunca destituyó a Göring sino in extremis y motivado seguramente por una confusión y la precipitación de los acontecimientos finales.
12 de mayo de 2009
Telegrama de Hitler

Uno de los últimos telegramas secretos de Hitler desde el búnker enviado a Jodl, el mismo día de su muerte.
El testamento político de Hitler fue firmado por Goebbels, Bormann, Burgdorf y Krebs. Se hicieron tres copias porque Hitler estaba muy interesado de que al menos una llegara al exterior. Tres hombres diferentes se encargaron de que llegaran a su destino. El viaje fue muy azaroso: ninguno de los tres hombres logró llegar a su destino pero fue mérito suyo que los documentos se quedaran para la historia. Desconozco dónde se encuentran en la actualidad esas copias del testamento político de Hitler.
10 de mayo de 2009
El Testamento de Hitler






Reproduzco el testamento político de Hitler. En las imágenes podemos ver copias del original, tal y como fue redactado por Hitler. Abajo la traducción. Suele ocurrir que en muchos libros no lo incluye entero. Ciertamente el testamento nos indica claramente que Hitler, a pesar de su deterioro físico, conservaba íntegras sus facultades mentales.
MI TESTAMENTO POLITICO
Desde 1914, cuando como voluntario realicé mi modesta contribución a la guerra mundial impuesta al Reich, han pasado ya más de 30 años. En estas tres décadas, sólo el amor que siento hacia mi pueblo y la lealtad que me inspira han guiado mi persona y mis pensamientos m, mis actos y mi vida. Me ha dado la fuerza necesaria para tomar las decisiones más graves jamás impuestas a un mortal. He agotado todo mi tiempo, mis energías y mi salud en estas tres décadas. No es cierto que yo o cualquier otra persona en Alemania deseáramos la guerra en 1939. Ésta sólo la deseaban y la instigaron aquellos estadistas internacionales que eran de origen judío o bien trabajaban para los intereses judíos. Yo he realizado numerosas propuestas de limitación y control de armamentos que la posteridad no podrá negar eternamente para que la responsabilidad de haber iniciado la guerra recaiga sobre mí. Además, nunca he deseado que, después de la primera y trágica guerra mundial, hubiera una segunda contra Inglaterra, por no decir Norteamérica. Los siglos pasarán, pero de las ruinas de nuestras ciudades y nuestros monumentos artísticos, el odio volverá a crecer de nuevo hacia las personas en última instancia responsables, hacia aquellos a quienes tenemos que agradecer todo esto: el pueblo judío internacional y aquellos que lo ayudan.
Tan sólo tres días antes del estallido de la guerra germano-polaca, le sugerí el embajador británico en Berlín una solución para el problema alemán similar a la adoptada para el distrito de Saar, bajo control internacional. Tampoco esa oferta se puede negar. Su rechazo se debió únicamente a que las personas que tienen una influencia decisiva en la política británica deseaban la guerra, en parte porque esperaban ventajas comerciales, en parte por la influencia de la propaganda organizada por los judíos internacionales. También dejé claro que si, volvía a contemplarse nuevamente a los pueblos de Europa como meros accionistas de los conspiradores internacionales del dinero y las finanzas, entonces las personas verdaderamente culpables de esta guerra asesina tendrían que responder por ello: los judíos. Tampoco dejé ninguna duda de que esta vez no debía suceder que millones de hijos de las naciones europea y aria murieran de hambre, que millones de hombres adultos fallecieran y cientos de miles de mujeres y niños fueran abrasados y bombardeados hasta la muerte en las ciudades, sin que los verdaderos responsables pagaran por su culpa, aunque fuera de una forma más humana.
Después de seis años de “lucha” que, a pesar de todos los reveses, pasarán a la historia como una de las manifestaciones más gloriosas y valientes del deseo de supervivencia de una nación, no puedo abandonar la ciudad que es la capital de mi país. Dado que nuestras fuerzas son demasiado pequeñas para seguir oponiéndose al ataque enemigo en esete lugar y dado que el valor de la resistencia personal está viéndose reducido y tergiversado por la actuación de personas sin principios, deseo que, al permanecer en esta ciudad, mi destino se sume al que millones de otras personas han asumido también el suyo.
Además, no quiero caer en manos de unos enemigos que, para entretenimiento de las masas alimentadas por la propaganda del odio, esperan un nuevo espectáculo organizado por los judíos. Por lo tanto, he decidido permanecer en Berlín, y en este lugar, escoger la muerte voluntaria en el momento en que crea que la sede de la oficina del Führer y a la vez Canciller no pueda seguir siendo defendida. Muero con el corazón lleno de alegría consciente de las inconmensurables acciones y gestas de nuestros soldados en el frente, de nuestras mujeres en casa, de los logros de nuestros campesinos y obreros y de la contribución, única en la historia, de las juventudes que llevan mi nombre.
No hace falta decir el agradecimiento que, en el fondo de mi corazón, siento hacia todos ellos, y que es mi deseo que, a pesar de todo, no abandonen la lucha bajo ninguna circunstancia, sino que sigan batallando contra los enemigos de la Patria allí donde estén, fieles a los principios del gran Clausewitz. Del sacrificio de nuestros soldados y de mi propia camaradería con ellos hasta la muerte, de una u otra forma, un día crecerán en la historia de Alemania las semillas de un glorioso renacimiento del movimiento nacionalsocialista y, por lo tanto, de la realización de una verdadera comunidad nacional.
Muchos hombres y mujeres de gran valor han decidido que su vida dependa de la mía hasta el final. Les he pedido y, finalmente, ordenado que no lo hagan, y que sigan adelante con la lucha de la nación. Pido a los comandantes de los ejércitos, de la armada y de las fuerzas aéreas que refuercen de todas las formas posibles el espíritu de resistencia de nuestros soldados en el espíritu del nacionalsocialismo, poniendo especial énfasis en el hecho de que yo mismo, como fundador del movimiento, también he preferido la muerte a una cobarde huída o, peor aún, una capitulación.
Que un día pase formar parte del código de honor del oficial alemán, como yo lo forma del de nuestra armada, el principio por el cual la rendición de un distrito o ouna población resulte impensable y por el que, por encima de todas las cosas, los líderes deban dar brillante ejemplo de devoción a su tarea hasta la muerte.
Antes de morir, expulso al antiguo mariscal del Reich Hermann Goering del partido y lo privo de todos los derechos de que pueda gozar en virtud del decreto de 29 de junio de 1941, y también en virtud de mi proclama en el Reichstag el 1 de septiembre de 1939. Nombro en su lugar al gran almirante Doenitz presidente del Reich y comandante supremo de las fuerzas armadas.
Antes de morir, expulso al anterior jefe de las SS del Reich y ministro del Interior, Heinrich Himmler, del partido y de todos su cargos estatales. En su lugar nombro al Gauleiter Karl Hanke como jefe de las SS y de la Policía alemana, y al Gauleiter Paul Giesler ministro del Interior del Reich.
Goering y Himmler han causado un daño inconmensurable al país y a toda la nación, al negociar en secreto con el enemigo sin mi conocimiento y contra mi voluntad, y al intentar hacerse ilegalmente con el poder del Estado, por no hablar del acto de deslealtad hacia mi persona. Para dar al pueblo alemán un gobierno compuesto de hombres honorables, un gobierno que cumpla su cometido de continuar la guerra con todos los medios disponibles, nombro como líderes de la nación a los siguientes miembros del nuevo gabinete:
Presidente del Reich: Doenitz
Canciller del Reich: Doctor Goebbels
Ministro del Partido: Bormann
Ministro de Asuntos Exteriores: Seyss-Inquart
Ministro del Interior: Gauleiter Giesler
Ministro de la Guerra: Doenitz
Comandante en jefe del Ejército: Schoerner
Comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas: Greim
Jefe de las SS y de la Policía Alemana: Gauleiter Hanke
Economía: Funk
Agricultura: Backe
Justicia: Thierack
Educación y Culto Público: Doctor Scheel
Propaganda: Doctor Naumann
Finanzas: Scwerin-Crossigk
Trabajo: Doctor Hupfauer
Municiones: Saur
Líder del Frente de los Trabajadores Alemanes y miembro de Gabinete del Reich: ministro del Reich Doctor Ley.
Aunque alguno de estos hombres, como Martin Bormann o el Doctor Goebbels, etc., junto con sus esposas, se han sumado a mi iniciativa por voluntad propia y no quieren abandonar la capital del Reich bajo ningún concepto, sino que están dispuestos a perecer aquí conmigo, debo pedirles, sin embargo, que obedezcan mis exigencias y que, en el caso presente, antepongan los intereses de la nación a sus propios sentimientos. Con sus obras y su lealtad seguirán estando cerca de mí después de mi muerte como camaradas, igual que espero que mi espíritu siga entre ellos y siempre los acompañaré. Que sean duros, pero no injustos; sobre todo, que no permitan nunca que el miedo se convierta en consejero de sus actos y que estimen el honor de la nación por encima de todo lo demás en el mundo. Por último, que sean conscientes del hecho de que nuestra tarea de edificación de un estado nacionalsocialista es obra de los siglos venideros y que ello impone a todas las personas la obligación de servir siempre al interés común y subordinar a él su propia ventaja. A todos los alemanes, todos los nacionalsocialistas, hombres, mujeres, a todos los soldados de las fuerzas armadas, les pido que sean fieles y obedientes hasta la muerte al nuevo gobierno y a su presidente.
Sobre todo, encargo a los líderes de la nación y a las personas a su mando que observen escrupulosamente las leyes raciales y que se opongan sin piedad al envenenador universal de todos los pueblos: los judíos internacionales.
Berlín, 29 de abril de 1945 4 h 00 minutos Adolf Hitler
Mishima

El escritor japonés Yukio Mishima fue un caso curioso. Quizá se trate del escritor japonés más famoso. Pero no solo fue escritor. También fue actor, compositor, conferenciante, gran narcisista y comandante de su propio ejercito, el Tatenokai. Su vida resulta apasionante por lo complejo de su personalidad y por lo prolijo de su obra. Fue un personaje muy provocador. Y no tuvo reparos en escribir una obra de teatro llamada "Mi amigo Hitler" (en la foto junto al protagonista caracterizado de Hitler).
A Mishima le gustaban los retos. Durante su agitada vida se lanzó en paracaídas, dirigió una orquesta sinfónica, montó en un avión F102, se fotografió desnudo o con alegorías a sus fetiches, como cuando lo hizo en forma del martirio de San Sebastián. También dio conferencias en las universidades repletas de estudiantes comunistas (en la foto) a los que arengaba con sus discursos imperialistas de extrema derecha.
Pero su extravagancia más famosa fue la creación de un ejército privado, que llamó Tate-no-kai. El propio Mishima se encargó de diseñar su uniforme, de clara estética fascista. Mishima reclutó para su ejército a estudiantes, quienes le veían como a un emperador. Curiosamente, el ejército de Mishima logró hacer maniobras junto al ejército japonés. Sin embargo la misión secreta de Mishima fue la realización del seppuku, más conocido en Occidente como Harakiri, el suicidio ritual. Mishima lo preparó a conciencia durante años. Para ello, secuestró al general en jefe de las Fuerzas de Autodefensa Japonesas en el despacho del general.
Después de amordazar al general, Mishima pronunció un discurso desde un balcón. Luego se introdujo en el despacho y procedió con el ritual del seppuku. Sacó su daga y se la introdujo en su vientre, logrando con grandes esfuerzos traspasarla hasta su lado derecho. Después, su lugarteniente y quizá amante, Morita, le intentó decapitar con su espada. Hasta dos golpes en la cabeza de Mishima le propinó, sin lograr seccionarla. Por fin, un hábil esgrimidor logró cortar limpiamente la cabeza de Mishima. Ocurrió en noviembre de 1970. Toda la prensa del mundo publicó la noticia. ¿Se suicidó Mishima solo por motivos políticos? Es muy poco probable, dado su complejo carácter. Ciertamente, la vida de este escritor resulta apasionante.6 de mayo de 2009
Kraftwerk
Bueno, el tema no tiene nada que ver con Hitler, simplemente en el apartado de curiosidades, aunque algún vínculo sí que existe. El grupo alemán Kraftwerk fue pionero de la música electrónica. A ellos debemos lo que hoy conocemos como música electrónica ya que fueron los primeros en adaptar el pop a la electrónica. En su momento les tacharon de nazis porque su estética era fría, incluso resultaba sospechoso que utilizaran los colores rojo, negro y blanco para una de sus portadas. Por supuesto, ellos nunca han hablado de política. Pero lo cierto es que algún vínculo existe. El primer disco que les hizo triunfar fue "Autobahn". El disco es un claro homenaje a las autopistas alemanas. Pero eso no es todo. En sus actuaciones siempre llevan unas impactantes imágenes. Para el tema "Autobahn" las películas que utilizan son de las mismas autopistas de la Alemania de los años 30.
3 de mayo de 2009
Ideas de Hitler
A Hitler el Ministerio de Asuntos Exteriores no le gustaba nada. Y le gustaban menos los funcionarios. Creía que los diplomáticos eran gente que se movía en círculos cerrados y que solo estaban informados de lo que ocurría en esos círculos. Los diplomáticos le resultaban orgullosos:
- Me gustaría poder eliminar de los hombres el demonio del orgullo. Entre ustedes (Hitler se refiere a los diplomáticos) el valor se mide por la altura de los tacones. Si uno de nuestros diplomáticos tuviera que alojarse en un hotel de tercera categoría o se viese en la precisión de coger un taxi , ¡Qué deshonor! Y sin embargo a veces tiene interés conocer todos los ambientes. Los jóvenes se libran de esto con mayor facilidad que los bonzos.
Hitler no era partidario de mantener un personal numeroso en las legaciones porque pensaba que lo único que hacían era recortar periódicos.
Para Hitler el interés del estado era lo primero. Siempre dijo que primero era el interés del estado antes que el interés individual.
- El estado no puede ser independiente y tener una autoridad indiscutible. El simple hecho de tener acciones de una sociedad, es para mi suficiente para esa exclusión. Todo funcionario debe ser puesto ante la alternativa de renunciar a sus acciones o abandonar el servicio del estado. Los servidores del estado no deben mezclarse de ningún modo en especulaciones financieras. Si tienen dinero, que compren bienes inmuebles o que lo coloquen en valores del estado. Por lo demás, la seguridad de tales valores permite que a la larga esas inversiones sean más lucrativas que las de empresas privadas, que tienen necesariamente altas y bajas.
Lo que pretendía Hitler era acabar con la especulación y los funcionarios inservibles. Vamos, un problema que todavía tiene nuestra sociedad. Después de la reconstrucción de Berlín, Hitler tenía proyectado instalar los distintos ministerios en lugares reducidos y con poco presupuesto.
En materia de justicia, a Hitler no le gustaba la lentitud de la justicia. En particular, le irritaban las denuncias por injurias. Dijo:
- Un azote del cual podremos librar ya desde ahora a los tribunales, son las querellas por injuria. Se dispondrá que no pueden presentarse hasta después de un plazo de cuatro a seis semanas. Entretanto, las partes se reconciliarán, y ese género de asuntos desaparecerán de los juzgados.
Cuando juzgamos a Hitler por lo ocurrido durante su mandato, tendemos a equivocarnos, puesto que las ideas de Hitler no terminaron de ponerse en práctica ni en una mínima parte. Ciertamente, la guerra no fue un momento adecuado y Hitler quiso esperar a que acabara para poder poner en práctica sus ideas nacionalsocialistas.
30 de abril de 2009
No quiero para mis amigos lo que no quiero para mi
Para su cumpleaños recibía el Führer muchos regalos en forma de pasteles y otras comidas. Sin embargo Hitler siempre tuvo temor de ser envenenado. Sus temores no eran infundados. En una ocasión su chófer enfermó después de haber probado un plato para él. En una ocasión llegó a la cancillería una caja repleta de golosinas en forma de frutas confitadas, chocolates, bombones etc. A Hitler le gustó el regalo pero ordenó que la caja fuera cerrada y enterrada en los jardines. Su fotógrafo dijo que era una lástima y Hitler le dijo:
- No quiero para mis amigos lo que no quiero para mi.
Sin embargo Hoffmann observó días de después que unos obreros estaban saboreando las golosinas.
El fotógrafo de Hitler recuerda que en una ocasión que viajaban por carretera vieron un coche averiado. Entonces Hitler le dijo a su chófer Schreck que se detuviera para ayudar al conductor. Solucionado el problema, partieron de nuevo. Sin embargo el conductor anotó la matricula y días después envió un regalo a Hitler. Eran tres cajas de caviar. A Hitler le encantaba el caviar. Sin embargo, devolvió el paquete aduciendo que la obligación de un viajero es socorrer a otro en apuros y que no merecía ninguna recompensa. Y Hitler añadió:
- ¡Cualquiera sabe, Hoffmann!
27 de abril de 2009
Cartas a Hitler

Cartas a Hitler - Henrik Eberle
Ya he finalizado de leer Cartas a Hitler. El libro resulta interesante. Lo único que sobra son los comentarios del editor. Son inoportunos y molestos, como siempre. Henrik Eberle es el que editó también El Informe Hitler.
Ya he finalizado de leer Cartas a Hitler. El libro resulta interesante. Lo único que sobra son los comentarios del editor. Son inoportunos y molestos, como siempre. Henrik Eberle es el que editó también El Informe Hitler.
En 1930 se respondió a un ciudadano advirtiéndole de que Hitler no había recibido orientación astrológica y que Hitler no tenía intenciones de difundir la astrología. Esto nos pone de manifiesto una vez más el hecho de que Hitler no creía en la astrología, como se ha difundido a menudo.
Hitler recibió miles de cartas así que, lógicamente, no podía leerlas todas ni responderlas personalmente. De hecho se encargaban sus secretarios, como Rudolf Hess, Albert Bormann etc. Sin embargo en alguna ocasión sí que leía las cartas y las respondía personalmente. De lo que no cabe ninguna duda es del amor y admiración incondicional que le profesaron la mayor parte del pueblo alemán. Es realmente increíble lo querido que fue Hitler. Recibía muchas poesías y regalos. En muchas ocasiones le enviaban regalos y si el remitente no tenía muchos recursos económicos, la Cancillería le enviaba algo de dinero. En una ocasión un admirador le envío un violín confeccionado por él mismo. Los ornamentos eran de marfil y ébano y en la tapa de fondo incrustó 245 cruces gamadas. ¿Se trata del mismo violin que los rusos se llevaron junto a otras pertenencias de Hitler?.
Una mujer le enviaba miel que ella confeccionaba. Albert Bormann le escribió agradeciéndole los envíos. Muchos ciudadanos le enviaban cartas de agradecimiento por haber encontrado trabajo. Muchos le solicitaban una fotografía autografiada por el mismo Hitler. En muchas ocasiones obtuvieron su deseo aunque lo habitual era que se enviaran sin autografiar. Por ejemplo, un niño de 10 años del Sarre, escribió a Hitler solicitando una fotografía diciendo que "éste sería mi único deseo alemán". Por supuesto, se la enviaron.
Muchos ciudadanos también hacían donaciones a Hitler. El Führer solía contestar personalmente a esas cartas y les informaba de que el destino de la donación sería empleada en favor de camaradas necesitados. Ciertamente, no se puede negar que Hitler no estuvo corrompido por el dinero y que prefería emplear las donaciones en bienes comunes y no en el propio.
El problema de esta edición es que el autor se toma la licencia de opinar con muy poco respeto. Para Henrik Eberle las cartas que contenían "admiración, confianza y gratitud" eran tópicos. Nos quiere dar la impresión de que el cariño que profesaban los alemanes hacia Hitler fue fruto de la propaganda y la manipulación. ¡Por supuesto! pero ¿qué estado no intenta ensalzar a su cabeza visible? Si nosotros mismos vivimos en un mundo manipulado, el de Hitler no podía ser menos. Si bien es cierto que la propaganda en el III Reich abarcaba amplios espectros, es perfectamente comprensible que un pueblo que estaba sumido en la miseria, el paro y el hambre, sucumbiera al hombre que les elevó el nivel de vida. Así pues, para Eberle la admiración que sentía el pueblo hacia Hitler "eran la expresión de la admiración ingenua del pueblo". ¿Es necesario poner esto?
Criticar al pueblo alemán por la admiración que tuvo por Hitler se me antoja fácil y maniqueo. Resulta tan fácil criticar a los alemanes desde la actualidad, cuando conocemos la historia, que me resultan muy molestas las continuas moralinas del autor. En ocasiones incluso llega a faltar el respeto llamando "desequilibrado" a un ciudadano. Incluso manipula a su antojo dudando de la autoría de ciertas cartas de niños, pretendiendo que las escribían sus padres.
A veces el autor se mofa de la ingenuidad de los escritores. Por ejemplo, a la idea de un ciudadano, que aconsejó sobre la iluminación para guiar a los aviadores en una extensa carta, Eberkle se toma la licencia de sacar la conclusión absurda de que Hitler se encaminaba a una guerra y lo último que quería era rutas aéreas y aeródromos iluminados.
En una vergonzosa ocasión el autor llega a afirmar que "Hitler consumía alcohol en ocasiones excepcionales". Bien, ya hemos visto la actitud de Hitler con respecto al alcohol.
No merece la pena insistir. Nuevamente observo que la intención de ciertos autores es difamar a Hitler a toda costa a base de mentiras.
El autor pretende desprestigiar a Hitler a veces de forma ridícula. Por ejemplo, dice que en 1939 al cumpleaños de Hitler acudieron 76 diplomáticos extranjeros y que en 1945 se registraron únicamente tres invitados internacionales. ¿Pero cómo diablos iban a acudir en 1945 los mismos diplomáticos dadas las circunstancias?
El rigor histórico también brilla por su ausencia. Por ejemplo, el autor se atreve a decir que una carta, ESCRITA EL 25 DE AGOSTO DE 1939, fue enviada al protector de Bohemia y Moravia, Reinhard Heydrich. De sobra es conocido que Heydrich fue nombrado protector de Bohemia y Moravia en 1941. En otro momento nos dice que una mujer escribió una carta el 11 de Mayo de 1941 y unas líneas más adelante nos dice que la mujer falleció en abril de 1941 así que la carta la debió de escribir su fantasma. No se si trata de un error de la traducción (no es la primera vez que la editorial Tempus traduce con poco rigor) o de ignorancia del autor. En todo caso lo que nos queda claro es el poco rigor.
Finalmente el autor termina el libro culpando al pueblo de lo sucedido y que todos conocemos. En concreto dice " sin el culto al Führer, sin el mito de Hitler, nunca se habría producido este régimen del terror; sólo la fanatización de la población movilizó una fuerza destructiva de dimensiones descomunales". Qué bonito es escribir eso desde un despacho sin tener una idea de psicología mínima y sin tener un mínimo de respeto. Lo repito: escribir sobre Hitler con nuestra perspectiva resulta peligroso porque conocemos la historia.
En resumen, un libro interesante pero que recomiendo leer sin los comentarios de su editor.
26 de abril de 2009
Hitler en prisión

Como es bien sabido Hitler estuvo encarcelado en la prisión de Landsberg por su participación en el golpe de 1923. Allí escribió su obra Mi Lucha (Mein Kampf). Hitler tuvo un trato muy correcto en la cárcel y, como se puede apreciar en las imágenes, se encontraba relajado y en un buen ambiente rodeado de colaboradores.
En este collage podemos ver a Hitler el día que fue liberado.

El 8 de Octubre de 1934, diez años después de ser liberado, Hitler visitó la fortaleza, ya convertido en Canciller de Alemania. En el collage podemos ver las imágenes de la histórica visita. Hitler firmó en el libro de visitantes y habló con los funcionarios de la prisión. Lejos de sentir rencor por haber estado encarcelado, Hitler siempre se mostró muy amable con el director de la prisión y con sus empleados. La cárcel se convirtió en un lugar de culto y fue un lugar de peregrinación. Aún lo sigue siendo. Abajo podemos ver su estado actual, en donde Hitler se hizo las famosas fotografías.
24 de abril de 2009
Subastados los cuadros de Hitler


La subasta de los 13 cuadros atribuidos a Hitler ya ha finalizado y ha recaudado 106.000 euros, lo que ha superado todas las expectativas. A pesar de las muchas protestas internacionales nuevamente queda demostrado que la figura de Hitler sigue despertando un interés enorme. Tengo la impresión de que a veces las protestas no hacen sino incrementar el interés hacia Hitler. Así que quienes patalean cada vez que maldicen a la figura de Hitler lo único que consiguen es que más personas se interesen por el Führer. Ya lo dijo Dalí : "lo importante es que hablen de ti aunque sea bien". Por supuesto las pinturas no son ninguna gran demostración de talento. Pero tampoco son excesivamente malas, como se ha dicho. Lo que esta claro es que Hitler pintaba mejor que la mayoría de los mortales. Ya quisieran muchos pintores que sus cuadros alcanzaran la cifra que alcanzan los de Hitler, ¿verdad?
22 de abril de 2009
El pudor de Hitler

Antes de la toma del poder a Hitler le gustaba vestir con el pantalón bávaro. Existen muchas fotografías de esa guisa. Pero después dejó de hacerlo. Incluso pidió a su fotógrafo que destruyera las fotografías en donde aparecía con esos pantalones. En efecto, Hitler fue una persona muy pudorosa en cuanto a su propia persona. Admiraba los desnudos en el arte. Pero en cuanto a sí mismo, nunca se exhibió desnudo. Ni siquiera en traje de baño. Incluso estaba obsesionado por la idea de que alguien le viera en traje de baño o le fotografiara de esa manera porque pensaba que perdería prestigio ante el pueblo. Su colega Mussolini se exhibía a menudo bañándose y Hitler se lo reprochaba. Decía:
- Un gran hombre de estado no debe comportarse con tal desenvoltura. ¿Cómo podríamos conservar nuestra veneración por Napoleón si poseyéremos fotografías suyas en las que apareciera disminuido por tales atavíos? Por lo que a mi respecta, nunca, lo repito, nunca, me bañaré en público.
Incluso su médico Morell decía que Hitler era intratable. Cuando debía ponerle una inyección o reconocerle, Hitler expulsaba de la habitación a su ayudante y después se descubría lo menos posible. En una ocasión su fotógrafo Hoffmann le tomó una fotografía junto al perrito terrier de Eva Braun y Hitler le dijo:
- No, Hoffmann, no publique esa foto. Un hombre de estado y un perrito; tal vez sea oportuno, pero mueve a risa: sobre todo, es ridículo. El único perro que sería digno de mi, sería un pastor alemán.
21 de abril de 2009
Las Firmas de Hitler

Bueno, ante todo muchas gracias por el apoyo que me dais para continuar con el blog. Sois muy amables. Hitler da para mucho, así que no faltarán nuevos y apasionantes posts. Revolviendo entre mis documentos he encontrado estas firmas de Hitler desde su juventud hasta su muerte. Podemos observar la evolución de la firma. Por ejemplo, es significativo que la firma de Hitler quedara ya perfectamente clara cuando se inicia en la política. No entiendo sobre grafología pero creo que al verlas se observa perfectamente que su personalidad no cambió mucho en los últimos 25 años. Si entre los lectores hay algún grafólogo se agradecería mucho su opinión. Pongo el documento como curiosidad, no obstante.
19 de abril de 2009
120 Aniversario de Hitler


Mañana se cumple el 120 aniversario del nacimiento de Hitler. Curiosamente cuando Hitler nació se acababa de inaugurar la Torre Eiffel, junto a la que se fotografiaría 52 años después. El interés que sigue rodeando a la figura de Hitler es tan grande que las editoriales siguen publicando libros dedicados a su persona. Lamentablemente la veracidad de todo cuanto concierne a Hitler brilla por su ausencia. Se puede comprender que cuando un país pierde una guerra los vencedores traten de explicarse por qué han luchado y que la muerte de miles de personas no ha sido en vano. Pero lo ocurrido con Hitler supera en difamación a cualquier otro personaje histórico. ¿Resulta lícito difamar a un personaje porque su figura ha resultado nefasta para muchas personas? Entiendo que han existido historiadores que por falta de información, o por no tener la información correcta, hayan escrito biografías con muchos errores. Pero en la actualidad se dispone de una mayor información y acceso a documentos y ya han transcurrido muchos años como para que muchas heridas se cierren. Nunca me ha gustado leer una biografía que emplea la descalificación y el insulto gratuito. Pero lo peor es que muchos llamados historiadores tengan tan poco respeto por los lectores afirmando cosas que ni siquiera contrastan o que ya han sido superadas con el tiempo. Ocurre que muchos, aún sabiendo que lo que escriben no es cierto, se arraigan a unas exigencias editoriales y no tienen suficiente valor para escribir aspectos de Hitler que les resultan incómodos. La cuestión es que Hitler les reporta mucho dinero pero si se salen de lo establecido son tachados de nazis o de revisionistas y proscritos para siempre por las editoriales. Así que a ese problema nos enfrentamos los amantes de la verdad histórica. La cuestión es que debemos tener mucho cuidado con lo que leemos. Es curioso que, a pesar de haber transcurrido tantos años, haya siempre nuevas versiones sobre Hitler, la 2GM y el III Reich.

La cuestión es que no existe valor para presentar ante la opinión pública a un Hitler humano. Es más vendible un Hitler diabólico, que echa espuma por la boca y que mantenía relaciones sadomasoquistas con su sobrina, que un Hitler sencillo, de carne y hueso como nosotros. Con Hitler la humanidad ha tenido una excusa para librarse de todo lo que le molesta. El ser humano, que es cruel y guerrero por naturaleza, ha encontrado en Hitler a alguien con quien expiar sus culpas. Hitler no inventó la guerra, ni inventó la crueldad del ser humano. Ni Hitler ni los alemanes. Justificar una guerra tan terrible como la 2GM en la figura de Hitler se me antoja hipócrita y simple. El historiador que basa sus investigaciones en culpar por entero a Hitler de todo es un historiador ingenuo. A veces tengo la impresión de que si Hitler no hubiera existido, lo habrían inventado. Porque uno se queda tan tranquilo cargando sobre la figura de Hitler toda la crueldad que en realidad le pertenece al propio ser humano. Su figura está tan distorsionada por años de mentiras que hacer un lavado, no ya de su imagen, sino de la propia historia, es una labor tan complicada como limpiar un campo de minas. Hoy pocos periodistas se atreven a poner el nombre de Hitler sin el consiguiente "monstruo".
Cuando comencé a interesarme por Hitler lo hice desde la gran cantidad de enciclopedias que existían sobre la guerra y sobre el III Reich. Y tras mucho leer al final me quedaba con la impresión de que algo no encajaba en el puzle. Esa sensación la sigo teniendo cada vez que leo algo sobre Hitler. ¿Qué es lo que no encaja? Para empezar el mercantilismo que existe con su figura. Es curioso que años y años de difamación absoluta del personaje no hayan conseguido sino un mayor interés hacia Hitler. Miles de personas adoran al Hitler que nos han preparado. Están absolutamente identificadas con el Hitler perverso y le apoyan incondicionalmente. Otras miles de personas ven en Hitler a un salvador de la humanidad. Y otras tantas, entre las que me incluyo, ven en Hitler a un personaje interesante que aún nos puede aportar mucho a la comprensión del propio ser humano. Mucha gente me pide consejo sobre qué biografía de Hitler leer. Lamentablemente no existe todavía un libro imparcial sobre su figura. Uno debe leer abundantemente y saber sacar alguna conclusión válida. Mi intuición me hace desconfiar mucho y no suelo creer todo lo que leo. Pero eso también conlleva riesgos. A veces no das por válida una información que quizá sea verídica. La culpa de eso la tiene la línea editorial que se sigue desde hace décadas. Para tratar a Hitler de ahora en adelante resulta vital ser valiente y veraz. Pero no creo que nuestra generación vea eso.

Paradójicamente a Hitler se le da la razón en muchos aspectos de nuestra sociedad. ¿Por qué? Ni más ni menos porque Hitler fue tan ser humano como nosotros. Todos los aspectos del nazismo que se parecen a nuestra propia sociedad tratamos de justificarlos en la maldad intrínseca del nazismo. Si Hitler construyó unas autopistas, o construyó un estado del bienestar, como lo hacemos nosotros, siempre podemos buscarle una justificación ridícula. Si algo tuvo de positivo el nazismo la justificación siempre ronda en torno a la necesidad del propio nazismo de engañar a la población para beneficio suyo. Y sin embargo nuestras democracias no han sabido eliminar la maldad del ser humano. Desde la muerte de Hitler las guerras se han sucedido una y otra vez y las desigualdades entre los seres humanos son cada vez mayores. Es decir, la eliminación de Hitler no supuso un triunfo del bien sobre el mal. Todo lo contrario.

El cuidado que yo debo de tener siempre es el de no tratar de ensalzar la figura de Hitler, tal y como la conoce la sociedad. Cuando me propuse escribir este blog conocía perfectamente las dificultades a las que me debía enfrentar. Y a la vez sabía que el blog tendría sus seguidores. Porque si yo me hacia tantas preguntas en torno a Hitler, también sabía que habría mucha gente en mi misma situación. A veces basta con echar un vistazo a varios libros de Hitler para darse cuenta de lo contradictorios que son entre sí. Muchas personas me dicen que debería escribir un libro. No solo no me veo capacitado para ello sino que creo que Internet es un medio más eficaz que la lectura. Los miles de lectores que tengo me lo demuestran. Por otra parte, soy consciente de que Internet no es el lugar más fiable para buscar información veraz. En mi caso no existe ( o eso creo ) ningún interés en hacer de Hitler un inocente ni un mesías. En primer lugar porque eso iría incluso en contra de lo que Hitler quiso demostrar. Quizás haga de abogado del diablo. Pero creo que hasta Hitler se merece un juicio justo en la historia.

El cuidado que yo debo de tener siempre es el de no tratar de ensalzar la figura de Hitler, tal y como la conoce la sociedad. Cuando me propuse escribir este blog conocía perfectamente las dificultades a las que me debía enfrentar. Y a la vez sabía que el blog tendría sus seguidores. Porque si yo me hacia tantas preguntas en torno a Hitler, también sabía que habría mucha gente en mi misma situación. A veces basta con echar un vistazo a varios libros de Hitler para darse cuenta de lo contradictorios que son entre sí. Muchas personas me dicen que debería escribir un libro. No solo no me veo capacitado para ello sino que creo que Internet es un medio más eficaz que la lectura. Los miles de lectores que tengo me lo demuestran. Por otra parte, soy consciente de que Internet no es el lugar más fiable para buscar información veraz. En mi caso no existe ( o eso creo ) ningún interés en hacer de Hitler un inocente ni un mesías. En primer lugar porque eso iría incluso en contra de lo que Hitler quiso demostrar. Quizás haga de abogado del diablo. Pero creo que hasta Hitler se merece un juicio justo en la historia.
¿Fue Hitler un hombre malvado? Yo dudo mucho de que la maldad fuera el espíritu principal en la vida de Hitler. Cuando Hitler cometió injusticias y crueldades dudo mucho que lo hiciera por un afán exclusivo de maldad. De esa base es desde la que hay que estudiar su figura. Hitler nunca se divirtió con sus peores actos. Nunca disfrutó de la guerra. Es más, la guerra le asqueaba y le obligó a llevar un estilo de vida que él detestaba. Cuando se habla de que Hitler deseaba solo el poder y un afán desmedido por conquistar, olvidamos el estilo de vida tan sacrificado que llevó durante la guerra. No creo que Hitler decidiera llevar esa vida solo para satisfacer sus ansias de sangre.

Los aspectos que más me interesan sobre Hitler son los concernientes a su vida íntima, a sus declaraciones. Porque de esa manera vemos al semidiós en que se convirtió, en el ser humano que era. El nazismo fue una explosión demasiado efímera como para valorarlo someramente. Nunca tan pocos años han sido tan documentados como el nazismo. Podemos hablar por ejemplo, sobre el comunismo, que dominó buena parte del siglo XX, desde muchas perspectivas porque triunfó y fracasó. Pero no lo podemos hacer del nazismo porque no triunfó. Lo logrado por Hitler resulta insuficiente para su conocimiento. Solo en la cabeza de Hitler estaba la idea de la sociedad que él quería. Explicarlo desde la sencilla óptica del bien sobre el mal me resulta simple.
Por lo demás, seguiremos teniendo noticias de Hitler. Las editoriales van a seguir publicando basura y de vez en cuando lograremos ver libros honestos que intenten aclarar o apaciguar algo. Lo que no puede ser es que justo aquellos que condenan a Hitler se lucren a su costa. Porque es de una hipocresía supina prohibir la esvástica y plantarla en la portada de un libro o en el póster de una película con total impunidad. Todos los días recibo multitud de noticias sobre Hitler. Y abunda lo superfluo. Pero aun queda mucho camino por recorrer. Cuando se estrenó "El Hundimiento" hubo un escándalo generalizado porque presentaba a un Hitler demasiado humano. Pero si creemos que Hitler era muy diferente a nosotros porque tenía ataques de rabia, echaba espuma por la boca o tenía un rabo de diablo, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos.
16 de abril de 2009
Hitler indulta a un joven pintor

Una madre escribió al fotógrafo de Hitler para informarle de que su hijo, un artista de talento, había sido condenado a muerte acusado de alta traición. Hoffmann intuyó que ante ese delito no se podría hacer gran cosa pero le pidió a su madre que le enviara alguna fotografía de las obras de su hijo. Así que una semana después Hoffmann se presentó en la Wolfschanze. "He traido algunas obras de un joven artista, ¿podría enseñárselas?" preguntó Hoffmann a Hitler. Al contemplar las obras la cara de Hitler se transformó:
- Fíjese en esto, ¡este muchacho tiene un talento que raya con lo genial! ¡ Y que haya quien no tiene esperanza en los jóvenes! ¡ Qué insensatez! Es usted el que debe descubrirlos y animarlos. ¿Qué edad tiene?
"Unos veinte años", respondió Hoffmann.
- ¿Y quiere un sueldo? ¿desea ayuda de alguna clase?
Hitler siempre estaba dispuesto a ayudar a los artistas, así que Hoffmann observó que era el momento para pedir el indulto del muchacho.
"Efectivamente, buena falta le hace que se le ayude, señor Hitler"
- ¿Qué es lo que quiere usted decir? ¿está enfermo, herido?, preguntó Hitler.
"No señor. Está condenado a muerte por haberos ofendido.
Hitler se enfureció:
-¡ No diga tonterías! ¡Demonio! Nadie ha sido nunca condenado a muerte por una cosa así.
Hoffmann le pasó a Hitler la carta de la madre del muchacho y se la guardó en su chaqueta. Entonces comenzó a caminar por la habitación sin decir nada. El joven fue perdonado. Pero por una ironía del destino desapareció en el frente, como tantos soldados.
14 de abril de 2009
El Führer bebe dos copitas de vino
Como es sabido Hitler fue abstemio durante toda su vida... justo al contrario que su fotógrafo y amigo Hoffmann. Este hecho les llevaba en muchas ocasiones a discutir el asunto. También es conocido el insomnio de Hitler así que Hoffmann le recomendaba tomarse unas copitas antes de acostarse como remedio. Hitler le decía entonces:
- No me gusta el vino. Me da siempre la impresión de que es una especie de vinagre. No obstante, de joven, intenté algunas veces beber vino; pero, a no ser añadiéndole azúcar, nunca he podido tragarlo.
A Hoffmann esto le parecía una auténtica aberración.
- Estoy seguro de que tiene toda la razón. Con toda probabilidad conoce usted mi bodega mucho mejor que yo, Hoffmann.
Curiosamente en ese momento Hitler envió a buscar una botella que Hoffmann escogió. Y ante el asombro de éste se bebió dos vasos y exclamó:
- ¡Por Júpiter! Este vino es excelente.
Hoffmann se puso muy contento, sobre todo cuando el Führer anunció que tenía sueño y que quería acostarse. Al día siguiente dijo:
- He roncado como un trompo. Ahora bien, a pesar de ello, no volveré a beber vino. Usted sabe, Hoffmann, que el vino hace ver la vida de color rosa (lo pronunció en francés). Ahora bien, un juicio no puede ser imparcial de no ser concebido por un espíritu frío, el de un hombre cuyo estómago sea por completo sobrio. Ocurre que al principio el enfermo toma el vino como un medicamento; después la dosis diaria se convierte en hábito agradable. Eso puede estar muy bien para usted, mi querido amigo; pero no para mi.
Como vemos, Hitler fue una persona capaz de controlarse, muy al contrario que sus rivales Churchill o Stalin, que fueron unos grandes bebedores.
13 de abril de 2009
Cartas a Hitler, Henrik Eberle

Estoy leyendo el libro, editado por Tempus, Cartas a Hitler, de Henrik Eberle. Lo que me llama la atención es que el culto a Hitler, aparte de ser algo promovido por el régimen, ya se empezó a forjar de manera espontánea durante los años 20. Las cartas que recibía Hitler reflejan perfectamente lo mucho que le admiraban ya antes de la llegada al poder. Hitler nunca respondió personalmente las cartas. En un principio se encargaba Rudolf Hess y después Albert Bormann. Lógicamente no podía leer todas las cartas pero muchas de ellas sí. A Hitler le llegaban consejos, dudas e incluso propuestas de negocios como la de un hombre que le propuso comercializar un "cigarrillo-Hitler" para lo cual solicitaba a Hitler el derecho de exclusividad. Otro le pedía autorización para registrar un filtro para cigarrillos llamado, naturalmente, "Filtro Hitler". La respuesta siempre era "el Führer no desea que su nombre sea usado en ningún tipo de propaganda económica". Lo que ignoraban esos ciudadanos seguramente es que Hitler no fumaba. Lo cierto es que, a parte de los derechos de autor de Mein Kampf y de las fotografías, Hitler nunca participó en negocios lucrativos. Ciertamente pudo hacerlo y ganar mucho dinero, pero nunca le interesó.
En otra ocasión recibió Hitler una carta de un empresario hortícola muy curiosa: "me he enterado de que lleva Vd. un estilo de vida vegetariano y me he tomado la libertad de enviarle a su distinguida residencia una cesta de mi producto "Fruta Líquida" de zumo de manzana para que recupere las fuerzas tras la difícil contienda electoral". Albert Bormann le respondió diciendo que a Hitler le había proporcionado una gran alegría ese regalo. La carta data de mayo de 1932 y me resulta muy curioso que ya se conociera el dato del vegetarianismo de Hitler, que debió adoptar en 1931 tras la muerte de Geli Raubal.
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